DAQUILEMA , EL GRAN DAQUILEMA

8 de Abril de 1871

Tomado del Libro Ecuador Tierra y Hombre de Valerian Goncharov impreso en los talleres Gráficos del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, siendo Presidente Rafael Díaz Icaza, 1979

Daquilema

En diciembre de 1971 la opinión progresista del Ecuador conmemoró el centenario de la insurrección de los indígenas en Chimborazo, guiada por Fernando Daquilema. La Federación Ecuatoriana de Indios, la Federación Provincial de Trabajadores del Guayas, la Federación de Trabajadores Agrícolas del Litoral y otras organizaciones de masas de los trabajadores del país, así como el Partido Comunista y la Juventud Comunista del Ecuador enviaron delegaciones a depositar una ofrenda floral al pie del lugar en que falleció el caudillo de la insurrección.

Sería infructuosa la búsqueda de algún dato referente a Daquilema en las enciclopedias y en los trabajos sobre la historia del Ecuador. No encontraremos una sola palabra sobre Fernando Daquilema y la insurrección indígena encabezada por él en las investigaciones salidas de la pluma de los científicos burgueses como, por lo demás, tampoco hallaremos nada sobre acontecimientos de este tipo, que dejaron una huella imborrable en la historia del país.

La única excepción es el libro del estudioso ecuatoriano Alfredo Costales Samaniego1, editado con una tirada sumamente restringida, y que no llegó a ser patrimonio de la masa de lectores.

Los historiadores marxistas ecuatorianos denunciaron de un modo persuasivo la conjuración de silencio en torno de Fernando Daquilema, así como las tentativas de tergiversar los hechos relacionados con !a insurrección. La Editorial "Claridad" publicó en 1971 una interesante investigación de Oswaldo Albornoz 2, quien cita datos sistematizados acerca de numerosas acciones de los indígenas, a partir del período colonial hasta nuestra época, contra la opresión racial, por los derechos humanos, por la tierra y contra la horrible explotación a que están sometidos. Albornoz proporciona también datos sobre la sublevación de Fernando Daquilema.

Con motivo del centenario de la sublevación, el semanario El Pueblo, órgano del CC del Partido Comunista del Ecuador, publicó una serie de artículos referentes a este acontecimiento de significación histórica. También en el periódico Tribuna Popular, órgano oficial del Partido de la Unión Democrática Popular, apareció un artículo dedicado a la memoria de Daquilema.

Corría el año de 1871. La sangrienta dictadura de García Moreno cometía desenfrenos, encubierta por la Constitución de 1869, denominada por el pueblo "Constitución negra"3. La Constitución estipulaba que sólo los católicos podían ser ciudadanos del Ecuador. El país vivía ajustándose a los cánones del reglamento monástico. Con anterioridad, el presidente García Moreno había firmado con el Vaticano un Concordato, según el cual la Iglesia obtuvo un poder ilimitado en el Ecuador4. Regresaron los jesuitas, expulsados antes del país. Un torrente de monjes, curas y demás servidores del culto irrumpió en el Ecuador, procedente de Europa. Los centros de enseñanza se subordinaron a la Iglesia. El país se convirtió en un Estado teocrático. El fanatismo religioso de García Moreno no tenía límites: rompió las relaciones con Italia, cuando Roma fue declarada capital del Estado italiano, e hizo una ofrenda de 10.000 pesos al Papa, en concepto de "indemnización"5.

Juan Montalvo, gran escritor y publicista ecuatoriano y apasionado patriota, escribía: "García Moreno dividió al pueblo ecuatoriano en tres partes iguales: la una la dedicó a la muerte, la otra al destierro, la última a la servidumbre. . . "6. La ausencia de las libertades elementales conjugaba con una explotación monstruosa del pueblo, con un refinado sistema de impuestos y tributos, que se recaudaban tanto para el fisco como para la Iglesia. Las cárceles, las torturas, los fusilamientos y el exilio acechaban a quienes trataban de alzarse contra el dictador.

< Monumento al héroe Nacional Fernando Daquilema, Comunidad San Miguel de Quera - Provincia de Chimborazo Foto  de la Gobernación de Chimborazo

Mas, a pesar de las crueles represiones, el pueblo no cesaba de combatir contra el régimen, que personificaba la reacción y el oscurantismo medieval.

