Historia de la Lucha por las Galápagos

Valerian Goncharov.

La embarcación en que viajaba Tomás de Berlanga, obispo de Panamá, cayó en calma chicha. Se había apartado de la vía marítima, bien conocida por los españoles, que llevaba a Panamá al puerto de Callao (Perú), adonde iba el prelado.

Una corriente marítima desconocida arrastraba la nave mar adentro, hacia occidente. Fue así como el 10 de marzo de 1535 se descubrió un grupo de ignotas islas situadas en el mismo Ecuador. Los navegantes españoles quedaron pasmados. Tortugas de inaudito tamaño, iguanas de dos metros y horrible aspecto, cual ejemplares vivos del primitivo reino de reptiles, rarísimas aves que no sabían volar, leones marinos, enormes peces saltando del agua, negras rocas de basalto, llameantes montañas, cactos gigantescos. Pero no había gente. Aquello era un mundo petrificado en el tiempo, diríase que encantado. A aquellas islas perdidas en la inmensidad del Océano Pacífico, a mil kilómetros de las costas sudamericanas y a 5 mil de las islas Marquesas, las más próximas comenzaron a llamarse ora Encantadas ora Galápagos. Este último nombre pasó al uso corriente, y sólo oficialmente se las llama "Archipiélago de Colón".

En 1835 estuvo en las Islas Carlos Darwin, quien tenía entonces veintiséis años y realizaba un viaje alrededor del mundo en el navío "Beagle". Quedó tan impresionado como los descubridores españoles, mas advirtió cosas que no percibieron otros. En la flora y la fauna de las islas descubrió muchas formas endémicas. El estudio de las peculiaridades de las mismas le proporcionó un vastísimo material táctico para fundamentar la teoría sobre el origen de las especies. Después de Darwin, muchos naturalistas visitaron las Galápagos. Durante la expedición científica organizada en 1957 por la UNESCO y la Unión Internacional de Protección de la Naturaleza, se estableció allí una estación biológica de investigaciones científicas.

Constituyen el Archipiélago 13 islas grandes, 17 pequeñas y 47 peñas que asoman del agua. Según los últimos datos del Instituto Geográfico Militar del Ecuador, la superficie del Archipiélago es de 7.964 kilómetros cuadrados. Las islas más grandes son Isabela (4.275 kilómetros cuadrados) y Santa Cruz (1.020) seguidas de Fernandina, San Salvador y San Cristóbal. La capital del Archipiélago es Puerto Baquerizo Moreno (en la isla de San Cristóbal). La población es de unos tres mil habitantes, dedicados principalmente a la pesca (atún, bacalao) y la ganadería.

Aparte de lo relacionado con la visita de Darwin y con la flora y la fauna extraordinarias del Archipiélago, las Islas Galápagos poseen también otra historia. Las autoridades coloniales españolas no manifestaban interés alguno por ellas. Tan sólo los filibusteros recalaban en esas Islas, y fueron quienes las inscribieron en las cartas marítimas, dándoles nombres ingleses. En 1574, el conocido científico A. Ortelius incluyó el Archipiélago en el Perú, en un mapa confeccionado por él, denominándolo "Islas Galápagos" (1). Posteriormente fueron cambiando los autores de los mapas, como también el nombre del Archipiélago y de las islas comprendidas en él.

Debido a su relativa cercanía a la costa occidental de Sudamérica, en los siglos XVII y XVIII las Islas Galápagos fueron un buen punto de apoyo para los piratas que atacaban las ciudades litorales de las colonias españolas. Hasta el día de hoy corren leyendas sobre las incalculables riquezas escondidas por los piratas en las Islas Encantadas.

En el siglo XVIII, las Islas sirvieron a los balleneros de base para abastecerse de víveres. Durante la Guerra de la Independencia de las colonias norteamericanas, las Galápagos —debido a su situación estratégica— fueron empleadas con fines militares. A comienzos del siglo XIX, EE. UU. convirtió el Archipiélago en base para la persecución de los barcos ingleses que navegaban por el Pacífico. Por ejemplo, el capitán Porter —que mandaba el navío "Essex", bajo pabellón de EE. UU.— perseguía a los ingleses en 1812 teniendo su base en Galápagos. Los patriotas que combatían por la independencia del Ecuador crearon en ellas puntos de apoyo. Se sabe, por ejemplo, que el general Juan Illingworth, héroe ecuatoriano, que mandaba la corbeta "Rosa de los Andes", después de un combate contra la fragata española "Piedad" (en 1819), marchó a las Galápagos y pasó allí más de dos meses, reparando los graves deterioros de su navío (2).

