Fábulas completas de Dr. Rafael García Goyena

Fábulas coloniales.

Nació en Guayaquil el 31 de Julio de 1766
y murió en Guatemala el 9 de Noviembre de 1823

Prólogo

El Buey y la Serpiente.
Fábula Política
Las palomas y los sanates nidificando
La Araña y la Oruga
El Mastin y la Rata
El Loro y el Cerdo
La Yegua y el Buey
Los Gatos en Brama
Los Sanates en Consejo
La Cocinera , la Gallina y las Palomas
Los Muchachos, los Sanates y el Loro
El Macho de Arriero y el Caballo de Carreta
El Armado y la Raposa.
La Araña y el Mosquito.
Los animales Nocturnos , la Mariposa y la olondrina.
Los Perros
El Jinete y el Potro
La Mosca, la Hormiga y la Palomilla Nocturna.
El Piojo, la Pulga y la Nigua.
Los Fueron Jumentiles
El Zopilote con Golilla
La Mariposa y la Abeja
El Mulo, el Potrillo y la Picaza
El Venado, la Serpiente y la Paloma.
Los Sanates y el Burro.
Los Animales Congregados en Cortes
El Pavo Real, el Guarda y el Loro
Los Animales en Cortes
El Dogo Faldero y el Mastín
Las Golondrinas y los Barqueros
Las Hormigas y la Lombriz
El Coyote y la Oveja
Esopo y el Escarabajo
El Ciervo y la Oveja, siendo Juez el Lobo.
A La Libertad
El Lorito
La Loca y la Viejo
El Poeta y el Loro
La Vieja y el Bailarín
Amistad (Epigrama)
Yo me Confieso a la Santa Inquisición
Canto a la Independencia de Guatemala

Sobre el Autor

EL BUEY Y LA SERPIENTE
Prólogo

Bajo un árbol sombrío
el manso buey estaba,
y a sus solas rumeaba
diciendo en baja voz:
"Yo sirvo al dueño mío
no sólo como criado
surcando con mi arado
su rústica mansión:

"Se dirige a otro objeto
mi oficio liberal,
y en la ciencia moral
hago de preceptor.

"Si repara discreto
a mi muda enseñanza,
como hace en la labranza
cuando arándola voy;
verá mi mansedumbre;
mi dócil obediencia,
mi sufrida paciencia,
mi constante tesón.

"Una escasa legumbre
me sirve de alimento
de muy poco sustento,
y de ningún sabor"....

Una serpiente astuta,
que bajo el nido asecha
a un gorrión que pelecha
al buey interrumpió:

"Yo. dijo, sin disputa,
soy maestra y preceptora
del hombre, desde la hora
que nos calienta el sol.

"Entonces inocente
en tiempo inmemorial,
le di del bien y el mal
la primera lección".

"Después ya delincuente
y de índole proterva
si mi conducta observa,
mil máximas le doy".

"En mi canto, desvío
de un retiro estudioso;
y en mi curso tortuoso
de un discreto temor".

"De todos desconfío,
porque en fraudes experta
tan sólo sé que acierta
el que piensa lo peor".

"La fama me celebra,
dándome preferencia
por mi mucha prudencia
de la que emblema soy".

Hasta aquí la culebra
sus méritos pregona,
pero nada menciona
de su veneno atroz.

En la naturaleza
todo ser es activo:
y también instructivo
según su condición.

Enseña con viveza
sencilla y elegante
el máximo elefante
y el mínimo arador.

El benéfico bruto
y la fiera dañina
le dan sana doctrina
al buen entendedor.

De todo saca fruto
quien lo bueno aprovecha,
y lo malo desecha,
benévolo lector.


ll

FÁBULA POLÍTICA

Nuevo sistema de Gobierno en el
Reino Animal.

------------------------

Sabrá mi lector curioso,
si por fortuna lo ignora,.
por qué es fortuna en el día
ignorar algunas cosas....

Que en los países de levante,
allá en tierras muy remotas,
hubo en el reino animal
una conmoción ruidosa.

En un espacioso valle
circundado de las ondas
por una parte, y de peña
inaccesible por la otra.

De todos los animales
un congreso se convoca,
desde el reptil que se arrastra
el ave que se remonta.

Confusamente mezclados
el milano y la paloma,
el cordero con el lobo,
la gallina y la raposa.

Hasta los brutos marinos
arrimados a la costa
innumerables cabezas
sobre las aguas asoman.

El objeto de la junta
es variar la antigua forma
del político gobierno,
porque a muchos incomoda.

Subida sobre un peñasco
hizo de orador la zorra,
como en otro tiempo Tulio
en las tribunas de Roma.

Sin captar benevolencias
con el asunto se exordia, .
diciéndole esta arenga
más bien sentida que docta:

Mas ha de sesenta siglos
según la cuenta más corta,
que de nuestro imperio el hombre
por príncipe se corona.

El es, como uno de tantos
mísero mortal; y consta,
que nuestras mismas flaquezas,
y pasiones le son propias.

Pero hoy en la elevación,
cercado de honor y gloria ,
orgulloso no permite
que se le siente una mosca.

Que somos su patrimonio,
por todo el orbe pregona;
y que nació para rey
en su concepto es un dogma.

Bajo su cetro de hierro,
y sus leyes caprichosas.
ninguno tiene seguras
la vida, la hacienda ni honra.

Sanguinario por carácter,
sólo porque se le antoja
nos hiere, mata y desuella
en juguete y por chacota.

Muchas familias enteras
de nuestro género lloran
sin su libertad sujetas
a esclavitud vergonzosa.

Y los que la conservamos,
a su pesar, es a costa
de una vida fugitiva
llena de susto y zozobra,.

Los brutos, que por humildes,
ante él la rodilla doblan,
dice que son sus amigos
y los oprime y devora.

A los que llama rebeldes
porque sus derechos cobran,
en sus últimas trincheras
a sangre y fuego destroza.

¿Cuál especie de las nuestras
hizo fortuna a la sombra
de su amparo? ¿dónde están
las ventajas y mejoras?

Si con dolosos regalos
suele cebar a las bobas
es porque le hagan después
pías gordo el caldo de la olla.

De modo que es más temible
por sus dádivas sinónimas
que cuando tirano ofrece
veneno, puñal o soga.

