primicias de la cultura de quito

Análisis del año 2014 de un extracto de Primicias de la Cultura de Quito "Vamos en derechura a nuestro objeto, que es insinuar que no puede llamarse adulta en la literatura, ni menos sabia una Nación, mientras generalmente no esté desposeída de preocupaciones, de errores, de caprichos; mientras con universalidad no atienda y abrace sus verdaderos intereses; no conozca y admita los medios de encontrar la verdad; no examine y adopte los caminos de llegar a su grandeza; no mire, en fin, con celo, y se entregue apasionadamente al incremento y felicidad de sí misma, esto es del Estado y la sociedad." Eugenio Espejo   El precursor señalaba la necesidad de crecer en un ambiente socialmente armónico; llegar a un nivel capaz de superar los egoísmos de grupo, sólo al encontrar la verdad común, no la tuya ni la mía, sino la de todos, entonces encontremos y seguiremos el camino de la grandeza, que no es otro que el incremento de la felicidad de la sociedad. *


Extracto: Espejo es un producto de su cultura, con destellos filosóficos y verdades eternas, sus exhortos constituyen llamados de atención que superaron su tiempo y muchos de ellos mantiene vigencia, haciéndolo un gran hombre para la nacionalidad, las Primicias de la Cultura de Quito es un desafío al progreso de la intelectualidad y atrevidamente, podemos expresar que dijo: "El intelectual que no sirve al al desarrollo del país es un ser nocivo, debe ser erradicado". La Cultura debe florecer y trascender desde cada hombre y mujer, aportar para construir, elevando su estatura moral e intelectual. Espejo dijo: " Me he propuesto, pues, escribir siempre cosas útiles, y que conduzcan inevitablemente a la educación pública de Quito" . Primicias de la Cultura resume el deber del intelectual para con la Patria: Ser Luz de América.

Número 1
Primicias de la Cultura de Quito
De hoy Jueves 5 de Enero de 1792
Literatura
Aetatis cuiusque notandi sunt tibi mores Mobilibusque decor naturis dandus, & annis.
HORAT. DE ART. POET. V. 56

<Eugenio Espejo, Precursor

La naturaleza siempre fugaz e inconstante sigue, no solamente la inestabilidad de los años, sino más bien el giro perenne, y la perpetua sucesión de los instantes, para crecer o decrecer en línea de ilustración. De un momento a otro puede el hombre dejar el estado de la infancia y dar los primeros pasos en la región vastísima de los conocimientos. Si el hombre fortifica con rapidez sus órganos; si hace uso de sus facultades; si a la consistencia, solidez y vigor de sus sentidos, de sus ideas, de sus comparaciones, da aquel tono y elasticidad que debe comunicarlas un espíritu de temple enérgico; ved allí, que puede el hombre llegar a la pubertad, y también a la madurez de su ilustración en breve tiempo, y quizá en aquel en que menos se esperaba. Examinemos ahora cuál es la edad en que, o se arrastra, o camina, o corre la vida literaria de nuestra República; porque no es de dudar, que ésta sigue los pasos del hombre; se asemeja al hombre en sus funciones y movimientos; y aun parece que guarda, no como quiera, una analogía de respectivos mecanismos, sino también una perfecta identidad de progresiones, entre las que inviolablemente observa la economía animal. ¡Tal es el orden inalterable, que en su principio, aumento, estado y decadencia caracteriza al cuerpo político de una República!

En este supuesto, ya os acordaréis a cuál producción feliz de la imaginación y el juicio, llamó Alembert, el código del buen gusto. Fue sin duda al Admirable Arte Poético de Horacio: en éste, pues, armario completo de leyes que prescriben y determinan los verdaderos limites de lo bello en todas las obras del espíritu, hallaremos también observaciones exactas sobre el carácter que imprime en el hombre cada mutación sensible, que los años producen en su máquina tan complicada. El niño (1), dice, que aprendió a hablar, ya puede pisar con firmeza, y entonces corre a divertirse con los de su edad, pero entre ellos tan inconsideradamente se encoleriza, como fácilmente olvida su indignación; siempre ligero, y a todos momentos mudable. Al llegar aquí el observador de la organización política de Quito, no se atreve a pasar adelante a ver el retrato de las demás edades, porque le parece haberse puesto en un punto de vista en donde se presenta la triste imagen de un cuerpecillo pequeño, que apenas se sostiene, que vacila alrededor de su cuna, que empieza a desatar su lengua balbuciente, que da las señales decisivas de su debilidad, que, finalmente, en su clamor, su llanto y sus gemidos pregona el estado de su infancia. ¡Amada Patria mía, no hagáis mayores con vuestras quejas vuestras desgracias, ni al grito de la infancia aumentéis los delirios de esta edad! No digáis que el observador deshonra vuestra razón; que deprime la valentía de vuestro ingenio; que obscurece la luz de vuestra imaginación; que marchita la flor de vuestros talentos; que insulta a la Patria; que degrada al hombre. Considerad solamente, que no es artífice de los males públicos quien los anuncia con el fin laudable de su remedio. Aun más: dignaos reflexionar, que el celo y la sensibilidad, son los dos polos sobre que estriba el sistema racional, o si queréis, el mundo viviente de vuestro observador: ningún encono, ninguna rivalidad, ninguna envidia, ninguna bajeza influye en sus designios y pensamientos. A esta cuenta, representar a Quito con la humillación de su niñez, es compasión, y no crueldad; amor de sus conciudadanos, no vil misantropía: es introducirla al conocimiento de su miseria, para que la extermine; al de su impotencia, para que la supere; al de sí misma, para que valúe su fondo, aprecie su dignidad, ennoblezca más su origen, y haga brillar la hermosura de su espíritu; esto es, aproveche las disposiciones felices con que le dotó la naturaleza.