Una de las acciones más importantes por su envergadura y significación contra el orden despótico establecido por el dictador fue la sublevación espontánea de los campesinos indios, dirigida por Fernando Daquilema. El 18 de diciembre de 1871, los indígenas del pueblo de Yaruquíes (cerca de la ciudad de Riobamba, en la provincia de Chimborazo) se negaron a trabajar en la construcción de una carretera. Se les sumaron de inmediato los aborígenes de los pueblos vecinos de Punín, Cajabamba, Sicalpa, Licio y muchos otros. El movimiento abarcó a decenas de miles de indígenas7.

Aunque el alzamiento fue espontáneo, las causas del mismo no eran perecederas. El 3 de agosto de 1869, García Moreno promulgó un decreto, según el cual los indios debían trabajar gratuitamente dos veces por semana —o sea, 104 días al año— en la construcción de carreteras, o aportar la suma correspondiente en dinero8.

Los apologistas de García Moreno, procedentes de los grandes feudos y del alto clero, lo proclamaron resurrector de la Patria, ensalzando por todos los medios sus méritos en el progreso de la economía, la construcción de carreteras, de edificios administrativos, etc. Pero nada decían de que todo ello era fruto de la despiadada explotación del pueblo y, en primer término, de los indígenas, su sector más desamparado, carente de los derechos humanos elementales, que constituía la mitad de la población del país. En efecto, en 1871 en el Ecuador se construyeron 250 kilómetros de carreteras y 90 puentes9. El decreto de García Moreno testimonia que el progreso logrado por el Ecuador en la construcción de carreteras se lo debe, ante todo, al sudor y la sangre de los indígenas. El gobierno no pagó a los constructores un solo centavo.

Aparte de los trabajos subsidiarios, los indios debían pagar tributos al Estado y a la Iglesia. Muchos impuestos se conservaban desde el período colonial, otros habían sido instituidos por diferentes presidentes, por lo común conservadores, que se sustituían unos a otros en el poder desde que se proclamó la independencia en 1830. Una de las cargas impositivas más duras y odiadas por los indígenas era la contribución decimal, que se recaudaba a favor de la Iglesia. En realidad, no se trataba de una décima parte, sino de mucho más, ya que las "cuentas" las hacían las autoridades con absoluta arbitrariedad, sin tomar en cuenta para nada qué poseía el indio en realidad. Tratándose de la cosecha, se hacían las cuentas antes, y no después de la misma, o sea, cuando los sembrados estaban en las mejores condiciones. Existía, además, el denominado sistema de "concertaje", que, de hecho, convertía a los indígenas en esclavos. Si los indios no podían pagar todos los impuestos ni hacer las prestaciones, dejaban de ser "libres" para convertirse en "conciertos", o sea, pasaban a subordinarse íntegramente a los dueños terratenientes, que los explotaban a su arbitrio.

La historia del Ecuador registra —tanto en el período colonial como en el republicano—, muchos ejemplos de lucha heroica y abnegada de los indígenas por su libertad; pero a la sublevación de 1871 le corresponde un lugar especial. Comenzó espontáneamente, pero se convirtió en una poderosa guerra campesina de gran escala. Desde Yaruquíes los indios marcharon hacia el pueblo de Cacha, donde ejecutaron a Rudesindo Rivera, odiado funcionario que recaudaba la contribución decimal. Ese mismo día se adhirieron a los insurrectos los indígenas de los pueblos de Cacha y Anulá. El 19 de diciembre, la tropa mandada por Daquilema asaltó Cajabamba y San Francisco de Punín. Del 21 al 24 de diciembre, los indígenas atacaron las poblaciones Cachabamba, Licio, Licán y otras10. En las operaciones militares participaron decenas de miles de indígenas. Muchas indias actuaron en esas operaciones y asistieron a los heridos. El pueblo guarda en su memoria los nombres de Cecilia Buñay, Cecilia Bansuy, Manuela León11. Daquilema probó ser un brillante organizador y estratega. Contra los indígenas combatía la población blanca, apoyada por los mestizos. El gobierno de García Moreno envió urgentemente en ayuda de los sitiados a nutridas unidades del ejército. El 20 de diciembre el gobierno declaró en la provincia de Chimborazo el estado de sitio, formó tribunales militares de campaña y ordenó tomar cualquier medida para exterminar no sólo a los insurrectos, sino a la población indígena en general. Las tropas de García Moreno cometían atrocidades: masacres, violación de mujeres, incendio de pueblos. Los bienes usurpados a los indígenas se consideraban trofeos de guerra. Sólo los conquistadores habían procedido así. Por lo menos, la historia del Ecuador no había conocido nada semejante. Las autoridades no podían confiar sólo en la fuerza armada, y recurrieron a falsas promesas, intentando azuzar a los indígenas de unas comunidades contra los de otras. Entre los sublevados y las tropas gubernamentales se libraron cruentas batallas; pero las fuerzas eran desiguales. Daquilema, que gozaba de enorme respeto entre los indios por su valentía, honradez, inteligencia y decisión, veía los crímenes que estaban cometiendo los soldados del ejército de García Moreno. Al precio de su vida resolvió salvar a los indígenas que participaron en la sublevación, así como a sus familias, amenazadas del exterminio total. Confiaba que si él se entregaba al gobierno cesaría la sangrienta represión.