Con bárbara petulancia,
cuando de noble blasona
se apellida por grandeza
señor de cuchillo y horca.

Si los peces que me escuchan
no fueran mudos, ahora
refirieran sus crueldades
y fraudulentas tramoyas.


El corpulento cetáceo
que en el piélago se engolfa
y el humilde caracol,
que arrastra su frágil concha,
en los anchurosos senos
del elemento que moran,
no encuentran seguro asilo
que los defienda y esconda.

Déspota "el más absoluto,
su política es su bolsa,
sus leyes son los placeres,
y su razón su pistola.

Del gran soberano es esta
una diminuta copia,
y de su largo reinado
la más abreviada historia.

En este punto la inmensa
muchedumbre se endemonia,
grita, chilla, bala, gruñe,
bufa, ruge, brama, rosna.

La serpiente, dando un silbo
sobre una piedra se enrosca;
eleva el cuello, y erguida
la cabeza, así perora:

—En sólo el hombre reunidas
las facultades se logran
del discurso, la palabra,
y de la fuerza obradora.

Aquel cerebro inventor,
aquella elocuente boca;
aquella mano flexible,
que a tantos usos se amolda.

Estos son los tres poderes
que en el político idioma
a la majestad suprema
necesariamente adornan.

Mientras permanezcan juntos,
bajo de una mano sola,
si alguna vez favorables,
mil veces serán en contra.

Los poderes se dividan':
uno sea el que sanciona;
aquel quien juzga y el otro
la fuerza armada se ponga.

Así la soberanía
sus principios reconozca;
y sirvan sus atributos
a la patria de custodia.

Guardándose el equilibrio,
las autoridades obran
con mutuas emulaciones
y recíproca concordia.

Aquí quedó interrumpido
el discurso, porque todas
las bestias con el aplauso,
y víctores se alborozan.

A una voz gritan: "Se aprueba"
y al momento se disponga
la ejecución del sistema,
que por nosotros se adopta.

Al elefante que ha dado
entré los de aquella tropa
de su mucha inteligencia
unas pruebas muy notorias,

Del poder legislativo
dueño absoluto lo nombran;
y él, en señal que lo acepta
rinde hasta el suelo la trompa.

El judiciario poder
que hace las declaratorias
de la ley, lo dan al loro,
al papagayo y cotorra.

Al famoso orangutango
cuya figura confronta
con la humana y en la mano
tiene diferencia poca,.

El poder se le encomienda
de la fuerza ejecutoria;
y ya las autoridades
una de otra se divorcian.

Los proyectos que el cerebro
en bien del público forja,
unas lenguas los explican,
y otras manos los apoyan.

Es preciso confesar,
que si de los tres se toman;
de aquel mono la figura,
del perico la voz bronca,

Y del discreto elefante
la inteligencia que asombra
y se unen en un sujeto
para hacer una persona,

Nunca podrá resultar
un ente tal, que suponga
Ib que un estúpido humano
de la nación hotentota.

Sin embargo, al ejercicio
de la majestad aprontan,
y del soberano usurpan
el tratamiento y la pompa.

En las primeras sesiones
mil abusos se reforman,
mil providencias se dictan,
mil privilegios derogan.

La libertad se decreta
que los animales gozan
para explicar lo que siente
cada uno en su jerigonza.

Se establece la igualdad
con cuya farsa censoria
tanto el mínimo arador
como a la Ballena importa.

Otras útiles materias
dignas de Lacedemonia
se examinan y discuten
con aplicación heroica.

Pero hétele aquí que cuando
con más calor se funciona,
según las atribuciones
que a cada poder le tocan,

Armado de punta en blanco
con una valiente escolta
de Alanos, el hombre mismo
se presenta entre las rocas.

Con el arribo importuno
la multitud quedó absorta;
"él es, dicen, y a nosotros
se dirige su derrota".

El elefante discreto,
que conoce y reflexiona
los peligros, el primero
puso pies en polvorosa.

En volandas le siguieron
de las indiciarías Togas
las turbas; y de las aves
la sociedad volantona.

El orangutango grave,
por hacer la fuga pronta,
multiplicando los pies
sobre las manos se postra.

Tras él huyeron las fieras
apostando a quien más corra,
desamparan la campaña
y en las malezas se emboscan.

Las culebras se desfilan
con inflexiones tortuosas,
y en los hoyos subterráneos
ocultaron su ponzoña.

Los peces se zambuyeron
a sus cavernas más hondas,
y con el gran movimiento
las aguas hicieron olas.

Sólo las especies mansas
con su suerte se conforman
y siguen, o bien paciendo
o bien rumiando a sus solas.

El hombre llega triunfante
sin que nada se le oponga;
y el reino animal se rige
por sus antiguos axiomas.

Permite, lector amigo,
que mis conceptos proponga
sin hacer aplicaciones
porque suelen ser odiosas:
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Si acaso algún Aristarco
mal mi fábula acomoda,
diré lo que dijo Iriarte:
"que con su pan se lo coma".

FÁBULA II
-LAS PALOMAS Y LOS SANATES NIDIFICANDO.

Con filosóficos ojos
cierto curioso observaba
las palomas y sanates
en la estación que anidaban.

Las primeras, macho y hembra
de conformidad trabajan
desde el punto que en el nido
se pone la primer paja.

Una lleva el material
y otra, sin nivel ni escuadra,
naturalmente arquitecta
con sólo el pico lo labra.

Después, en la empollación.
sobre los huevos descansan,
una llega y los fomenta
mientras la otra se levanta.

De los nacidos pichones
no se descuidan entrambas,
suministrando a cada uno
la asistencia necesaria.

De los preparados buches
al de los pollos trasladan
la ya medio digerida
y conveniente substancia.

Las palomas de este modo,
al tiempo que se propagan,
con igualdad participan
los placeres y las cargas.

Al contrario en los sanates,
la hembra tan sólo se afana:
ella el material conduce,
empieza el nido y lo acaba:

Ella los huevos calienta,
y cuando los pollos saca,
sólo ella con mil fatigas
les proporciona la vianda.

Mientras tanto el clarinero,
que es el macho de la casta,
cantando de árbol en árbol
alegre la vida pasa.