<Pintura de Guayasamin -Asamblea Nacional

Mas a la verdad: ¿cuándo se juzga que el hombre ha llegado al momento de poner en ejercicio a su razón? Es sin duda en los años de su puericia; y cuando a las impresiones que recibe por los sentidos las desenvuelve, las califica, las designa por lo que valen, en una palabra, las discierne y clasifica en un orden y grado que hagan constar, que él las dio acogida señalada en su espíritu, y lugar preeminente en su observación. Así es que de la serie, y sucesión metódica de las observaciones, dimana una colección, diremos así, orgánica de conocimientos, y de ellos el sistema magnifico y brillante de ciencias y artes, pues, éstas no pueden consistir, sino en principios generales ordenados por los grandes Genios, y adscritos por ellos mismos a cierta jerarquía. Era de preguntar aquí, cuáles y cuántos son los conocimientos que tiene sobre cada facultad cada uno de los individuos de nues­tra República; pero no es negocio de que descendamos a individuaciones odiosas, cuanto humillantes. Vamos en derechura a nuestro objeto, que es insinuar que no puede llamarse adulta en la literatura, ni menos sabia una Nación, mientras generalmente no esté desposeída de preocupaciones, de errores, de caprichos; mientras con universalidad no atienda y abrace sus verdaderos intereses; no conozca y admita los medios de encontrar la verdad; no examine y adopte los caminos de llegar a su grandeza; no mire, en fin, con celo, y se entregue apa­sionadamente al incremento y felicidad de sí misma, esto es del Estado y la sociedad. Esta se dice culta, y se diferencia de la ignorante y bárbara, en razón de contener en sí muchos sabios, y de que el común no esté ajeno ya de principios que dicen respecto a la vida civil; y ya de los elementos que conciernen a la virtud, la religión y la piedad. Se halla aquí, sin duda, el conocimiento de muchos objetos, cuya noticia y serie no alcanza, ni penetra un pueblo bárbaro.