El 27 de diciembre, Daquilema y sus ayudantes más cercanos se entregaron voluntariamente prisioneros. Mas no cesó el asesinato en masa de los indígenas. El 8 de enero de 1872, más de 200 prisioneros fueron llevados a la ciudad de Cajabamba, y entre ellos, Daquilema. En su presencia fueron fusilados Julián Manzano y Manuel León, compañeros de armas del jefe de la insurrección. El 27 de enero ejecutaron a los dirigentes indígenas Manuel Lámar y Pedro Fernández. El 12 de marzo fue condenado a la pena capital Francisco Gusñay, ejecutado un mes más tarde12. Los que habían logrado evadirse eran perseguidos en los desfiladeros de las montañas, organizándose su caza como si se tratara de fieras salvajes. Otros indígenas, habitantes de las zonas montañosas, de clima crudo, eran enviados al este del país, a los trópicos, donde perecían a causa del clima, las enfermedades y los trabajos forzados.

Daquilema, el Gran Daquilema, como lo llamaban los indios, había sido arrojado a la cárcel de Riobamba, como si fuera un delincuente común. El 23 de marzo de 1872 comenzó a sesionar el tribunal militar que juzgaba a Daquilema y a Juan Maji, uno de sus ayudantes. El 26 de marzo se dictaminó la pena de muerte al jefe de la insurrección. El 7 de abril fue sacado de la cárcel de Riobamba y llevado a pie por la carretera de La Florida, bajo custodia reforzada, hasta Yaruquíes, donde fue fusilado el 8 de abril junto al muro de la plaza central de su pueblo natal, lugar en que había comenzado la sublevación13. Daquilema marchó hacia el cadalso con la cabeza en alto, como un líder firme y valeroso, que creía profundamente en la justicia de la causa a la que entregaba la vida. En la provincia de Chimborazo el estado de sitio se levanta el 13 de mayo de 1872, es decir, casi un mes después de la ejecución de Daquilema14.

García Moreno se había mancillado con un crimen más. Todos comprendían que Daquilema había defendido la verdad y luchado por la felicidad de sus compatriotas. La represión había sido tan monstruosa, que los adictos a García Moreno trataron de demostrar —falsificando la historia—, que el presidente había indultado al jefe de la insurrección, pero que el documento en cuestión habría llegado a Yaruquíes una vez consumada la ejecución. El texto del "indulto", que figuró más tarde, estaba antedatado a la fecha de la sentencia, firmado por el Ministro de Guerra. En el texto de la sentencia hay una nota del Ministro de Guerra: "Habiendo examinado detenidamente S. E, el Presidente de la República, me ha ordenado devolverle a usted para que se cumpla en todas sus partes15. Además, en un discurso pronunciado en el Congreso en 1873, García Moreno trató de delincuentes a los insurrectos y no mencionó el "indulto". La versión del indulto fue iniciativa de esos jesuitas que habían sido beneficiados por el fanático García Moreno, descollando entre ellos el jesuita José María L'Goir.