El curioso observador,
viendo diferencia tanta
entre estas aves, decía,
adivinando la causa:

"En el consorcio nupcial,
la fidelidad jurada
un padre cierto a los hijos
en el marido señala.

Este los tiene por suyos
y con tierno amor los ama,
dividiendo con la madre
los cuidados de la crianza.

Pero en el franco comercio
de una Venus libre y vaga
aun la misma madre ignora
el padre de lo que nazca.

Todo macho desconoce
esta prole por extraña,
y porque puede ser de otro
nadie por suyo lo marca

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Sepan para su gobierno
mi fábula las muchachas;
e imitando a las palomas
no pretendan ser sanatas.


FÁBULA III
LA ARAÑA Y LA ORUGA

Bajo un vaso cristalino
suelo encerrar las orugas,
para saber cuándo y cómo
en mariposas se mudan.

Este insecto, por instinto,
para la muerte acostumbra
disponerse en un retiro
lejos del comercio y bulla.

En abstinencia perpetua,
y con vigilancia suma
sus postrimeros instantes
toda su atención ocupan.
De cierto humor glutinoso
que de sus entrañas purga
con delgados hilos teje
las fatales ligaduras.
Contra lo terso del vaso
repetidas hebras cruza,
y sobre ellas sus cenizas,
y las esperanzas funda.
Allí con impulso propio
la antigua piel se desnuda,
y bajo el nombre de ninfa
una bolsa la sepulta.

Pasados algunos días,
en que el calor la fecunda,
ya mariposa brillante
sale volando de la urna.

Observando este portento
una vez, como otras muchas,
vi en un pequeño resquicio,
que estaba una araña oculta.

Entre el vaso y la pared
extendió su tela, astuta,
con cuyo doloso arbitrio
su efímera vida busca.

Atisbando cautelosa
a un gusano en su clausura
entre dientes murmuraba,
haciéndole mofa y burla.

" ¡Qué raro tema, decía,
el que a este bicho preocupa!
no come, bebe, ni duerme,
pensando sólo en la tumba.

¡Pobre diablo! con qué empeño,
con qué calor, y qué furia
ha tomado por oficio
labrarse la sepultura.

Las entrañas se devana,
y para morir madruga,
de las delicias se priva,
y hasta el pellejo renuncia.

Yo también me desentraño,
pero por la causa justa
de procurarme la vida
y placeres que la endulzan.
Al sólo nombre de muerte
el cuerpo se me espeluzna,
su más remoto peligro
me hace guardar esta gruta".

Oyolo todo el gusano
y con su voz moribunda
le dijo: "los dos tenemos
razón en nuestra conducta.

Tú, que otra vida no esperas
más que la presente, gusta,
de sus placeres, y teme
que la muerte los destruya.

Yo voy alegre al sepulcro
y aun lo prevengo de industria,
porque la muerte es el medio
de mejorar mi fortuna.

Ahora soy gusano humilde
que me arrastro con angustia,
y mañana ave del cielo
volaré por las alturas".
Lo mismo decir pudiera .
un fraile de la cartuja,
contestándole a Voltaire
los sarcasmos y las zumbas.
Siglo que ilustrado llaman
las arañas de que abunda:
aprovecha las lecciones
con que un gusano te alumbra.

FÁBULA IV.
EL MASTÍN Y LA RATA

En la opulenta vivienda
de un ricote, estaba echado
un grave mastín cebado
de esos que guardan "la hacienda"
Una rata reverenda
mirando el paso seguro
dejó el subterráneo oscuro
en que tiene domicilio,
para pedirle su auxilio
en un gravísimo apuro.

Llega con modestia grata,
ante el perrote se humilla,
y en tales términos chilla
la humilde y tímida rata:
"Si entre los hombres se trata
de excitar, la humanidad,
yo tengo necesidad,
en mis crecidos tormentos,
de implorar los sentimientos
de vuestra animalidad".

"Soy una mísera viuda,
que a seis hijitos mantengo,
y bajo del sol no tengo
una alma que esté en mi ayuda".
"Me ha jurado guerra cruda,
un gatazo fementido,
que acabó con mi marido,
con mi madre, con mi abuela,
y a toda mi parentela
tiene un odio envejecido".
"No vivo libre un momento,
de continuos sobresaltos,
recelando los asaltos
de este enemigo sangriento".
"Cuando busco el alimento
necesario a mis menores
¡qué sustos y qué temores
y qué precauciones gasto
para no servir de pasto
a sus dientes trinchadores!"
Aunque es tan cruel y temible
para nosotros, con todo
se conduce de otro modo
ante tu aspecto terrible;
a sólo tu vista horrible
se eriza todo el gatazo,
pone en arco el espinazo,
cola y orejas encoje,
y en algún rincón se acoge,
temiéndose algún fracaso.
Siendo, pues, tan superior
por tu fuerza y valentía
tanta la cobardía
del tirano mi opresor,
será para tu valor
muy pequeña esta victoria,
pero eclipsará la gloria
de toda la, gatomaquia
y desde Lempa al Valáquia
celebrarán tu memoria.

"A esta infeliz patrocina;
tu noble esfuerzo me valga:
no permitas que se' salga
esta fiera con mi ruina".
"A tu cólera canina
no puede hacer resistencia:
líbrame de la violencia
de su famélica saña,
y harás con sólo esta hazaña
segura nuestra existencia".

El mastinazo tenía
sobre las manos cruzadas,
descansando las quijadas
y al soslayo la veía;
contestándole decía
a la rata dolorida:
"Lleve paciencia, querida,
sus temores y disgustos,
que a cambio de tales sustos,
se nos concede la vida".

"Ningún mortal se sustrajo
de pagar este tributo
desde el león, monarca bruto,
al humilde escarabajo.
"Está en regla tu trabajo
según cierto colegial,
pues tanto el bien como el mal,
el descanso y la fatiga,
entran en el plan, amiga,
del sistema universal".

En esta razón gritó
el amo, porque enfadado
le daba voces a un criado,
y luego el perro ladró.
Al puntó se levantó,
diciendo: "voy en ayuda
del pobre Hombre, que sin duda,
en algún peligro está,
y talvez extrañará
que a su defensa no acuda".