Bajo de esta consideración, nada importará que en una provincia vasta, v. g-., se halle un cenobita, que al mismo paso que parece que recoge dentro de su celda inmensidad de luces en sus libros, no demuestra hacia fuera más que groserías en sus modales, vulgaridad en sus ideas, bajeza en su locución, falta de sentimiento en sus reflexiones, y defecto de exactitud en sus raciocinios. Del mismo modo, tengamos no digo por un guarismo aislado, sino por un cero inútil para hacer número, y aumentar la cantidad y masa de los progresos humanos a cualquiera profesor de letras, de cualquiera condición que sea, aunque sea muy eminente, si no difunde los rayos de su doctrina en todos sentidos y direcciones, si no comunica hacia diversos términos y distancias el fuego científico de su alma, si no extiende sobre la faz de su provincia, y aun por todos los ángulos de este hemisferio, el espíritu de gusto, de ilustración, de actividad, de celo, de patriotismo. Ya se ve, que un literato que se condujese de esta manera: que conociese la importancia de los objetos a que debe circunscribir su enseñanza: que a la sa­biduría de los preceptos, a la solidez de las máximas, a la antorcha de la crítica añadiese el vigor del carácter, la firmeza del ánimo, la constancia de la acción: ya se ve, digo, que un literato de estas cualidades, podría hacer que por sólo él se llamase instruida su Patria. Un tal individuo benemérito de las letras y de las hombres, podría presentarse en la América, como Pedro el Grande apareció en la Europa, el sol de su vasto imperio, el crea­dor del entendimiento de sus vasallos. Pero este Numen es raro: la naturaleza es avara y se niega a producirle, o por mejor decir, la densa obscuridad de un siglo de ignorancia, el negro torbellino de la barbarie, no han permitido en otros tiempos que éste aparezca con frecuencia en varias partes de nuestro globo. Siendo esto así, preguntaremos: ¿qué número de objetos conoce Quito? ¿qué cantidad de luces forma el fondo de su riqueza intelectual? ¿cuáles son los inventos, cuáles las artes, cuáles las ciencias que sirven, favorecen e ilustran a nuestra Patria para apellidarse instruida? Las nociones confusas, los conocimientos vagos, los crepúsculos, en fin, dudosos, reducidos, diminutos de tal o cual facultad, no la constituyen sabia; y si hacen esperar la aurora de la ilustración, si nos aseguran la infancia del día de la literatura, nos avisan que estamos aun cercados de tinieblas. ¡Desengaño estimable? ¡Verdad oportuna, para un pueblo espirituoso y fecundo de talentos, donde reina la docilidad y la pasión decidida de la gloria! Paréceme oír un grito tumultuario que se levanta contra mí, y que veo irritarse generosamente la cólera del joven: que al ímpetu de su acción, sacude el humor de inercia con que estaba abrumado; que luego recoge en sí toda la llama de su corazón disipado, que eleva sus pensamientos; que engrandece sus ideas, que entra dentro de su alma y me dice: yo puedo y quiero ser todo un hombre para Dios y para mi Patria.  

Nec solus semper Censor Cato: necside solus

Justus Aristídes, his placeant titulis.

Nam sapiens quicumque fuit. verumque fidemque

Qui colit, comitem se tibi Censor agat.

Auson. Parent.

Pero mis deseos son ambiciosos, y así querría que Quito, para venir a dar al lleno de su cultura y civilización, juzgase que estaba en el último ápice de la rudeza primitiva, donde no puede hallarse ni un átomo de luz; y que desde este estado tenebroso quiere hacer los debidos esfuerzos para dejarle. Entonces, es preciso que empiece la cadena de sus principios, por aquel que le sea más sencillo y familiar. Atienda, pues, el cúmulo de las impresiones generales que recibe por sus sentidos; y en vez de dirigirse a analizarlas, observe cuál es aquel legislador supremo que las modifica, que las ordena, que las distribuye. Desde luego se le presentará un ser inmortal, que reúne en sí diversos caracteres y propiedades. Pero antes de nuestro introducción al templo suntuosísimo de nuestra propia alma, y por consiguiente al palacio de la verdadera sabiduría, es preciso parar aquí; porque desde luego hemos llegado a un punto que necesita investiga­ciones prolijas y nada superficiales; y porque la naturaleza y extensión de nuestro periódico ha tocado, diremos así, a silencio. La continuación de los números siguientes dará lugar a la indagación de materias útiles e interesantes a nuestra Patria; y en tanto se la debe inculcar muchas veces, a fin de que nos escuche benignamente, que el conocimiento propio es el origen de nuestra felicidad. No fue por destruir la nobleza del ente más noble que salió de la mano del Omnipotente, sino por averiguar su generación física, que el célebre Francisco Geoffroy compuso una disertación en que preguntaba, si el hombre había empezado por gusano. El sabio Fontenelle asegura en la vida de Geoffroy, que la cuestión excitó de tal modo la curiosidad de las Damas, y de las Damas del mayor carácter, que fue menester traducirla al francés para iniciarlas en unos misterios cuya teórica ignoraban. Yo ruego al cielo, que por este aspecto miren mis conciudadanos las primicias de su suelo; que se acuerden que Descartes para simplificar las relaciones de las cosas, quiso empezar la serie de las verdades conocidas, por ésta que es evidente: Yo pienso: luego existo, luego tengo ser. Que finalmente, cierren los oídos a la voz sediciosa de ciertas gentes que no queriendo decir directamente que son doctas, indirectamente, pero en el tono más alto, se predican tales; conjurando a todo el pueblo contra nuestras reflexiones, y haciendo las suyas en la forma que anunciará en nuestro periódico, la historia de las puerilidades quiteñas.