Cuando en 1830 el Ecuador se proclamó república independiente (después de la desintegración de la Gran Colombia), planteó con toda agudeza la cuestión relativa a la pertenencia de algunos territorios limítrofes, a veces bastante extensos, que pretendían para sí los países vecinos. La mayoría de repúblicas latinoamericanas recibió en herencia semejantes problemas, debido a la división administrativa poco precisa, y a veces convencional, de las que fueron colonias españolas en América. A iniciativa del general J. Villamil, luchador por la independencia del Ecuador, el gobierno ecuatoriano proclamó oficialmente parte del territorio nacional de la república a las Islas Galápagos, tierra de nadie en aquellos tiempos (3).   El 20 de enero de 1832, el gobierno ecuatoriano envió a las Islas una expedición encabezada por el coronel I. Hernández, y el 12 de febrero del mismo año, en la isla de San Cristóbal se izo con toda solemnidad la bandera nacional tricolor (amarillo - azul - rojo), de la República del Ecuador, y las Islas fueron denominadas oficialmente "Archipiélago del Ecuador" (4). 'En conmemoración de ese suceso, el 12 de febrero fue declarado fiesta nacional del Ecuador. En 1832, el general J. Villamil fue nombrado primer gobernador del Archipiélago. Propuso reiterados proyectos para la rápida colonización y explotación de las Islas a fin de reafirmar en ese territorio la soberanía efectiva del Ecuador, en vista de los incesantes intentos emprendidos por algunos países —principalmente EE. UU., Gran Bretaña y Francia— de afianzarse en las Galápagos. Estas potencias intentaron reiteradas veces adquirir derechos sobre las Islas o, por lo menos, concesiones en ellas, para crear bases navales y almacenes de carbón. Además, sus anhelos no tanto obedecían a los intereses del comercio cuanto a la situación estratégica del Archipiélago, que fue ganando importancia por la construcción y puesta en explotación del Canal de Panamá.

Las primeras negociaciones de carácter internacional conocidas en la historia en cuanto al Archipiélago de Galápagos, son las que sostuvo en 1854 P. White, encargado de negocios de EE. UU. en Quito, con el general José María Urbina, Presidente del Ecuador. Se trató de la concesión a EE. UU. del derecho exclusivo a explotar allí las masas de guano (por cierto, resultó que no existían), a cambio de un empréstito de 3 millones de dólares. A opinión de los diplomáticos extranjeros acreditados en Quito, prácticamente se decidía en este caso el arriendo del Archipiélago a EE. UU., lo que, naturalmente, suscitó protestas enérgicas por parte de Gran Bretaña, Francia, España y el Perú (5). En varias oportunidades, Gran Bretaña había propuesto al gobierno ecuatoriano que le transfiera las Galápagos en concepto de amortización de la "deuda inglesa" (6): un empréstito concedido a la Gran Colombia durante la lucha por la independencia contra España (al desintegrarse la Gran Colombia, la suma de la deuda fue repartida entre Venezuela, Colombia y Ecuador).

Uno de los motivos por los que en 1856 se convocó en Santiago de Chile el Congreso de representantes de varios países latinoamericanos fue, según escribe el historiador ecuatoriano J. W. Villacrés Moscoso, "los temores que tuvieron algunos países sudamericanos, de que el gobierno ecuatoriano, presidido por el general Urbina cediese entre otros territorios, el Archipiélago de Galápagos, a los Estados Unidos, país que por su pasado historial, especialmente con relación a México y los países centroamericanos, ya se vislumbraba como una potencia imperialista, deseosa de adquirir una mayor expansión territorial en Sudamérica". Los historiadores latinoamericanos denominan a ese evento "Congreso Continental" (participaron Perú, Chile y Ecuador; más tarde Costa Rica, México y Guatemala declararon su adhesión a los documentos aprobados en el mismo). El Congreso redactó un convenio, que contenía cláusulas sobre la alianza de las repúblicas latinoamericanas contra el expansionismo de las potencias europeas y de EE. UU. y sobre "el mantenimiento de la integridad territorial de cada Estado, así como el deber en que cada una de las partes contratantes estaba de respetar la independencia de las otras" (7).

La noticia de que el gobierno del Presidente F. Robles (1856—1859) había iniciado nuevas negociaciones con EE. UU. para obtener un empréstito de 3 millones de dólares por la concesión del Archipiélago en arriendo, suscitó en 1858 tempestuosos debates en el Congreso Ecuatoriano. Las autoridades o el Congreso del Ecuador adoptaban medidas periódicamente para tranquilizar a la opinión pública y reafirmar la inmutabilidad de la soberanía nacional sobre el Archipiélago. Con tales fines, en particular, el 29 de Mayo de 1861 el Archipiélago fue proclamado provincia (8), y se tomaron algunas medidas para el poblamiento y el aprovechamiento más eficaces de las Islas. Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia intentaron reiteradas veces comprar las Galápagos o, por lo menos, obtener concesiones en ellas. EE ÜU. maniobró a fin de poner en tela de juicio, en general, que el Archipiélago perteneciera al Ecuador, de lo cual daba fe el mensaje enviado por el Presidente norteamericano Ch. A. Arthur al Senado el 15 de febrero de 1883 (9).

En 1890, durante los preparativos para la celebración del IV centenario del descubrimiento de América, el Congreso del Ecuador dispuso rebautizar el Archipiélago, dándole el nombre de "Archipiélago de Colón", y cambiar los nombres ingleses de las Islas por nombres españoles. Pese a las objeciones del Presidente A. Flores, el decreto del Congreso entró en vigor el 12 de octubre de 1892 (10). No obstante, las potencias siguieron insistiendo en sus pretensiones. En 1891, los gobiernos de Francia y de EE. UU. intentaron obtener del Ecuador autorización para realizar investigaciones científicas en el Archipiélago, aunque era palmario por demás que dichos estudios tenían carácter militar.