De esta suerte se despide,
y ladrando el Perro corre
hacia el hombre a quien socorre
sin que nadie lo convide.
Pero a la Rata, que pide
con necesidad extrema,
la deja que gima y tema,
añadiendo el desconsuelo
de que su pena y su duelo
está en orden del sistema.

Aliviamos al pudiente
en sus penas moderadas,
y en las suyas reagravadas
dejamos al indigente.
Bien sabes, lector prudente,
que es fábula lo que escribo,
pero si eres reflexivo
y de memoria no escaso,
te acordarás de algún caso,
idéntico y efectivo.

FÁBULA V
EL LORO Y EL CERDO

Tengo un loro tan inquieto
que por todas parte anda
enemigo como muchos
de la quietud de la estaca.

Al llegarse a la cocina
le dio un elote mi criada,
y él se puso a devorarle
con el pico y con las patas:

Como estas por estructura
son tan mal acomodadas,
para el servicio manual
cuando es menuda la vianda,

Un grano coje, otro bota,
este suelta, aquel agarra,
y antes de probar bocado
media mazorca desgrana.

Los tordos y los sanates
se le hicieron camaradas,
y en sus desperdicios tienen
con los pollos mesa franca.

Un Cerdo muy bien cebado
con paso grave llegaba,
y gruñendo aquel desorden
dijo: "mire usted qué infamia!

Con pródigas profusiones,
mantener gente holgazana
y abusar de la simpleza
de esta ave sencilla, incauta.

Ea, yo pondré remedio,
no hay que afligirse por nada"
Acercóse: dicho y hecho,
todo el elote se traga.

La conducta del Marrano
no me ha parecido extraña,
pues no son nuestras costumbres
capaces de mejorarla.

Lo mismo hace un Albacea
con la hereditaria masa,
y un Tutor o Curador
con la Pupilar substancia.

FÁBULA VI
UNA YEGUA Y UN BUEY

En un soberbio caballo
por el campo se pasea
un joven, haciendo alarde
de su garbo y gentileza.

El diestro jinete pone
su docilidad en prueba
y él corresponde obediente
al manejo de la rienda.

Ya sofrenado reprime
contra el pecho la cabeza
formando del cuello un arco,
de largas lustrosas cerdas.

Tasca el espumoso freno:
las manos con pausa alterna,
todo el cuerpo equilibrado
sobre las partes traseras.

Bufa y la hinchada nariz
con el resoplido suena,
su larga tendida cola
con el movimiento hondea.

Ya soltándole la brida,
y aplicándole la espuela,
tiende el cuerpo, y se dispone
a la rápida carrera.

Con ambas manos a un tiempo
el suelo hiere, y con ellas,
y los pies horizontales
describe una línea recta.

Pero al más ligero impulso
del brazo que lo gobierna,
suspende el curso violento
y para haciendo corvetas.

Entre otras que allí pacían,
alzó a mirarle una Yegua
y dando un grande relincho
dijo a un Buey que estaba cerca:

"Ese potro tan bizarro
que tanto al hombre deleita
es hijo de mis entrañas,
y bien sus obras lo muestran.

¡Qué docilidad! qué brío!
qué índole tan noble y bella!
qué paso tan asentado!
qué bien hecho! qué presencia!

De su generosa estirpe
un ápice no discrepa:
bien empleados los desvelos
que tuve en su edad primera".

El Buey entre tanto estaba
rumiándole la respuesta,
y así que acabó le dijo
con voz reposada y seria:

"Aunque ese potro gallardo
el nacimiento te deba, -
tú no tienes parte alguna
en sus adquiridas-prendas:

Tú sólo alumbraste un bruto
en su física existencia,
que al arte y la industria debe
los lucimientos que aprecias.

El derecho que te asiste
es ser madre de una fiera
indómita por carácter,
cerril por naturaleza.

Yo soy testigo de vista
de cuánto al hombre le cuesta haber
domado su furia
y adestrado su rudeza".

Así, Padres de familia,
la república pudiera
responder por muchos hijos
que su población aumentan.

El hombre sin las costumbres
que la educación engendra,
en lo político toca
a la clase de las bestias.

FÁBULA VII
LOS GATOS EN BRAMA.

Como en este mes de enero
experimentan los gatos
aquel calor que sentimos
los hombres por todo el año,

insomne la noche toda
la pasé de claro en claro,
atendiendo a los conciertos
de sus amatorios tratos.

Ya brincan por la azotea
ya corren por el tabanco,
ya se niegan, ya se brindan,
así la hembra como el macho.

¡Qué gritos, y qué maúllos
para requerir de pago,
y para cubrir la deuda
qué cabriolas y qué saltos!

Más allá de media noche
colérico daba al diablo
toda la especie gatuna
con sus engendros bastardos.

Mas luego mudé de humor,
oyendo del Gallo el canto
que a grandes voces decía
en medio de su serrallo:

"Esta es mucha desvergüenza,
un lupanar es el barrio!
¡qué escándalo! qué deshonra!
no hay miramiento ni empacho!

Yo soy frágil, no lo niego;
suelo tener mis desbarros,
y en estas mismas flaquezas
de enero a enero me paso.

Pero sin dar mala nota,
ni andarme por los tejados,
porque esto del mal ejemplo
tiene gravísimos cargos".
Estas y otras muchas cosas,
prosiguió después cantando,
y yo, piadoso en mis juicios,
dije acá para mí sayo:



"Muchos sujetos conozco
modestos y cabizbajos
que pueden decir lo mismo,
lo mismo que dijo el gallo.

FÁBULA VIII
LOS SANATES EN CONSEJO

En el espacioso patio
de mi casa, un ciprés tengo,
y los sanates del barrio
tienen en él sus congresos.

En sus respectivas ramas
tomaron ayer asiento,
y en la cúpula del árbol
un Sánate clarinero.

Este mismo levantando
su vista y el pico al cielo,
como que implora su amparo
preciso para el acierto,

Se volvió después al magno
y respetable colegio,
que le escucha con agrado
y con los picos abiertos.

"Ya se nos acerca mayo,
les dice, y en ese tiempo
de nuestro género claro
se asegura los renuevos.

Con el natural conato
que nos impele este objeto,
trabaja con entusiasmo
el uno y el otro sexo.