AVISOS INTERESANTES

El día 30 de noviembre del año próximo pasado, se hizo la apertura de la Sociedad Patriótica de amigos del país, de Quito. Concurrieron los Señores Ministros de esta Real Audiencia, en calidad de socios de número; el Ilustrísimo Señor Obispo. Doctor Don José Pérez Calama, en la de Director; en la de Subdirector el Señor Don Joaquín Estanislao de Andino. Regente del Tribunal y Superintendente Delegado; la nobleza de uno y otro sexo, y el pueblo todo con espíritu de patriotismo y esperanza de su resurrección, a vista de los socios, que a la menor insinuación del Señor Don Luis Muñoz de Guzmán. Jefe de Escuadra de la Real Armada. Gobernador y Capitán General de este Reino y Presidente de su Real Audiencia, se alistaron en la Sociedad, compusieron y honraron en el citado día su cuerpo. No se puede elogiar bastantemente en este lugar, y quizá ni en toda la serie de un discurso, el celo luminoso del Señor Protector nuestro Muy Ilustre Jefe, que ha hecho y hace acciones heroicas, a fin de promover la prosperidad literaria y política de estas provincias. La conseguirá, sin duda, a beneficio de su genio infatigable y mucho mejor, si el Rey se digna acoger bajo de su real protección la Sociedad.

Cualquiera individuo de esta ciudad y de todo este reino, será admitido al orden de socios supernumerarios, con tal de que contribuya con las luces de su talento, y alguna erogación para el fondo de la caja de Sociedad.

La suscripción a este papel y siguientes se admite en la tienda de don Antonio de Andrade, vecino y del comercio de esta ciudad; y su precio viene a resultar a los suscriptores, a razón de cuatro pesos por año, porque logren cada pliego a menos del real y medio que se propuso en el prospecto. Con este motivo, es preciso realzar aquí la generosidad del M. I. S. Presidente, que emanada de su celo de animar el del Redactor, se ha dignado pagarle cada periódico, a un peso fuerte de nuestra moneda. En la misma tienda se venderán los periódicos a los que no se han suscrito.

El Venerable Cabildo Eclesiástico piensa en suscribirse a la Sociedad Patriótica; cuyo efecto es propio del celo .P del país (de la que es Protector) haber deputado para examinador de los maestros públicos de primeras letras al Director Don. Agustín Martín de Blas, socio numerario de la recién erigida Sociedad. Así he entendido que el M. I. Jefe (que el Rey, por misericordia de Dios, se ha dignado darnos), penetrado de compasión de nuestras desgracias, y de verdadero celo de solicitar su remedio, quiere que dicha Sociedad Patriótica influya en la perfección de cada uno de los ramos relativos a la felicidad de las provincias de su mando. Por lo mismo, me juzgo suficientemente autorizado para cooperar con mi amor patriótico (débil y limitado como es) a los saludables designios de dicho M. I. Señor Protector, remitiendo, como remito a Ud., gratis, un ejemplar del papel impreso intitulado Instrucción pre­via sobre el papel periódico: Primicias de la Cultura de Quito; para que de ellos se haga el uso que luego diré, después de dos palabras preparatorias.

No tiene duda, que las escuelas de primeras letras son las que forman todo el ser científico, moral y religioso de las Repúblicas; porque en ellas, con el conoci­miento de los caracteres que sirven a la formación de las lenguas vivas, se dan a los niños las ideas de la nuestra castellana; se les hace observar la correspondencia de las voces y palabras a los objetos; se intenta llevar a los niños a la vasta inteligencia, no solamente de la formación de las letras, sino también de la propiedad que tienen, de su uso, de su pronunciación y de su ministerio en la escritura. Este solo objeto, pide muchos conocimientos de la Gramática, Ortografía y origen de una lengua tan abundante, tan armoniosa y en el día tan sabia corno se ha vuelto la nuestra. Vamos adelante; pues, es preciso, no llenar a Ud. mismo de ideas que le han de ser desconocidas, y que por lo mismo le han de atraer confusión.

El maestro de niños provee al ser moral de las Repúblicas; sí, maestro mío: ud. forma el corazón del muchacho en el aprecio del verdadero honor; Ud. le explica lo que es humildad cristiana y la enseña con su ejemplo; Ud. anuncia al niño las delicias de la liberalidad, el placer virtuoso de socorrer' al necesitado, la satisfacción y consuelo de perdonar las injurias y hacer bien al enemigo. Finalmente, Ud. va imprimiendo en la cera blanda de la tierna edad que maneja todos los rasgos y delineamientos de todas las virtudes; Ud. pule, adorna, fabrica, tornea las costumbres todas de su tierno discípulo, y le saca de sus manos obediente al rey, sumiso a sus superiores, pío a sus padres, adorador verdadero de Dios. Mire Ud. como está en su arbitrio constituir el ser moral de las Repúblicas. Dicho esto, parecía excusado hablar del ser religioso que, para las Repúblicas, ministran las escuelas; pero, mi maestro, una sola palabrita más, por Dios.