En 1893, la opinión pública ecuatoriana se vio agitada otra vez por la noticia de que el Presidente L. Cordero negociaba la venta de las Islas. El Presi­dente y R. Mahany, enviado extraordinario de EE. UU. en Quito, se apresuraron a refutarlo (11). Los estadistas y militares estadounidenses no ocultaron su anhelo de hacerse de una manera u otra, con las Galápagos, debido a su envidiable situación estratégica. Mas para calmar a la opinión pública del Ecuador, que veía con malos ojos toda concesión concerniente al Archipiélago, los representantes norteamericanos declararon reiteradamente su reconocimiento de la soberanía ecuatoriana sobre las .Islas. Lo mismo sucedió esa vez. En una nota dirigida al Presidente Cordero el 29 de abril de 1893, el enviado extraordinario Mahany, decía que el anhelo del Ecuador por conservar el Archipiélago como parte del país también "es un deseo cordial de Estados Unidos". Pero poco después los periódicos de Quito informaron de que durante las últimas maniobras navales los buques de EE. UU. habían tenido su base en el Archipiélago. EE. UU. quiso justificar esas acciones, que violaban palmariamente la soberanía del Ecuador, diciendo que por cuanto las Islas pertenecían a un país débil, éste no podría garantizar su neutralidad en caso de guerra. Olmedo Alfaro, hijo del Presidente Eloy Alfaro, observó al respecto: "Este es un nuevo principio que podríamos llamar de "derecho internacional estratégico moderno"... Pretextando su propia seguridad militar, toda gran potencia mundial parecería autorizada a ocupar cualquier país, adoptando así una actitud que constituiría un peligro para la humanidad entera" (12).

La lucha por el Archipiélago de Galápagos se enconó más aún a finales del Siglo XIX. Las grandes potencias capitalistas, y ante todo EE. UU., que habían pasado al período del imperialismo, intensificaron su expansión, incluso en esa región del mundo. El gobierno presidido por el general Eloy Alfaro, que asumió el poder como resultado de la insurrección popular del 5 de Junio de 1895 y expresaba los intereses de la naciente burguesía ecuatoriana, declaró que lucharía por el mantenimiento de la independencia del país y por la integridad de su territorio. En la aplicación de esa política tropezó de inmediato con serias dificultades: en primer lugar, con la enconada resistencia del Partido Conservador, separado del poder político y que, contando con el apoyo ilimitado de los terratenientes feudales y de la Iglesia, no se detuvo ante el desencadenamiento de una sangrienta guerra civil, y en segundo lugar, con la amenaza de los países vecinos. En tales circunstancias, era en particular dura y compleja la lucha por el mantenimiento de la soberanía ecuatoriana sobre las Galápagos.

EE. UU. seguía tejiendo intrigas en torno al problema del Archipiélago. Refiriéndose a esta cuestión, la revista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, Verde Olivo, decía en 1971 que el problema del Archipiélago fue uno de los "instrumentos de ese mal disfrazado intervencionismo" (13). En 1895, sin la conformidad ni el conocimiento del gobierno ecuatoriano, fue enviada a las Galápagos la corbeta norteamericana "Albatros" (14). Esa fue una de tantas violaciones de la soberanía ecuatoriana.

Apoyado por el pueblo, Alfaro luchó perseverantemente por mantener la soberanía del Ecuador sobre las Galápagos. Mientras tanto, crecía el apetito de los imperialistas respecto al Archipiélago. En julio de 1895, E. Alfaro, que acababa de asumir el poder, recibió de Londres una carta de un tal G. Wilczinsky, quien, en nombre del gobierno inglés, le ofrecía 4 millones de libras esterlinas por la concesión de un puerto a Gran Bretaña en el Archipiélago de Galápagos. Alfaro decía en un mensaje, que en febrero de 1898 un diplomático extranjero, hablando con él, se había interesado si se mantenían algunas negociaciones internacionales en cuanto a las Islas y le había ofrecido, en nombre de tres Estados europeos, 18 millones de libras esterlinas por el derecho a utilizar un puerto en el Archipiélago (15). En 1898, Francia ofreció a Eloy Alfaro 5 millones de libras esterlinas por la venta del Archipiélago y, aparte, 300 millones de francos a él "a título de agradecimiento", para que los repartiera a su propio albedrío entre las familias perjudicadas por la feroz dictadura de García Moreno (16). Alfaro rechazó con indignación todas esas ofertas.

El 27 de agosto de 1898, Alfaro dirigió al Congreso un mensaje confidencial, en el que informaba de que algunos países y compañías privadas manifestaban gran interés por obtener concesiones en las Islas Galápagos. Ponía en conocimiento del Congreso que había rechazado esas pretensiones "por incompatibles con los intereses de la República, y por ende, con la honradez y pureza de todo buen ecuatoriano" (17). En un segundo mensaje confidencial al Congreso, el 25 de octubre del mismo año, el Presidente decía que los anteriores gobiernos de J. Caamaño y de A. Flores habían mantenido negociaciones secretas con el gobierno francés relacionadas con el Archipiélago, y que el general F. J. Salazar había extraído del archivo del Ministerio de Asuntos Extranjeros del Ecuador todos los documentos referentes a dichas negociaciones (18). Con motivo de los mensajes presidenciales, el Congreso nombró una comisión especial para que trazara la línea de conducta a seguir respecto a la presión de las potencias imperialistas, que procuraban concesiones en el Archipiélago. La comisión, integrada por destacados parlamentarios, redactó recomendaciones, cuyo sentido se reducía a que el gobierno no debía dar pábulo alguno para tales propuestas; y si ellas se hacían, debía limitarse a oírlas. Debían ser declinadas de inmediato las propuestas de particulares y de compañías privadas; y no ser entregados a extranjeros —particulares o corporaciones— las tierras baldías del Archipiélago (19).