El clero quería sacar ventaja de la muerte de Daquilema y, al mismo tiempo, calumniarlo, obligando a los indígenas a que lo olvidaran, así como la causa por la que había dado la vida. El monje Proaño, por ejemplo, afirmaba que, antes de la ejecución, Daquilema habría llamado a los indígenas a no sublevarse más y no tratar de reconquistar la antigua independencia, pues el destino demostraba que los indígenas estaban sometidos para siempre a los blancos16. La vida y la muerte de Daquilema refutan esta falsa aseveración. Son notorias la firmeza y la valentía de Daquilema durante la sublevación y su comportamiento en el instante de la ejecución.

¿Qué motivó la derrota del movimiento de Daquilema? La sublevación en la provincia de Chimborazo no fue apoyada por otras zonas del Ecuador, aunque contaba en todas partes con la simpatía del pueblo. Los indígenas luchaban solos, sin el apoyo de la po­blación blanca y de los mestizos, pese a que también éstos sufrían la opresión de la tiranía de García Moreno. Daquilema no estaba capacitado para lanzar consignas, en torno de las cuales pudiera cohesionarse el pueblo oprimido. Las tropas gubernamentales tenían armas de fuego, en tanto que los indígenas usaban arcos, garrotes y otras armas primitivas.

Mas la sublevación de Daquilema dejó una honda huella en la historia del Ecuador. Fue una manifestación de protesta contra la inhumana explotación a que estaban sometidos los indígenas durante el proceso ya iniciado de desarrollo de las relaciones capitalistas en el país; denunció la esencia de la opresión clerical-terrateniente y del gobierno de García Moreno, defensor de los intereses de la Iglesia y del Estado explotador. La insurrección demostró cuan vigoroso potencia! está implícito en las masas indí­genas, que —bien organizadas, cohesionadas y con la debida dirección—, pueden combatir el régimen de opresión. El gobierno, intimidado por la envergadura de la insurrección, se vio obligado a maniobrar. El 30 de diciembre de 1871 García Moreno promulgó las "aclaraciones complementarias" a la recaudación de impuestos. Hubo de reconocer que se habían cometido abusos en el recuento y la recaudación de la contribución decimal, y advertir que en el futuro los culpables de semejantes abusos serían castigados. El Ministro del Interior reconoció, en el informe presentado al Congreso en 1873, que el levantamiento de los indios en 1871 había sido provocado por los abusos cometidos por los cobradores de la contribución decimal, por "todos aquellos que quieren vivir con el trabajo ajeno"l7. Mas el ministro no podía reconocer, claro está, que la propia contribución decimal era un impuesto arcaico y una carga inmensa para las masas campesinas. Miles de "diezmeros", "rematistas", "asentistas" y otros que fijaban el monto de los impuestos, los recaudaban y realizaban cometiendo toda clase de desmesurados abusos, se convirtieron en "nuevos ricos" y, más tarde, en representantes de los medios burgueses-terratenientes. La insurrección de Daquilema fue una denuncia más al carácter de rapiña del capitalismo, que se desarrolla en el país a expensas de la explotación intensificada de las masas trabajadoras.

Es digno de señalar que la lucha de los indígenas no cesó después de haber sido aplastada la insurrección de Daquilema. Esa lucha fue apoyada por los hombres avanzados del país. Los dirigentes del movimiento liberal denunciaron el régimen de opresión de los indígenas y promovieron proyectos que mejoraran la situación de los mismos. José Peralta, Abelardo Moncayo y otros se pronunciaron en numerosos artículos en defensa de los indígenas, exigiendo que se les concedieran los derechos humanos elementales 18. Juan Montalvo fue uno de los primeros escritores de América Latina que prestó especial atención a la situación de los indígenas y se esforzó más que todos en denunciar el régimen despótico de García Moreno, narrando a la gente las penurias de los indígenas en el Ecuador. Montalvo escribía: "Si mi pluma tuviese don de lágrimas, yo escribiría un libro titulado 'El indio' y haría llorar al mundo" 19.

El triunfo de los liberales sobre los conservadores en 1895, dio cierto respiro a los indios del Ecuador. El general Eloy Alfaro, líder de los liberales, abolió todas las contribuciones con que se gravaban a los indígenas, así como los trabajos gratuitos obligatorios en la construcción de carreteras; dejó de ser obligatorio el pago de la contribución decimal 20, o sea, el presidente Alfaro realizó precisamente los cambios por los que luchara Daquilema.

