Galápagos y el presidente Alfaro

GALÁPAGOS Y EL PRESIDENTE ALFARO:

Mensaje especial del Poder Ejecutivo al Congreso Nacional sobre el Archipiélago de Colón ( Agosto 29 de 1901)

Honorables Legisladores

Eloy AlfaroNo quiero separarme del Poder, sin hablaros de un gran peligro para el país; peligro que, más o menos tarde, puede convertirse en funesta realidad. Prever los males es remediarlos antes de que lleguen; y al tratarse de los que amagan la República, no sería patriota quien no buscase con anticipación todos los medios conducentes a evitarlos. Hablo del Archipiélago de Galápagos, hoy de Colón; grupo de islas que se ha convertido en espada de Damocles suspendida sobre la cabeza del Ecuador; y que, en no lejano día, será la manzana de la discordia de todas las potencias marítimas. Y, como no se ocultará a vuestra alta penetración, esa disputa redundaría necesariamente en perjuicio nuestro, porque somos los más débiles, y, por lo mismo mal podríamos contrarrestar la política imperialista que van adoptando las naciones poderosas. La apertura de los canales interoceánicos marcaría el momento del conflicto; y, al no estudiar desde luego con toda seriedad y prudencia un asunto de tanta importancia, los ecuatorianos veríanse sorprendidos por el grave problema internacional que indefectiblemente ha de surgir en aquel entonces.

<Galápagos

Ya os he hablado, en mis Mensajes reservados de 25 de Octubre de 1898 y 27 de Agosto del mismo año, del vivo interés de algunas naciones, y aún de sindicatos particulares, para obtener alguna concesión en las Islas de Galápagos, manifestándoos cómo había rechazado proposiciones semejantes, por incompatibles con los intereses de la República, y por ende, con la honradez y pureza de todo buen ecuatoriano. Pero en dichos Mensajes hube de hablaros también de ciertos reprobados manejos, anteriores al 5 de Junio de 1895 y tendientes a menoscabar el sagrado territorio de la Patria; por desgracia, no son raros los casos en que una ambición bastarda ahoga los sentimientos del honor y del patriotismo; y los documentos que tuve la honra de presentaros, son palpable ejemplo de ello. Por decoro de la República se ha mantenido en secreto aquellos vergonzosos negociados, en los que intervinieron felizmente muy pocos malos ciudadanos; y por esta razón os encarezco volváis a estudiar mis antiguos Mensajes sobre la materia, ya que la mayor parte de los miembros de la actual Legislatura no han podido antes informarse de ellos.

Posteriormente, como os di cuenta el año anterior, he recibido insinuaciones, de parte del Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la República de los Estados Unidos del Norte, sobre arrendamiento de una de las Islas de nuestro Archipiélago. Patente, pues el deseo que las potencias marítimas tienen de adquirir algún derecho sobre las referidas Islas, es incontrovertible que muy en breve la política internacional se ocupará en hallar los medios de satisfacerlos; de consiguiente, el peligro para el Ecuador no puede ser ni mayor ni más palpable.

Y si a esto añadís que es posible que llegue un día en que la probidad y el patriotismo no sean las dotes que distingan a alguno de los hombres encargados del Poder Público, como desgraciadamente ya ha sucedido en épocas anteriores, veréis que ese peligro aumentaría inmensamente, convirtiéndose en verdadera amenaza para el Estado. ¿Cuál sería, pues, la actitud que, ante perspectiva semejante, deberían tomar todos los ecuatorianos que aman verdaderamente a su Patria? Vuestra sabiduría y patriotismo son los que han de señalarles la senda segura, prescribiéndoles la manera más prudente y adecuada de conjurar la tempestad, aún antes de que se obscurezca nuestro horizonte; y teniendo en cuenta que, no sólo debemos salvar los "intereses ecuatorianos, sino también los de las Repúblicas latinas del mundo de Colón.

Buscar una solución en el desmembramiento de nuestro territorio, sería un crimen atroz: ni una pulgada del suelo de la Patria puede cederse a nadie, sin hacerse reo de parricidio. Nada de vender el territorio; nada de mermar la sagrada herencia que nos legaron los Libertadores. El suelo de la República no pertenece a ninguno, sino a ella misma; y la República no puede despojarse de sus derechos, sin abdicar su soberanía y envilecerse. Desgraciado de quien la escarnezca de esa manera; su nombre pasaría a la posteridad con marca de eterna infamia.

<Fauna de Galápagos

 ¿Cuál podría ser, pues, el medio de precavemos del peligro que nos amenaza? La cuestión es de suyo delicada, difícil y compleja; pero creo que podríais declarar puertos libres en las Islas de Colón, los que juzgaréis necesarios; para que, satisfechos los intereses de las potencias marítimas por una concesión generosa y espontánea de nuestra parte, desaparezca todo motivo de disputa, todo pretexto al imperialismo hoy dominante. ¿Tienen las potencias marítimas necesidad de depósitos de carbón en nuestras Islas? pues que los tengan, bajo las condiciones prescritas por nuestras leyes. Y para los casos de guerra, no tendríais sino que restringir la concesión, de acuerdo con las disposiciones del Derecho de Gentes; ya que la política más beneficiosa para el Ecuador debe ser siempre la de una neutralidad absoluta en las contiendas de las naciones amigas.

 Mas, como el Estado habría de aumentar sus gastos de administración, muy justo sería que las mercaderías y el carbón depositados en los puertos habilitados de esas Islas, pagasen una contribución equitativa; con lo que se indemnizaría la República del aumento de sus gastos, quedando de esta manera incólume la soberanía del Ecuador sobre el Archipiélago.

 Además, debe pensarse seriamente en la colonización de las principales Islas, estableciendo familias ecuatorianas en ellas; familias que deben recibir del Estado la subvención necesaria hasta que adquieran su modo de vivir en el nuevo territorio. Sin colonización ecuatoriana en el Archipiélago, la soberanía de la República sería nominal y estaría sujeta a todos los caprichos y vaivenes de las colonias extranjeras.

Estas son mis ideas sobre el arduo problema que nos ocupa, ideas que las sujeto a vuestro estudio, sin la pretensión de que sean las mejores para solucionar la situación. Ojalá la Prensa Nacional y aún la del Continente Sudamericano, interesado también en este asunto, ilustrasen la materia con una discusión serena y desapasionada a fin de que lo que resolváis sea lo más conforme a los intereses ecuatorianos; al americanismo, elemento vital para las Repúblicas del Nuevo Mundo; y aún al desarrollo del Comercio universal. He dicho que debemos estudiar desde luego la cuestión; pero también digo que de ninguna manera debe festinarse la resolución de puntos tan difíciles. La seriedad, el amor patrio y la justicia, deben presidir en este detenido estudio, para que lo que resolviereis merezca la gratitud de los ecuatorianos y la aprobación de todas las naciones civilizadas.

Honorables Legisladores,
Eloy Alfaro Palacio Nacional,
Quito, Agosto 29 de 1901.

 invitación a leer

La libre circulación de las ideas y opiniones, oportunidad para acercarnos a la verdad.

Historia de la república

La Cronología de los presidentes del Ecuador.

eSTELAS DE LA HISTORIA

Los hechos y pensamientos del presentes  dan rumbo a la Historia.