Cuando la construcción del Canal de Panamá había avanzado sensiblemente, el gobierno de EE. UU., teniendo en cuenta la colosal importancia estratégica del Canal, reanudó sus insistentes pretensiones a las Islas Galápagos. En 1900, el gobierno norteamericano, por mediación del enviado extraordinario Sampson, su representante diplomático en Quito, instó a que Alfaro le entregara en arriendo una isla del Archipiélago. Alfaro contestó que "el Ejecutivo carecía de toda facultad para tratar de ese asunto". En el mensaje enviado al Congreso al respecto, Alfaro decía que tan pronto como se recibiera por escrito la propuesta de EE. UU, él la remitiría de inmediato al Congreso para que decidiera lo "más conveniente a los intereses de la nación". Y más adelante recalcaba: "Asunto tan grave demanda la más absoluta publicidad, ahora más que nunca, a fin de que vuestros conciudadanos conozcan hasta los menores' detalles de esta oferta; y pueda ser vuestra resolución conforme a los dictados de la voluntad nacional y a las conveniencias internacionales del Nuevo Continente" (20).

<Fauna de Galápagos

Al dejar el cargo por expirar sus poderes presidenciales, Eloy Alfaro dirigió al Congreso Nacional, el 29 de agosto de 1901, un mensaje especial con motivo de las Islas Galápagos. Prevenía contra el peligro que amenazaba al Ecuador por parte de los Estados imperialistas. "No quiero separarme del poder —escribió Alfaro—, sin hablarles de un gran peligro para el país. . ., no sería patriota quien no buscase con anticipación todos los medios conducentes a evitarlo. . . Habló del Archipiélago de Galápagos, hoy de Colón; grupo de islas que se ha convertido en espada de Damocles suspendida sobre la cabeza de Ecuador; y que, en no lejano día, sería manzana de discordia de todas las potencias marítimas. . ., esa disputa redundaría necesariamente en perjuicio nuestro, porque somos los más débiles, y, por lo mismo mal podríamos contrarrestar la política imperialista que van adoptando las naciones poderosas. . . ¿Cuál sería, pues, la actitud que, ante perspectiva semejante, deberían tomar todos los ecuatorianos que aman verdaderamente a su Patria? Vuestra sabiduría y patriotismo son los que han de señalarles la senda segura..., teniendo en cuenta que, no sólo debemos salvar los intereses ecuatorianos, sino también los de las Repúblicas latinas del mundo de Colón. Buscar una solución en el desmembramiento de nuestro territorio, sería un crimen atroz. . .; nada de mermar la sagrada herencia que nos legaron los Libertadores. El suelo de la República no pertenece a ninguno, sino a ella misma. . . Desgraciado de quien la escarnezca. . .; su nombre pasaría a la posteridad con marca de eterna infamia. . ." (21). Alfaro instaba al Congreso a estudiar medidas para poblar eficazmente el Archipiélago con ecuatorianos y prestar ayuda a las familias de los colonos. Y advertía al mismo tiempo que, en el caso de posibles conflictos bélicos, la política más adecuada para el Ecuador era la de la neutralidad absoluta. Para quitar a los imperialistas todo pretexto de intervención, proponía —manteniendo plena soberanía del Ecuador sobre el Archipiélago—, declarar abiertos algunos puertos y permitir a las potencias marítimas tener en ellos almacenes de combustible. Alfaro proponía examinar esa cuestión, a fin de que la decisión que se adoptara respondiera, ante todo, a los intereses del Ecuador, así como a los de otros países latinoamericanos, y contribuyera al desarrollo del comercio internacional.

El 1° de septiembre de 1901 tomó posesión de la presidencia del Ecuador L. Plaza Gutiérrez, de quien Alfaro dijo que "no tenía convicciones políticas propias, y que una vez en el Solio, se volvería a un Marat, o un Torquemada, según conviniera a su personalidad" (22). El gobierno de Plaza Gutiérrez se caracterizó por el abandono de las consignas progresistas de la revolución de 1895 y el acercamiento del ala derecha del partido liberal, encabezada por el Presidente, a los conservadores. Alfaro, líder del liberalismo ecuatoriano, deploró amargamente que las circunstancias le hubieran obligado a dar su apoyo a la candidatura de Plaza a la presidencia, y así asegurar su elección. "He venido a cometer un error, si no un crimen" (23), declaró posteriormente.