La Religión y piedad, sin duda se aprenden bien por los muchachos, cuando sus maestros les dan lecciones por principios; cuando por medio de la Historia les hará Ud. conocer nuestro origen, nuestra dependencia de un Ser Supremo, nuestra miseria por el pecado de Adán, y la misericordia del Redentor; a cuyo conocimiento acompaña y sigue la ilustración del niño en todos los misterios del Cristianismo; después de la cual, Ud. le señala el culto que debemos prestar al Hacedor de todas las cosas, a la Purísima Virgen María y a todos los Santos: el respeto a los templos; la veneración al sacerdocio y sus ministros; la obediencia y sumisión a las leyes de la Iglesia, que es regla de nuestra fe. Ah ¡qué multitud de objetos sagrados! Pero, maestro mío, Ud. los debe saber en cuanto pueda; y debe solicitar a cualquier costa su conocimiento, para participarlo, y por mejor decir, verterlo en sus discípulos, según la capacidad de cada uno de ellos.

Ahora que he dicho capacidad, vengo a una de mis últimas palabras preparatorias. Ud., maestro mío, y mucho mundo que se cree docto, está en la suposición de que es menester que el muchacho llegue a cierta edad, o a cierto tiempo de la niñez, para que se desarrolle la razón y deje ésta las ligaduras con que estaba atada a una vida, por decirlo así, puramente sensitiva. Pero no es así. maestro mío, y Ud. mudando de dictamen, créame, que desde los primeros días, aquellos en que el niño empieza a hablar, puede Ud. si bien lo observa, y tiene paciencia, enseñarle a hacer uso de su razón, esto es, acostumbrarle a que piense, y haga sus verdaderos racio­cinios. No es de este lugar probarlo; pero yo que he meditado ser útil a mi patria de todos modos, he creído que la Providencia ha inspirado a nuestro M. I. Jefe, y mi particular protector, el pensamiento de fiar de mi pluma la redacción de los periódicos. Me he propuesto, pues, escribir siempre cosas útiles, y que conduzcan inevitablemente a la educación pública de Quito: así los periódicos, en medio mismo de su diversidad, he determinado que vengan a parar a este centro común, por medio de un método, o como sistema, que acá a mis solas he concebido. ¡Quiera el Omnipotente dirigir estas líneas!

Esto supuesto, vamos al uso del papelillo que a Ud. remito. Un día, pues, de la semana lo lee Ud. en alta voz. Ya se ve, unos niños, ¿qué han de saber de instrucción, de previa, ni de papel periódico? Querría yo, que muchos adultos, por no decir otra cosa, supiesen estas voces y su significado. Pero esto no obstante, lea, ud., y acabada la lectura; dé Ud. licencia a sus niños a que hablen, o excíteles a que ejerciten su curiosidad, o mué­vales a que le pregunten. Podrá ser, que por el encogimiento propio de nuestro país (en el que tiene mucha parte el clima y una educación de esclavos) no aparezca algún muchacho, ni se levante a decir una palabra. En­tonces, Ud. maestro mío, conversa a la larga con todos sus discípulos. Díseles: que en nuestra ciudad hay im­prenta, impresor, redactor, etc., y sobre cada una de estas palabras, va Ud. haciendo una breve historietita, anuncia lo que significan, y también los usos a que se destinan. De este modo, pica Ud. la curiosidad tan natural y tan activa de los niños, para que le hagan pre­guntas propias de su humor y genio, que parecen y a la verdad son muy distantes de la verdadera naturaleza de las cosas. Pero Ud. aprovecha la ocasión, porque esto mismo le dará a Ud. motivo de extenderse pacientemente en su instrucción; y ellos, como dicen allá, desde la escuela saldrán con ciertas noticias adecuadas a hacer sufrible la vida común; a hablar con regularidad, y a no formar ideas extravagantísimas al oír hoy día, v. g., Sociedad. Periódico, Suscripción, etc. Es cosa vergonzosísima, maestro mío, escuchar a gentes. . . qué diré? Que parecen avisadas e instruidas, dar una explicación infeliz de todos estos objetos, y ministrar al resto del pueblo bajo, ideas todas contrarias a su verdadero ser, haciéndole concebir que v. g. Plan es un monstruo; Prospecto, un espan­tajo; Periódico, un animal de Mainas; Sociedad, un embolismo de ociosos; Suscripción, un grillete de forzados. Paremos aquí, porque la materia daba mucho que reír y que reflexionar. Pero no es de dudar, que si Ud. emplea un par de horas en cada semana, después de la lectura del papel, haciendo a sus muchachos explicaciones sencillas de las cosas, ya cuando éstos vayan a las aulas, o a los talleres de oficios, o a vagar por esos mundos, no se escandalizarán al oír palabras nuevas; sino que procurarán observar su verdadero significado, y hablarán correctamente y con inteligencia, averiguando su origen. Este es el fruto que Ud. va a sacar de estas reflexiones; pues que importa infinito, para que no se turbe el sosiego público, que se dé una idea legítima de lo que extiende y publica un escritor; y mucho más de los designios favorables y misericordiosos del actual Gobierno. Hay con este motivo la amable coyuntura de hablar del Señor Presidente por preguntas. Se dice: ¿Quién es este Señor Presidente? Y se da la noción aunque sea vaga y superficial de sus circunstancias, de sus miras desinteresadas, de su propensión a hacemos bien, en una palabra de sus virtudes y talentos, con los que se ha hecho y es viva imagen del Rey.