Por lo que convenga al caso,
me parece proponeros
algunos graves reparos
que me ocurren al intento.

Nosotros en propagarnos,
somos activos y diestros,
y se consiguen de facto
los más fecundos efectos.

Nuestra especie, sin embargo
no logra sensible aumento,
y en un mismo ser estamos
poco más o poco menos.

Juzgo proviene el atraso
de la prole que perdemos,
por los malditos muchachos
en sus criminales juegos.

Asaltan los nidos caros:
tiran y rompen los huevos,
y de los pollos acaso
sacrifican los dos tercios.

Ni el espinoso naranjo
ni este ciprés por excelso
los defienden de las manos
de los rapaces perversos.

Para evitar tales daños,
y asegurar los recelos,
es preciso discurramos
algunos prudentes medios".

Así concluyó, esperando
que el consistorio discreto
agradeciese el cuidado y
su patriótico celo.

Un susurro sordo y vago
discurre, y turba el silencio
y aumentándose por grados
paró en gritos descompuestos.

Algunos chillan: "son vanos
esos temores y miedos,
de los sanates sensatos
no merecen el aprecio".

Otros chiflan: "muy despacio
se debe meditar eso,
sobre que el negocio es arduo
y pide maduro acuerdo".

Este pita: "Yo de espantos
estoy curado, no temo"
aquel otro silba: "al amo
matan cuidados ajenos".

De manera, que entre tantos
vocales, ni dos hubieron
que con dúo concertado
siguiesen el mismo metro.

Después de distintos cantos,
y de tonos tan diversos,
gritó con tiple más alto
un sanatillo moderno.

Y dijo: "con todos hablo;
el peligro es manifiesto,
no obstante, también alcanzo
que tiene fácil remedio.

Mientras nos multiplicamos
se muda temperamento
en los vecinos barrancos
de las Vacas o el Incienso.

Concluidos nuestros trabajos,
alegres nos volveremos
a los lugares urbanos
con los hijos ya mancebos.

Así se atan bien los cabos
porque se salvan los riesgos:
se goza el aire del campo,
sin perder el patrio suelo.

Este es mi dictamen, salvo
el más conveniente y recto".
Cerró el pico, y se miraron
entre sí, los compañeros.

Un sánate, el más anciano,
en tono de magisterio
replica: "siempre fue malo
emprender caminos nuevos.

Este mismo vecindario
me vio sin pluma y sin pelo,
aquí también se empollaron
mis ascendientes y abuelos.

¿Quién será tan mentecato,
que los acuse de lerdos?
o que piense mejorarlos
y ser más sánate que ellos?

Yo por mi parte declaro
que seguiré sus ejemplos,
aunque mire engolillados
morir a todos mis nietos".

Aquí todos levantaron
juntos el grito y el vuelo
y cada uno por su lado
tomó el rumbo de su genio.

Entonces dijo un Letrado,
esto es, un sánate y medio:
"o estos pájaros son sabios,
o los hombres somos necios.

Sentarse en un mismo palo,
mirarse todos muy serios,
gritar en tiple o en bajo,
practicar usos añejos:

Seguir cada cual su bando
sin ver el común provecho,
este es el gran resultado
del sanático consejo.

En vista de todo fallo:
que este mismo es el suceso
en los concursos humanos
de los políticos cuerpos.

FÁBULA IX
LA COCINERA, LAS GALLINAS Y LAS PALOMAS

Hoy fui testigo de un caso
que aunque común y trivial,
bajo un político aspecto
tiene algo de novedad.
Vi a la vieja cocinera
acercarse al palomar,
y a los pichones sin susto
a vista del Gavilán.

Cogió de ellos los precisos
para el gasto familiar
y pasóse al gallinero
que allí colindante está.

Quiso coger una polla,
y al hacer el ademán
el Gallo puso los gritos
en el cielo y más allá.

Las gallinas lo siguieron
todas de conformidad,
cacareando en varios tonos
sin concierto ni compás.

La vieja quedó aturdida
con el grito general,
y apretando entre las manos
la cabeza, volvió atrás;
cerróse tras sí la puerta
del bullicioso corral,
y viéndose afuera, dijo:

"Dios me libre: nunca más:
reniego de las gallinas
y su mucho cacarear;
no se puede coger una
sin que griten las demás.

Aténgame a mis palomas
que con gran sosiego y paz,
metidas en sus casitas,
las cojo de par en par".

Ciudadanos españoles,
los que en 'Guatemala estáis,
las gallinas os enseñan
cual es la Acción popular.

Quien agravia al individuo
ofende a la sociedad,
y da motivo a la queja
y clamor universal.

FÁBULA X
LOS MUCHACHOS, LOS SANATES Y EL LORO.

En un naranjal su nido
un Sánate construía,
y en el pico conducía
el material escogido.

Con algún conocimiento
de reglas de arquitectura
de la más gruesa basura
usaba para el cimiento.

Un bejuco, un desperdicio,
una piltrafa, un andrajo,
de un mecate, un estropajo,
fundaban el edificio.

Con más ligero y más fino
material, después trabaja:
cerdas, hojarasca y paja,
retales de lana y lino.

Al fin el nido se acaba,
y en pelillos delicados
yacen los huevos pintados
que la madre fomentaba.

Quiso la desgracia un día,
que un muchacho juguetón
vio que del nido un cordón
de San Francisco pendía.

A otros compañeros llama,
sube al árbol en un vuelo,
da con el nido en el suelo
desprendido de la rama.

Juntos todos, con gran prisa
proceden al inventario:
Miren ¡un escapulario!
gritó uno muerto de risa,
otro dice: aquí hay retazos
de patentes y de bulas....
La Medida de Esquipulas!
¡Jesús! qué picaronazo!

Dice otro: si a más no viene,
este ramo está bendito....
miren este rosarito. . . .
solo dos misterios tiene....

A ver, a ver la estampita;
es de San Pedro y San Pablo
de la Cruzada. .. . ¡qué diablo
de sanata tan maldita!

El examen satisfecho
de los andrajos devotos,
dejaron los huevos rotos,
y el nido todo deshecho.
Mientras tanto, amotinados
los sanates, daban gritos
diciendo les: ¡oh, malditos,
herejes excomulgados!