La política de Plaza en la cuestión de la soberanía y la integridad territorial del país quedó expresada en las siguientes palabras: "No debíamos pelear por unos territorios que no podemos colonizar". Las Islas Galápagos devinieron objeto de transacción. Fueron ofrecidas a Francia por 100 millones de fran eos. "Urgente enviar instrucciones, porque ministros declara que si Francia no acepta, se harán propuestas a Inglaterra y Alemania", comunicó a París el encargado de negocios de Francia en el Ecuador (24). El Presidente Plaza envió a Londres a Lizardo García como representante especial suyo, para esclarecer el estado de cosas respecto a la "deuda inglesa", y le encomendó que al pasar por EE. ÜÜ. le ofreciera al Presidente T. Roosevelt el arriendo de las Galápagos por 5 millones de dólares. Se convino el viaje a Quito de un representante de EE. UU. para formalizar la transacción. Los países sudamericanos del litoral Pacífico, no eran indiferentes a la suerte de las Islas Galápagos. Galo Irrarázabal, enviado extraordinario de Chile en Quito, dirigió en 1904 al Ministro de Asuntos Extranjeros del Ecuador una nota proponiendo concertar un tratado comercial que contemplara también la creación, en alguna bahía del Archipiélago de Galápagos, de un almacén chileno de combustible para abastecer a una línea marítima en proyecto, así como a las marinas de guerra de Chile y del Ecuador. Chile se comprometería a obrar en el futuro conjuntamente con el Ecuador en la defensa de la soberanía ecuatoriana sobre el Archipiélago (25).

Después de la primera presidencia de Plaza y del breve desempeño del cargo de Presidente por L. García (septiembre—diciembre de 1905), volvió al poder Eloy Alfaro, como resultado del golpe militar de enero de 1906, y eso frustró la realización de los antedichos planes respecto ;a las Galápagos.

En el libro Vida y Muerte de Eloy Alfaro, el historiador R. Andrade dice que las negociaciones sobre la cesión de los derechos sobre las Galápagos se mantuvieron en secreto y se conocieron debido a las copias de cartas y cablegramas dejadas por L. García durante su precipitada huida del Palacio Presidencial de Quito (26). Así, pues, se vieron justificados los temores de Alfaro, quien en su mensaje de 1901 al Congreso advertía que al poder podían llegar hombres capaces de poner sus intereses por encima de los de la Patria.

En 1909, por mediación de businessman norteamericano A. Harmann, quien dirigía la construcción del ferrocarril Guayaquil—Quito, Alfaro recibió una nueva propuesta de EE. UU. sobre el arriendo del Archipiélago de Galápagos por 99 años, al precio de 15 millones de dólares. El 23 de junio de 1910, el Congreso aprobó un decreto que permitía al gobierno arrendar las Islas. El Presidente expresó su disconformidad con tal decisión (27). En aquel período, ante el peligro real de un choque militar de gran envergadura con Perú —debido a un viejo diferendo territorial—, muchos ecuatorianos propendían a que se debía vender el Archipiélago e invertir esos recursos en el fortalecimiento de la defensa nacional. Este criterio coincidía con el que fuera formulado en 1905 por Fray Vacas Galindo en su carta a la "Junta Patriótica" (organización social que debatía importantes cuestiones de carácter político). Teniendo en cuenta esta circunstancia así como el decreto que aprobara el Congreso el 23 de junio de 1910, Alfaro dio otro paso trascendental. Como condición previa para iniciar las negociaciones con EE. UU. sobre el arriendo del Archipiélago, demandó que Estados Unidos se comprometiera a garantizar la soberanía del Ecuador sobre todo el territorio de la república, lo cual fue puesto en conocimiento del representante diplomático de EE. UU. en Quito (28).

En Enero de 1911, antes de volver a plantear ,al Congreso la cuestión de las Galápagos, Alfaro decidió conocer la opinión pública, para lo cual dirigió a los gobernadores de todas las provincias una circular, en la que pedía constituir "Juntas de Notables", integradas por los ciudadanos más honorables, que representaran a todos los partidos y corrientes políticos. En la circular (29), el Presidente exponía la esencia de la propuesta sobre el arriendo del Archipiélago de Galápagos y el compromiso estadounidense de garantizar la integridad territorial del Ecuador. Añadía que, en caso de guerra, las Islas serían ocupadas seguramente sin conocimiento ni la anuencia del Ecuador y, además, sin compensación alguna. Alfaro decía, al mismo tiempo, que en esas Islas se podía practicar la pesca (sobre todo la del atún), lo que en el futuro sería una fuente de bienestar para el país. Se decía en la circular que el gobierno no daría ningún paso en una cuestión de tan vital importancia sin aconsejarse con toda la nación, aunque tenía fundamento jurídico (el decreto del Congreso de 23 de junio de 1910) para concluir el convenio de arriendo. Teniendo en cuenta la probabilidad de que vencieran los partidarios de arrendar las Galápagos a EE. UU., Alfaro proponía que, en tal caso, los recursos obtenidos no se invirtieran en fines militares, sino en el desarrollo económico del país y, en primer término en la construcción de tres líneas férreas y la realización de trabajos sanitarios en Guayaquil, principal ciudad portuaria del Ecuador, sempiterno foco de epidemias que causaba el mayor perjuicio al comercio exterior del país. Alfaro confiaba que los ciudadanos que participaran en las labores de las "Juntas de Notables" se regirían por el sentido de alto patriotismo y decidirían partiendo de los verdaderos intereses de la nación, el gobierno, por su parte, cumpliría incondicionalmente la voluntad del pueblo. "Un Gobierno patriota y prácticamente republicano, no puede obrar de otra manera; porque siempre debe tenerse como fiel mandatario de la nación" (30), decía Eloy Alfaro en la circular.