Aquí se descubre el pensamiento de que todo magistrado debe serlo, por la probidad, rectitud de alma y administración de la justicia: luego ocurre otra pregunta de: ¿Y quién es el Rey? A la cual, con el mayor acatamiento de cuerpo y espíritu, se debe responder, que es nuestro dueño y Señor natural, el padre de los pueblos, por quien subsiste el buen orden, se mantiene la sociedad, se guarda a cada uno la propiedad, y por su influencia soberana y universal, reanima nuestros corazones la paz y la seguridad. Por mucho que se diga sobre este asunto, quedará el maestro muy corto; pero es de su obligación inclinar el tierno corazón de sus niños al amor, obsequio, fidelidad y culto político de nuestro Rey el Señor Don Carlos IV (que Dios guarde). No para aquí ud., maestro mío, sino que sube más arriba y explica cómo Dios en el seno de sus misericordias y en los momentos de sus gracias y bendiciones, nos dio a este Supremo Legislador de la tierra, para que le amemos y para que en su real persona adoremos la grandeza y majestad del Altísimo, que tiene en sus manos el corazón de los reyes. Ya observará ud., maestro mío, que de unos principios en otros, sencillos, fáciles y claros, se vie­ne a dar a los fundamentos de la Religión; de donde Ud. es (si cumple con sus obligaciones) el primer Institutor, en cierto modo, de la monarquía.

No es de omitir, que Ud. también ha de hacer uso de esta carta, esto es, la ha de leer públicamente a sus niños y guardarla, o como archivarla, para el uso de la escuela y de los maestros sucesores que vengan a ella; observando lo mismo con el ejemplar de mi prospecto. No dudo que Ud. de su propia letra me contestará a esta carta de oficio, participándome el recibo del impreso, y sirviéndose decirme si gusta practicar lo que llevo prevenido, porque en este caso, pondré en ejecución el propósito que me queda, y tengo de remitirle cada quince días, o por mejor decir, cada vez que diese a luz un número de los papeles periódicos, otro ejemplar también "gratis", como el presente, y acompañado, si tuviere lugar, de otras semejantes reflexiones conducentes a la ilustración general, en que tanto se interesan el Rey, el M. I. Señor Muñoz, el verdadero Prelado de esta Diócesis y la Sociedad Patriótica. Del mismo modo hago saber a ud., que si le ocurrieren dificultades, dudas, ignorancias (que todos las tenemos) acerca de los puntos o palabras o cláusulas de esta carta del prospecto, y de los demás papeles que enviaré, no tenga empacho de comunicármelas; y antes si, se sirva Ud. consultarme como guste, o de palabra o por esquela, en atención a que procuraré satisfacer a üd. con cuanto alcancen mis fuerzas; pues yo todo soy del público, con todo mi "corazón y de Ud. su muy atento servidor Q. B. S. M.

Dr. Francisco Xavier Eugenio de Santa Cruz y Espejo.
Secretario de la Sociedad Patriótica.
Señor Don Maestro DE PRIMERAS LETRAS
P. D.
La obediencia y urbanidad que se prestan a nuestros respectivos superiores son de precepto divino, y obligan en conciencia. Así, por satisfacer a ésta, y no por espíritu de adulación, me vi en la indispensable necesidad de solicitar la aprobación de nuestro M. I. Jefe, y también la del Htmo. Sor. Obispo, en calidad de Director de la Sociedad; en esta virtud, va ud., mi maestro, a ver las copias de las cartas respectivas, que autorizan mi proyecto y que me ha parecido insertar aquí para su inteligencia. Dicen, pues, de esta manera:


COPIA No .1.
M. I. S. Presidente Señor:
Como las acciones públicas que intentan practicar los ciudadanos deben éstos pasarlas a la noticia del Superior Gobierno, si son advertidos, y las que solicitan poner en obra los socios deben sujetar al conocimiento del protec­tor de la Sociedad, si son urbanos. Bajo de uno y otro respecto, me veo en la necesidad de comunicar a V. S. el pensamiento que me ha ocurrido, de dirigir a todos los maestros de niños de esta ciudad, y aun de la provincia entera, la carta de oficio adjunta, con sus respectivos periódicos, a fin de promover, en su verdadero origen, la cultura de estas gentes. Se dignará V. S. por un efecto de su bondad y de su carácter patriótico, perdonarme la libertad que me he tomado de decirle mi intención y aprobarla, si fuere de su superior agrado.

Nuestro Señor guarde a V. S. muchos años, que de verdad ha menester este Reino.
Quito, y Diciembre 20 de 1791. B. L. M. de V. S.— Su muy humilde servidor.
Dr. Francisco Xavier Eugenio de Santa Cruz y Espejo.

M. I. S. presidente don Luis Muñoz de Guzmán.


COPIA No .2.

Enterado de la carta de Ud. del día de hoy, la encuentro tan conforme a mis ideas y al universal cultivo de las gentes de estas provincias, a que aspiro, que deseo la pase Ud. al socio comisionado al adelantamiento de las escuelas, a todos los maestros de esta ciudad, a los de las provincias, y a todas las justicias de los lugares en que las hubiese con expresión de ser de mi orden, para que se propague y apoye el bien por todas partes.

Dios guarde a V. M. A. Quito, y Diciembre 20 de 1791.
Luis Muñoz de Guzmán. Sor. Don. D. Eugenio de Santa Cruz Y Espejo.


COPIA No .3

ELOGIO CRITICO DE LA CARTA MORAL-POLÍTICA QUE EL Dr. ESPEJO, SECRETARIO DE LA SOCIEDAD PATRIÓTICA, ESCRIBE AL PADRE ARTIEDA, MAESTRO DE PRIMERAS LETRAS EN LA ESCUELA DE SAN FRANCISCO DE QUITO

La carta está buena en invención, disposición y elocución. Su escritura está muy viciosa. El amanuense del Dr. Espejo merece que le vuelvan a la escuela. Conviene que la tal carta se haga pública y notoria por todo este Reino, según el superior e ilustrado dictamen del M. I. Sr. Presidente. Para que este tan importante fin se consiga, conviene que se imprima la tal carta. El Obispo costea la impresión; y el producto (si se sacase alguno) lo aplica al Dr. Espejo por índice, aunque muy leve, de la gratitud amorosa y paternal que merecen al Obispo las faenas del citado Dr. Espejo, en beneficio de la causa pública.

En el Plan de Estudios y sus apéndices se inculca muchas veces, (y se repite ahora) esta primera verdad:

seo la pase Ud. al socio comisionado al adelantamiento de las escuelas, a todos los maestros de esta ciudad, a los de las provincias, y a todas las justicias de los lugares en que las hubiese con expresión de ser de mi orden, para que se propague y apoye el bien por todas partes.

Dios guarde a V. M. A.
Quito, y Diciembre 20 de 1791.
Luis Muñoz de Guzmán. sor. dor. D. Eugenio de Santa Cruz y Espejo.


COPIA No .4

ELOGIO CRITICO DE LA CARTA MORAL-POLÍTICA QUE EL DR. ESPEJO, SECRETARIO DE LA SOCIEDAD PATRIÓTICA, ESCRIBE AL PADRE ARTIEDA, MAESTRO DE PRIMERAS LETRAS EN LA ESCUELA DE SAN FRANCISCO DE QUITO

La carta está buena en invención, disposición y elocución. Su escritura está muy viciosa. El amanuense del Dr. Espejo merece que le vuelvan a la escuela. Conviene que la tal carta se haga pública y notoria por todo este Reino, según el superior e ilustrado dictamen del M. I. Sr. Presidente. Para que este tan importante fin se con­siga, conviene que se imprima la tal carta. El Obispo costea la impresión; y el producto (si se sacase alguno) lo aplica al Dr. Espejo por índice, aunque muy leve, de la gratitud amorosa y paternal que merecen al Obispo las faenas del citado Dr. Espejo, en beneficio de la causa pública.