Los liberales lograron la victoria, en gran medi­da, gracias al apoyo que les prestaron los indígenas. Fueron justamente los indios de la provincia de Chimborazo quienes —en el mismo lugar en que hacía 24 años había combatido y perecido Daquilema—, presta­ron al ejército de los liberales un apoyo decisivo en la batalla de Gatazo y en otras batallas de las cercanías de Quito, sumándose con un destacamento de 10.000 hombres, encabezados por los indios Alejo Sáez, Manuel Guamán y José Morocho. En prueba de reconocimiento a sus méritos, Eloy Alfaro adjudicó a los indígenas el grado de generales del nuevo ejército de liberales, que constituía 21. En los Archivos de la Gobernación de la provincia de Chimborazo se conservan las actas y otros documentos de los tribunales militares de campaña que condenaron a muerte a Fernando Daquilema y a sus compañeros de armas. Podrían aportar mucho acerca de la insurrección, de sus dirigentes, incluido Daquilema, cuya biografía no se ha llegado a conocer y está rodeada de leyendas, según las cuales habría sido descendiente de incas, rey, y luchado por la constitución de un Estado indígena, independiente de los blancos. Sólo parte de esos documentos fueron dados a conocer por el Ministro del Interior en el informe presentado al Congreso en 1873 22.

A pesar de los esfuerzos invertidos por los historiadores burgueses, la memoria de Daquilema y de su heroica lucha sigue viva hasta la fecha en el pueblo ecuatoriano.

En el año de la "Promoción leninista", declarada por el Partido Comunista del Ecuador en honor al centenario de V. I. Lenin, unos 400 indígenas de la provincia de Chimborazo ingresaron al partido de los comunistas ecuatorianos. El Partido Comunista tiene una célula que lleva el nombre de Daquilema.

El V Congreso de la Federación de Trabajadores Agrícolas del Litoral, celebrado el 18 y 19 de diciembre de 1971, se denominó Congreso en memoria de Daquilema.

La causa a que entregó la vida el caudillo de la insurrección indígena es continuada por sus descendientes. Daquilema y los generales indígenas del nuevo ejército de la época de Alfaro fueron relevados por reconocidos dirigentes de las masas indígenas del Ecuador: Jesús Gualavisí, Dolores Cacuango, Ambrosio Laso y otros. Junto con los comunistas, y siendo ellos mismos comunistas, fundaron en el país los primeros sindicatos indígenas y la Federación Ecuatoriana de Indios, que cuentan en sus filas a miles y miles de hombres dispuestos a librar una lucha abnegada por la dicha del pueblo.

Valerian Goncharov

En la época circulaba 4 reales - 1862, plata de 0,666 - 13,5g 1884 Foto de Numismática ecuatoriana, Ramiro Reyes 2011

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Notas

1 Véase Alfredo Costales Samaniego. Fernando Daquilema, el último Guaminga, Quito, 1963.
2 Véase Oswaldo Albornoz P. Las luchas indígenas , en el Ecuador, Guayaquil, 1971.
3 Alfredo Pareja Diezcanseco. La lucha por la de­mocracia en el Ecuador, Quito, 1956, pág.
. 23.
4 Véase Alfredo Pareja Diezcanseco. Historia del Ecuador, Quito, 1962, pág. 285
5 Véase Francisco Huerta Rendón. Historia del Ecuador, Guayaquil, 1966, pág. 256
6 Patricio Cueva. Ecuador, La Habana, 1964, pág. 41.
7 Véase El Pueblo, Guayaquil, 30.X.1971.
8 Véase Ibídem.
9 Véase Hornero Villamil. Resumen de Historia Patria, Quito, 1964, pág. 256.
10 Véase El Pueblo, 13.XI.1971.
11 Véase El Pueblo, 20.XI.1971.
12 Véase El Pueblo, 27.XI.1971.
13 Véase El Pueblo, 18.XII.1971.
14 Véase El Pueblo, 11.XII.1171.
15 Oswaldo Albornoz P., Ob. cit., pág. 41.
16 Véase Ibíd., pág. 42.
17 El Pueblo, 6.XI.1971.
18 Véase El Pueblo, 30.X.1971.
19 Patricio Cueva. Ob. cit., pág. 41.
20 Véase El Pueblo, 30.X.1971.
21 Véase Ibídem.
22 Véase El Pueblo, 11.XII.1971. 

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