El pueblo reaccionó del modo más negativo a la propuesta estadounidense. Los ecuatorianos consideraban que las negociaciones sobre el arriendo del Archipiélago lesionarían el honor nacional y la soberanía del país. El prelado F. González Suárez, cabeza de la Iglesia ecuatoriana, teniendo en cuenta la opinión nacional, claramente expresada, se manifestó contra el arriendo de las Galápagos. El "preceptor espiritual" del pueblo no perdió la ocasión de criticar violentamente al gobierno de Alfaro, acusando a los liberales de querer desmembrar el Ecuador y de ser "enterradores de la patria", etc. (31).

Contando con el apoyo del pueblo, el gobierno renunció a las negociaciones e interrumpió los contactos sobre esas cuestiones con el enviado extraordinario de EE. UU. en Quito. Reafirmase una vez más la soberanía del Ecuador sobre el Archipiélago. Las insinuaciones de los eclesiásticos fueron denunciadas posteriormente por el político liberal ecuatoriano J. Peralta, quien escribió: "Le denigraron al General Alfaro, sólo por haber consultado a sus compatriotas sobre una proposición de arriendo o venta de Galápagos. . . Vergüenza y baldón para quienes piensan de tan menguada manera; y más, si sostienen tan degradantes afirmaciones por odio a un muerto ilustre, al que la posteridad colocará en no lejano día, entre los más grandes y gloriosos hijos de América" (32).

EE. UU. aprovechó la cuestión del Archipiélago de pretexto para intervenir en los asuntos interiores del Ecuador y crear dificultades al gobierno de Alfaro. "Durante largos meses la Revolución se vio enfrascada en una viva y agitada polémica en torno a la propuesta norteamericana. . . Previamente, habían formado (EE. UU. N. del A. del presente artículo) su equipo de confianza en el seno mismo de la Revolución, equipo que comandó el general Leonidas Plaza Gutiérrez,. . . corrían los dólares asegurando votos en el Parlamento. . . Pero el enorme prestigio de Alfaro y la tenacidad con que los radicales defendieron la soberanía del país, echaron por tierra los planes de los Estados Unidos y el Archipiélago de Galápagos continuó siendo ecuatoriano" (33).

Durante la primera guerra mundial, buques de guerra alemanes, violando la neutralidad proclamada en 1914 por el Ecuador, penetraron subreptíciamente en aguas del Archipiélago e intentaron crear almacenes de combustible e instalar una estación de radiotelegrafía en una de las Islas. Cuando el gobierno del Ecuador conoció esos actos, envió a las Galápagos el navío "Constitución", comandado por el jefe del puerto de Guayaquil. Pero sólo el acercamiento de una escuadra inglesa hizo levar anclas urgentemente al crucero "Leipzig" y demás buques alemanes (34). Posteriormente fueron reiterativas las apariciones, en aguas del Archipiélago, de submarinos alemanes, y de japoneses después.

Poco después de terminar la primera guerra mundial, estuvieron durante un mes en la zona del Archipiélago los cruceros norteamericanos "South Dakota", "Tennessee", "California" y "Arkansas".

En los años subsiguientes, EE. UU., sin el menor consentimiento del gobierno ecuatoriano, empleó reiteradamente el Archipiélago como base para maniobras de su Flota del Pacífico. Por ejemplo, en 1928 durante largo tiempo se encontró en aguas del Archipiélago el crucero norteamericano "Rochester" (35).

En el mencionado libro El Canal de Panamá en las guerras futuras, Olmedo Alfaro —hijo de Eloy Alfaro— escribió en 1930:

"El pueblo ecuatoriano que naturalmente es opuesto a todo acto en detrimento de su honor y su futuro territorial, en vista de lo pasado en otras regiones de nuestro continente y de los signos amenazantes de la situación, comienza a considerar seriamente el peligro... Últimamente ha causado gran impresión un artículo de Charles Hedges, miembro principal de una de las universidades estadounidenses, en el que evidencia el modo de pensar de muchos de sus compatriotas. La sabiduría nacional, dice el escritor, aconseja que se incluyan en el programa nuestro, los principios más elementales de seguridad. Tratándose de Galápagos hay cuatro posibilidades diplomáticas: 1) Los EE. UU. pueden asegurarlas por compra directa, los esfuerzos recientes hechos en el Ecuador, demuestran que esto no es posible; 2) El Ecuador puede ser inducido a arrendar las islas a perpetuidad, pero éste tampoco ha sido un movimiento diplomático satisfactorio; 3) El Ecuador puede ser inducido a permitir a los EE. UU. el uso de ellas como una base para maniobras, por un corto período de años; aquí también se ha fracasado en las negociaciones. Hay, sin embargo, un cuarto medio; es el de llegar a una ocupación conjunta de las Islas, con un carácter estrictamente limitado. Un arreglo de esta clase, le permitiría a los EE. UU. el uso de las ventajas estratégicas de las Galápagos exactamente lo mismo que hemos hecho en Cuba, podíamos establecer una base naval, parecida a la de Guantánamo. . . Si algún día los EE. UU. —prosigue O. Alfaro—, por uno de los cuatro medios que amablemente nos señala Mr. Hedges, ocupasen las Islas de Galápagos no solamente sufriría el Ecuador, sino que el bloque se proyectaría también sobre el resto de Sur América". O. Alfaro dice más adelante que semejante política de EE. UU. estaría en absoluta correspondencia con una declaración del ex presidente Taft, publicada en una revista norteamericana y reproducida después por el periódico La Estrella de Panamá: "No está lejano el día en que tres banderas de estrellas y barras, señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio, una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el Hemisferio será nuestro de hecho, como, en virtud de nuestra superioridad de raza ya es nuestro moralmente". (36)