En el Plan de Estudios y sus apéndices se inculca muchas veces, (y se repite ahora) esta primera verdad: que leer bien, hablar bien y escribir bien, son las tres bases y columnas fundamentales del templo de Minerva. Los enunciados tres artículos sufren mucha parálisis en toda la dominación española, europea y americana, aunque en las Américas está en sumo grado la enfermedad. El origen proviene de las escuelas de primeras letras: en la que raro es el maestro que sabe enseñar el beaba y el beaenebán,

También influye mucho en el enunciado vicio capital, el que a las escuelas lleven los muchachos los peores libros. Unos llevan los fabulosos, como la historia de los Doce Pares de Francia, otros llevan unos Devocionarios llenos de supersticiones, con el agregado de elocución muy tosca y grosera, y otros hasta llevan libros de comedias y coplas. Estos pestíferos perfumes y olores duran de por vida en los muchachos, pues sabida es aquella sen­tencia experimental, de que el primer olor que perciben los barros, lo conservan siempre aunque se quiebren. En algunas naciones de las más cultas, los maestros de primeras letras son los hombres más sabios y más condecorados, porque el mayor esmero y cuidado se debe poner en el cimiento de la casa. Mas en nuestras dos Españas, hasta se ha reputado y aun se reputa por vicio vil el de maestro de primeras letras. Los perdularios y pordiose­ros que medio saben hablar, leer y escribir, son regularmente, los maestros de escuela: ¡error craso y vicio origen de muchos vicios morales y políticos! No puedo am­plificar esta verdad por falta de tiempo. El Venerable Gersón terminó su vida enseñando a los niños, y en el mismo empleo y ejercicio deseo yo terminar la mía. Así se lo tengo propuesto al Rey mi Señor, en mi memorial de renuncia.

En las escuelas de primeras letras, en manera alguna deben permitirse los enunciados libros viciosos. Con preferencia deben asignarse los siguientes: el Catecismo chico y grande, la Doctrina Cristiana por Belarmino, el Catón cristiano y político, la Gramática y Ortografía castellanas, las Fábulas castellanas, en verso, por Samaniego y por Iriarte, el Catecismo real del limo. Sr. Arzobispo de las Charcas, los Caracteres de la amistad, por Caraciolo traducido por Nifo, y cualquier otro librito de los de Caraciolo, el repúblico más sabio; el Catecismo de Fleuri, el Compendio de Pintón, cualquier tomo de las Cartas de Constantini y del Pensador Matritense, del Hombre feliz, del Eusebio, de las Cartas del Padre Isla y de las de Clemente XIV, el Arte nuevo de escribir, por el sabio Morante, ilustrado por Palomares, o el de Anduaga, la Historia de España por Isla y la de Méjico por Solís. El Kempis en castellano, y el librito de oro que se dice Kempis Mariano. La Clave geográfica de Flores, el Oficio parvo en castellano, el tomito de la Pastoral del Sr. Valero, y en una palabra, no se debe permitir en las escuelas que los niños usen de libro que no sea sólido y brillante en invención, disposición y elocución. Nuestro periódico quiteño, el Mercurio peruano y el periódico de Santa Fe, deben también franquearse a los niños. El tomito o cuaderno de la Guía de la Juventud, debe ser su pan cotidiano, sin omitir el arte de encomendarse a Dios de Bellatí, traducido por el sabio Isla, y también la Ciencia del Mundo, por Calieres.

He puesto tumultuariamente este breve índice, para que en las escuelas se prefieran estos libritos a cualesquiera otros. Yo me acuerdo de muchas cosas malas que leí cuando escolín, y muchas veces se me vienen a la boca las expresiones groseras que entonces me enseñaron. Con que si me hubieran dado a leer entonces buenos libros, me acordaría ahora de sus buenas sentencias y de sus brillantes expresiones. Encargo al Dr. Espejo que este borrón lo manifieste al M. I. S. Presidente, por si S. S. lo juzgase de algún modo útil a la causa pública, en cuyo beneficio deseo emplearme todo, todo.

De que los niños escolinos usen buenos libros (cuales son todos los propuestos) se consigue a lo callado y sin sentir, que los padres y madres, hermanos y hermanas de los niños y todos sus otros parientes y conocidos, aprendan cosas nuevas y en buen estilo o lenguaje puro. Por lo que el enunciado ardid viene a ser en cierto modo taller encíclico o universal de educación ilustrada en lo moral y política, que es el norte del infatigable celo y vigilancia paternal del M. I. Sr. Presidente.

Quito, Diciembre 24 de 1791
Josep, Obispo de Quito.


1 R. eddere qui voces jam scit puer, & pede certo Signat humum; gestit paribus colludere, & iram Collegit, ac ponit emerec, & mutatur in horas.

Horat. Poet. v.8

En la época circulaba 8 reales, plata 0,9167 - 27,5g 1770, Foto de Numismática ecuatoriana, Ramiro Reyes 2011

 

 

 


 

 

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