{Oh qué horrendo sacrilegio!
lo más sacrosanto y pío
cómo lo ridiculizan!
las plumas se nos erizan;
no hiciera más un judío!
¡Qué juegos tan execrables
qué chacotas tan punibles!
hacer objetos risibles
las reliquias venerables!

Pero el cielo, que es testigo
de tanta profanación
dará a vuestra irreligión
correspondiente castigo.

Oyendo estos disparates,
dizque un Loro muy ladino
de un Licenciado vecino,
dijo hablando a los sanates:
"la profanación, hermanos,
ya la hizo quien de estas cosas
sagradas y religiosas,
se sirve en usos profanos.

A los cintos y cordones
por su bendito instituto,
no conviene el atributo
de empollar y criar pichones.

Ese celo tan extraño
que mostráis por su respeto,
sólo tiene por objeto
evitar el propio daño.

La defensa muchas veces
de la religión hacemos,
cuando de acuerdo la vemos
con los propios intereses.
La religión soberana
y su divino derecho,
conforme nuestro provecho
se consagra o se profana.

FÁBULA XI
EL MACHO DE ARRIERO
Y EL CABALLO DE CARRETA

Al potrero de Corona
fue una tarde por paseo,
que hasta un caballo, si piensa,
se divierte en un potrero.

Después de dar varias vueltas
sin determinar objeto,
sobre la yerba del campo
tendió largo a largo el cuerpo.

A corta distancia estaban,
de conformidad paciendo,
un Caballo de carreta
con el Macho del arriero.

El Mulo rozna a voces,
y en una de ellas entiendo
que al caballo le decía
con orgulloso desprecio:

"Eres un ente infeliz,
tu destino compadezco,
pobre caballo, que siempre
y por siempre habrás de serlo.

Uncido a un humilde carro,
bajo el látigo severo,
no conoces más recinto
que el de tu nativo suelo.

La ciudad y la pedrera
y este miserable encierro,
son los términos que abrazan
todos tus conocimientos.

Yo tengo medida a palmos
toda la extensión del reino:
desde Trujillo a Oajaca,
desde el Peten al Realejo.

¡Qué ciudades tan hermosas!
¡qué sinnúmero de pueblos!
qué bosques y qué llanuras!
¡cuántos valles, cuántos cerros!

Ahora mismo determino
emprender un viaje nuevo,
no hay gusto como el viajar;
el mundo es un libro abierto".

Aquí corcoveó el caballo,
y con relincho burlesco
le pregunta: "¿y de ese libro
qué sabe el señor viajero?

Al cabo de tantos trotes,
¿qué ha sacado de provecho?
antes de los viajes MACHO,
y MACHO después ha vuelto".

Yo, como soy enemigo
de malquistarme, no quiero
por cuanto oro tiene el mundo
aplicarle a nadie el cuento.

FÁBULA II.
EL ARMADO Y LA RAPOSA

Desde su madriguera
oscura y tenebrosa,
observa la Raposa
lo que pasa por fuera.

Haciendo de persona
satírica y aguda
a cuanto ve saluda
con risa socarrona.

Al pasar un Armado
le dice: "señor mío,
¡qué talento y qué brío
tan propio de un soldado!

Con la antigua coraza
de la sangrienta lid,
nos representa el Cid
en el talle y la traza.

Ese airoso morrión,
ese espaldar y peto,
inspiraran respeto
al mismo Napoleón.

Cuénteme, camarada,
si por mal no lo tiene,
¿Contra quién se previene
su bélica jornada?

Estando en una tierra
pacífica y amiga,
vestido de loriga
¿a quién hace la guerra?
Dígame por su vida,
así en cada campaña
haga una buena hazaña
¿a dónde es la partida?
El armado guerrero
con gravedad le dijo:
mi marcha la dirijo
contra todo hormiguero.

Estos pobres insectos
formando sociedades,
a mis comodidades
dedican sus proyectos.

Aunque ellos son millares,
con mi cota de malla
les presento batalla
en sus propios hogares.

Mis uñas alborotan
esas republiquillas;
y salen mil cuadrillas
que desde el centro brotan.

Su ejército incontable
me embiste con bravura;
pero esta mi armadura
les es impenetrable.

Con su débil esfuerzo
y su inútil conato,
sólo aumentan mi plato
y todas las almuerzo.

La Zorra con un gesto
manifestó disgusto,
por parecerle injusto
el proceder propuesto.

El Armado lo advierte,
y con tono bellaco
añade: "siempre el flaco
fue víctima del fuerte.

Pues te dije mis guerras,
saber ahora querría,
¿Por qué causa de día
en lo oscuro te encierras"?

Conoció la intención
la Zorra, allá consigo
y le responde: "amigo
siga su expedición".

Pon, lector, nuestro nombre
en la fábula y borra
el de Armado y de Zorrra,
y es la historia del hombre.

Mi fortuna se labra
de la ajena miseria:
si se habla en la materia,
barajo la palabra.

FÁBULA XIII.
LA ARAÑA Y EL MOSQUITO

Cansado de ver procesos
escritos para constancia
de los humanos excesos,

Ayer salí de mi estancia,
y en un jardín me paseaba
que se halla a corta distancia.
Sin reflexión repasaba
con vista vaga y errante
cuanto allí se presentaba.

Pero en ese mismo instante
mi atención entera llama
un objeto interesante:

Puesta entre una y otra rama
vi de Araña aquella tela
que se urde a un tiempo, y se trama.

Detúveme y obsérvela,
ponderando su artificio
y la estudiada cautela
de labrar el edificio
en sitio oscuro y secreto,
a los engaños propicio.

Llega un Mosquito indiscreto
y en la tela se enmaraña
quedando preso y sujeto.

Al punto sale la Araña
por una rehendija estrecha
que le sirve de cabana.

Sanguinaria luego se echa
sobre la presa que enlaza,
y con vínculos la estrecha,

Porque de aquella babaza
glutinosa que se exprime
fabrica su fuerte hilaza.

Mientras la víctima gime
ella en contorno trabaja
y con lazadas la oprime.

De arriba a bajo la faja
sirviéndole el funesto hilo
de cadenas y mortaja.

Carga con ella a su asilo,
y la chupa a su sabor
guardando eterno sigilo.