Unos meses antes del ataque japonés a la base norteamericana de Pearl Harbour, EE. UU. declaró oficialmente la necesidad de establecer bases militares en las Islas Galápagos (37). EE. UU. no presentó ninguna solicitud al gobierno ecuatoriano al respecto. Únicamente declaró lo que ya se había hecho en la práctica, sin conocimiento ni consentimiento del Ecuador. No obstante, en pugna con la verdad histórica, A. B. Thomas, apologista de la política expansionista estadounidense, asevera que "el Ecuador concedió de buen grado, en su costa y en las Islas Galápagos, bases navales a los Estados Unidos" (38). En 1942 se suscribió un convenio, por el que el Ecuador concedía a EE. UU. bases estratégicas en las Galápagos y en la península de Santa Elena (39).

El convenio contemplaba que los norteamericanos dejarían las bases un año después de acabada la guerra (40).

Como consecuencia de la insurrección armada dirigida por los partidos progresistas, y ante todo por los comunistas, en mayo de 1944 en el Ecuador fue derrocado el gobierno dictatorial de Arroyo del Río y convocada la Asamblea Constitucional, que en 1945 aprobó la nueva Constitución, la más democrática de las habidas en el país. La Constitución reafirmaba la tesis sobre la inmutabilidad de la soberanía ecuatoriana sobre todo el territorio nacional, tanto en el continente como en las Islas. En el llamamiento al Pueblo publicado por la Asamblea se decía, en particular, que ella había rechazado el proyecto, presentado al examen de una de sus comisiones, según el cual se concedía al gobierno el derecho de permitir "la permanencia de tropas o de naves de guerra de otras naciones, por un tiempo limitado, en territorio o aguas territoriales del país", para evitar que ello pudiera interpretarse como consentimiento de la existencia de bases militares en Salinas (península de Santa Elena) y en las Galápagos también en la postguerra. La Asamblea recalcaba que la ayuda desinteresada prestada por el Ecuador a Estados Unidos durante la guerra no debía servir de pretexto para continuar la ocupación norteamericana de las Islas "ni. aún a pretexto de defensa continental" (41).

Pese a ese estado de ánimo, EE. UU. volvió a proponer a Ecuador el arriendo de Galápagos por 99 años. C. Ponce Enríquez, Ministro de Asuntos Extranjeros del Ecuador, pronorteamericano, presentó la respectiva propuesta al examen de la Asamblea Constitucional, que fue rechazada con indignación (42). Los diputados exigieron la evacuación inmediata de las bases en el Archipiélago y en Salinas. "El problema se plantea para el Ecuador en los mismos términos. Ayer, hoy y siempre. Porque, de uno u otro modo, se trata de afectar su soberanía e integridad territorial. Y frente a ese propósito, las palabras del Viejo Luchador (E. Alfaro. - N. del A. del presente artículo) adquieren valor profético y vigencia definitiva. Hoy con más fuerza que ayer, porque los peligros son mayores. Desde el fondo de la historia, la voz de Alfaro marca la ruta. Y condena a los vendepatrias", escribió al respecto el historiador marxista M. Medina (43).

Los comunistas encabezaron la lucha contra la ocupación norteamericana del Archipiélago. R. Paredes, entonces Secretario General del Partido Comunis­ta del Ecuador, envió al ministro de Asuntos Extran­jeros una carta diciéndole que, por haber terminado la guerra, carecía de todo fundamento mantener bases militares extranjeras en territorio nacional. Continuar la ocupación de las Galápagos implicaba para el Ecuador la pérdida de millones de sucres, debido a la res­tricción de la pesca en esa zona, y era un freno en el desarrollo económico y social. "El Archipiélago de Colón representa para el Ecuador inmensas posibilidades de aprovechamiento de sus recursos naturales y de su posición geográfica. La obra de colonización del Archipiélago es urgente, y debe ser continuada con la colaboración entusiasta de toda la nación. Postergar más tiempo la desocupación de las bases afectaría a la soberanía del Ecuador. El Comité Central del Partido Comunista del Ecuador cree que ha llegado el momento de proceder a realizar las gestiones para que las fuerzas armadas de Estados Unidos desocupen las bases. . ." (44).

El último buque de guerra de EE. UU. abandonó el Archipiélago el 7 de Julio de 1946. No había regresado aún al continente la comisión observadora del Ecuador enviada a las islas, cuando los ocupantes norteamericanos volvieron a aparecer en las Galápagos. Una ola de protestas recorrió todo el país. Se adoptaron nuevas resoluciones contra la ocupación. En definitiva, los "marines" norteamericanos hubieron de abandonar el Archipiélago. Al marcharse, destruyeron cuanto pudieron: el aeropuerto, los muelles, las viviendas. Los equipos y la maquinaria fueron arrojados al mar. Durante la presidencia de C. Ponce Enríquez (1956 - 1960) se firmó un acuerdo con EE. UU., que autorizaba a cien familias norteamericanas a instalarse en las Islas del Archipiélago (45). Aunque el convenio no se llevó a cabo prácticamente, entraña el peligro de ocupación militar so pretexto de "defensa de la vida y los bienes de los ciudadanos norteamericanos". Debido a ello, el Comité Ejecutivo del CC. del Partido Comunista del Ecuador publicó una hoja volante advirtiendo el peligro de enajenación del Archipiélago. '"Olmedo Alfaro hizo la denuncia con toda precisión", se decía en esa volante (46).

El gobierno actual del Ecuador aplica una política de defensa de la soberanía nacional y de los recursos naturales del país, contra la expoliación por parte de los monopolios extranjeros. Como predijera E. Alfaro, la zona de las Galápagos se convierte en fuente de riqueza del Ecuador. Pero el archipiélago atrae también hoy las miradas de los imperialistas. Ahora bien, el pueblo ecuatoriano libra una lucha enérgica en defensa de sus intereses nacionales.

Agosto 1975 "Problemas de Historia" (Vopsosy Istorii)


NOTAS

(1) Véase Federico E. Trabucco. Síntesis histórica de la República del Ecuador, Quito, 1968, Pág. 470.
(2) Véase Carlos Manuel Larrea. El Archipiélago de Colón (Galápagos), Quito, 1960, Págs. 121, 124, 241.
(3) Véase Federico E. Trabucco. Ob. cit, Pág. 544.
(4) Conservaron este nombre casi hasta fines del si­glo XIX. Véase Carlos Manuel Larrea. Ob. cit., Págs. 129, 130.
(5) Véase Jorge W. Villacrés Moscoso. Historia diplomática de la República del Ecuador, Guayaquil, 1971, t.-IL, Págs. 315, 319, 327.
(6) Véase Carlos Manuel Larrea. Ob. cit., Pág. 145.
(7) Véase Jorge W. Villacrés Moscoso. Ob. cit., Págs. 331, 332.
(8) Véase Carlos Manuel Larrea. Ob. cit., Págs. 242, 243. En 1885, el Archipiélago pasó nuevamente a ser administrado por las autoridades de la provincia del Guayas.
(9) Véase Carlos Manuel Larrea. Ob. cit., Pág. 245.
(10) Véase ibid., Págs. 117, 118.
(11) Véase Olmedo Alfaro. El Canal de Panamá en las guerras futuras, Guayaquil, 1930, Pág. 36.
(12) Ibídem.
(13) Véase "Pretensiones de EE. UU. sobre Galápagos", Verde Olivo, La Habana, 1971, No. 47 .
(14) Véase Carlos Manuel Larrea. Ob. cit., Pág. 248.
(15) Véase Eloy Alfaro. Obras escogidas, Guayaquil, 1959, t-II. Pág. 337.
(16) García Moreno fue Presidente del Ecuador de 1861 a 1875. Jorge W. Villacrés Moscoso. Ob. cit, Guayaquil, 1972, t-III, Pág. 288.
(17) Eloy Alfaro. Ob. cit., t-II, Pág. 221.
(18) Véase Carlos Manuel Larrea. Ob. cit., Págs. 246, 247.
(19) Véase ibid., Pág. 247.
(20) Jorge W. Villacrés Moscoso, Ob. cit., t-III, Pág. 279.
(21) Eloy Alfaro. Ob. cit., t-II, Págs. 221, 223.
(22) Ibid., Pág. 120.
(23) Ibid., Págs. XV.
(24) Oswaldo Albornoz P. Del Crimen de El Ejido a la Revolución del 9 de Julio de 1925, Guayaquil, 1969, Pág. 65.
(25) Véase Carlos Manuel Larrea. Ob. cit., Págs. 248, 249.
(26) Véase Roberto Andrade. Vida y Muerte de Eloy Alfaro, New York, 1916, Pág. 381.
(27) Véase Jorge W. Villacrés Moscoso. Ob. cit., t-III, Pág. 377.
(28) Véase Ibid., Págs. 377, 378.
(29) Véase Carlos Manuel Larrea. Ob. cit., Págs. 411, 416.
(30) Ibid., Pág. 413.
(31) Véase Jorge W. Villacrés Moscoso. Ob. cit., t-III, Págs. 379.
(32) José Peralta. Para la historia, Cuenca-Ecuador, 1920. Págs. 70, 72.
(33) Véase Verde Olivo, ed. cit.
(34) Véase Carlos Manuel Larrea. Ob. cit. Pág. 252.
(35) Véase Ibid., Págs. 253, 254.
(36) Olmedo Alfaro. Ob. cit., Pág. 38.
(37) Véase Manuel Medina. EE. Uü. y la Independencia de América Latina, Guayaquil, 1974, Pág. 197.
(38) A.B. Thomas. Historia de América Latina, Moscú, 1960, Pág. 434 (en ruso).
(39) Véase Jorge W. Villacrés Moscoso. Política económica internacional del Ecuador, Guayaquil, 1959, Pág. 98.
(40) Véase Manuel Medina. Ob. cit., Pág. 197.
(41) Ibid., Págs. 200, 201.
(42) Véase Verde Olivo, ed. cit.
(43) Manuel Medina. Ob. cit., Pág. 203.
(44) Ibid., Pág 198.
(45) Véase Verde Olivo, ed. cit.
(46) " ¡Galápagos sea colonizado por ecuatorianos! ¡Fuera los invasores yanquis! " Guayaquil, enero 5 de 1960..



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