No se encuentra un delator
ni testigo de aquel yerro;
no hay juez ni hay asesor.

Al Mosquito le da entierro
el vientre que lo devora,
Y al delincuente su encierro.

Y yo, lector, digo ahora:
que en los procesos escritos
"jamás se prueban delitos
de una araña enredadora".

FÁBULA XIV.
LOS ANIMALES NOCTURNOS. LA MARIPOSA Y LA GOLONDRINA.

Para evitar delitos
muy propios de las fieras
que en las noches oscuras
ocultan las tinieblas,

Júpiter soberano,
próvidamente ordena
que con una luz ande
toda nocturna bestia.

Alegres obedecen
por propia conveniencia
el Gusanillo humilde,
la inocente Lucerna,
el Cocuyo benigno
con quien los niños juegan;
y desde prima noche
encienden sus linternas.

Pero al sabio mandato
ni se dan ni se prestan
el mortífero Buho,
nuncio de malas nuevas;
el Murciélago infame,
que asusta a Mirta bella;
la Lechuza que al templo
ni sus luces respeta.

La Mariposa simple
iba dando mil vueltas
de unas luces en otras,
cual suele en la candela,
y alegre las decía:
"ahora sí compañeras
que podemos seguras
salir por donde quiera".

Cuando improvisamente
deslumbrada se estrella
contra un fiero Musgaño
que se la traga entera.
Viéndolo estaba todo
desde una boca-teja
la Golondrina, y dijo:
"Por boba yo saliera":

Los inocentes cumplen
la ilustre providencia,
y a oscuras como siempre
los malvados se quedan.

FÁBULA XV.
LOS PERROS .

No debe dudar ninguno
de mis candidos lectores,
que en la casa de un Magnate
haya perros a montones.

Un valiente alano siempre
a la cadena se pone,
y en ciertas horas se suelta
para que la casa ronde.

Un podenco muy ligero,
que con vivo olfato corre
tras la liebre, cuando el amo
sale a cazar en el bosque.

Un lanudo perro de aguas
que con los muchachos dócil
si se tiran la pelota
él la persigue y recoge.

Hasta la niña de casa
tiene su querido bosque,
que en sus faldas acaricia
con envidia de algún joven.

Después de la cena, juntos
bajo la mesa una noche,
entre podenco y alano
pasaron estas razones.

"Si todos nacemos perros"
aunque con distintos nombres
¿por qué han de ser desiguales
los destinos que nos toquen?

A nosotros las fatigas
y trabajos corresponden;
y otros logran el regalo
y estimación de los hombres.

No, señor, en las fortunas
turnemos todos conformes,
aunque a lanudo y gosquejo
el partido no acomode".

Discutida la materia
resolvieron los perrotes,
con espíritu insurgente,
remediar aquel desorden.

He aquí que el perro de faldas
amanece puesto al poste
de la puerta, y aunque ladre
miedo ni respeto impone.

Del tanque quiso el podenco
sacar la pelota; hundióse
y al cabo salió sin ella,
tragando agua a borbotones.

Cuando el cazador azuza
al perro, lanudo y torpe
a la seña ladra y brinca
y los conejos se esconden.

Y el alano corpulento
viendo la ocasión de molde,
sobre la niña en la cama
con ligero salto echóse.

Ella grita temerosa,
ocurre gente, y en donde
buscaba tiernos cariños,
halla desprecios y golpes.

Instruido del desengaño
su cadena reconoce
y cada cual de los otros
se reduce al antiguo orden.

Nunca podrán ser iguales
las humanas condiciones
mientras deban ser distintos
los talentos y las dotes.

FÁBULA XVI.
EL JINETE Y EL POTRO.

Trátase de domar un fuerte potro:
se ofrece un guapo y dice con viveza:
Yo lo voy a montar, no ha de ser otro.
Mientras aquel se ensilla y adereza,
se prepara también el guapetón
para la grande, peligrosa empresa.
Ajusta las espuelas al talón,
y acomoda en la mano la zurriaga;
pero uno dice allí por compasión:
¿Quieres que ese animal pedazos te haga
si con esos estímulos se irrita?
Cuidado con el potro que no amaga.
Deja el azote, las espuelas quita,
el agarrarse bien y fuertemente
es lo único que aquí se necesita.
Pero risueño el domador valiente
tiene por excusada, necia y tonta
la advertencia de aquel impertinente.
Y con resolución confiada y pronta,
de juicio y de temor no menos falto
con un brinco ligero el potro monta.
Este, puesto en dos pies, sube tan alto
sacudiendo la carga no consueta
con uno y otro furibundo salto.
Las piernas contra el bruto el otro aprieta
por más seguridad, cual se requiere
para sentarse bien a la jineta.
La espuela entonces con sus rayos hiere
al potro que sintiendo la aspereza,
con la furia tragarse al mundo quiere;
ya mete entre las manos la cabeza,
sobre ellas elevando el cuerpo entero
da las coces a pares con franqueza.
Ya los pies apoyándose ligero,
sobre su pecho con furor bracea
como luchando con el aire fiero.
Con vibratorio impulso corcovea
arrojando la boca espuma blanca,
mientras tanto el jinete balancea.
De la silla que ocupa ya lo arranca,
ya lo postra de bruces sobre el cuello,
ya de espaldas lo tiene sobre el anca
agitado no alcanza ni resuello.
Con todo eso le pega un zurriagazo,
¿pero qué ha sucedido? ¿qué es aquello?
¡Qué desgracia! infeliz, pobre guapazo
cómo sin alas por el aire vuelas!
¡qué golpe tan terrible, qué porrazo!

Estimular con látigo y espuelas
a un indómito potro cimarrón,
es avivar la juvenil pasión
con versos amorosos y novelas.

FÁBULA XVII.
LA MOSCA, LA HORMIGA
Y LA PALOMILLA NOCTURNA.

Ahora más que nunca atento
pretendo, lector, que estés
al caso que te presento;
que aunque parezca que lo es,
no es fábula lo que os cuento.

Una Mosca vagabunda
que de placeres sedienta
en ellos su dicha funda,
Y por gozarlos se sienta
en la cosa más inmunda.

Una Hormiga afanadora,
que acopiando se mantiene
provisiones, aunque ignora
para quién, de los que tiene,
enemigos, atesora.

La simple Mariposilla,
que desde el punto en que nace
de la roedora Polilla,
la corte en círculos hace
a la candela que brilla:

Reunidos estos sujetos
de mi estudio en un rincón,
como suelen los discretos,
formaron conversación
sobre distintos objetos.

—No hay vida como la mía,
dice la Mosca holgazana,
sin partir con nadie el día
en lo que me da la gana
lo gasto con alegría.

Con vuelo y gusto mudable
lo graso o lo dulce chupo
al objeto deleitable;
pero por jamás me ocupo
en cosa desagradable.

Busquen allá los avaros
con inquietud y fatiga
sus bienes mil veces caros. ..."

Aquí replica la Hormiga:
—Poco a poco, vamos claros:
No apetezco de tu suerte
la libre desenvoltura,
porque sé habrán de verte
de la miel en la dulzura
ahogada en la cruda muerte.

Mi constante diligencia
y laborioso ejercicio
aseguran mi existencia,
negando la entrada al vicio
y a la futura indigencia.

Sudo, es verdad, y me afano
continuamente y apenas
descanso; pero no en vano:
miro al fin mis trojes llenos
de rubio precioso grano.

"El ambicioso infelice
que lucimientos anhela
en sus glorías se eternice. ..."

Oyendo esto aquí se vuela
la Palomilla, y le dice:
—No codicio tus graneros,
porque sé que hay un enjambre
de Sompopos bandoleros,
que estimulados del hambre
asolan los hormigueros.

Numerosos escuadrones
conducidos de un caudillo
asaltan tus posesiones,
lo pasan todo a cuchillo
y roban las provisiones.
Mientras tanto yo me inclino
a eternizar mi memoria
en un ilustre destino,
coronándome de gloria
la misma luz que examino.

"Con vuelo noble, arrogante,
por los aires conducida,
tras una antorcha radiante
hago carrera lucida
y una fortuna brillante".

Las oirás dicen: —"aspira
a los resplandores que amas
de la antorcha: pero mira;
son incendios de tu pira".

Hasta aquí de los insectos
la conferencia llegó:
y en vista de los proyectos,
humanos, añado yo:
"No son los hombres más rectos:
tras los placeres sensuales,
la codicia y la ambición,
van los míseros mortales;
y sus fines siempre son
los de aquellos animales.

La Mosca en la miel que gusta
muere; a la Hormiga arrasa
por su hacienda tropa injusta:
la Palomilla se abrasa
en la que ama, luz augusta.

Así, lector erudito,
quien la razón avasalla
por seguir el apetito,
en su misma pasión halla
quien castigue su delito.

FÁBULA XVIII.
EL PIOJO, LA PULGA Y LA NIGUA.

En el vestido mugriento
de un pordiosero andrajoso,
que existe para argumento
comprobante y vergonzoso
del humano abatimiento,
estaba un Piojo asqueroso
y con él, allí contigua,
una Pulga y una Nigua.

Cada bicho de los tres,
con el aguijón que tiene,
defiende que sólo él es
quien con el hombre mantiene
más amistad y estrechez:
La disputa se sostiene
con raciocinios agudos
que conocen los más rudos.

El Piojo dice: "yo soy
su más allegado amigo,
por donde va siempre voy:
a todas partes le sigo,
y él está donde yo estoy:
en prueba de lo que digo
me pone, por más fineza,
sobre su misma cabeza".

Brincando la Pulga inquieta
dijo: "soy su amiga amada;
sin cumplidos de etiqueta
tengo con él franca entrada:
no tiene cosa secreta
ni para mí reservada,
por el paso más estrecho
tengo lugar en su pecho".

"Confieso, dice la Nigua
que en todo dices verdad;
pero si bien se averigua
es más grande mi amistad,
pues la experiencia atestigua
la mayor intimidad:
por unión constante y fiel
soy uña y carne con él".

Hasta este punto llegaba
la interesante cuestión;
y el pobre que la costeaba,
sintiendo la comezón,
alarga el brazo y la acaba,
dejando con el rascón
maltratados y dispersos
a los amigos perversos.

Se presentan en el día
amigotes a manojos,
como el pobre los tenía
de Pulgas, Niguas y Piojos,
que publican a porfía,
pero en su interés se ocupan
amarnos como a sus ojos;
y nuestra sangre se chupan.

Cuando esto, lector, suceda,
la receta de aquel pobre:
rascarse cuanto se pueda
sobre el amigote, y sobre
la comezón que nos queda;
y aun esto, Dios quiera que obre,
porque los amigos dichos
son peores que aquellos bichos.

FÁBULA XIX.
LOS FUEROS JUMENTILES.

A cierta función de iglesia,
que con un motivo regio
se celebraba, asistían
todos los ilustres cuerpos.

El Tribunal Superior
en su respetable acuerdo,
de los señores togados
y Presidente compuesto.

Con todo aquel aparato,
de ministros subalternos,
con paso grave y medido,
también se dirige al templo.

Al embocar una calle
se pasaron los maceros:
el señor Regente entonces
dijo: ¿en qué nos detenemos?

Es el Real Claustro, responden
de los Doctores y Maestros,
que con todas sus insignias
caminan al mismo objeto.

Que se suspendan, repuso
con aire imperioso y serio,
y córteseles el paso
nuestra marcha prosiguiendo!

Al punto así se ejecuta;
y los Doctores discretos
la autoridad reconocen,
y permanecen suspensos.

A pocos pasos andados
vuelven a estar los porteros
inmóviles; y pregunta
segunda vez: ¿qué hay de nuevo?
Es una recua, contestan,
de más de treinta jumentos,
que unidos uno en pos de otro,
siguen sin dar intermedio.

Pues es preciso esperar
que pase el último de ellos;
dijo el Señor Presidente
del Tribunal circunspecto.

Cumplióse al pie de la letra
el acordado decreto,
y dióseles libre PASE
a los Jumentiles Fueros.

Es cordura sostener
con los sabios los derechos,
y no es menos discreción
el cederlos a los necios.

FÁBULA XX
EL ZOPILOTE CON GOLILLA.

Gastamos, Delio querido,
nuestros juveniles años,
en revolver las lecciones
con diurna y nocturna mano,
para saber cómo hablaban,
allá en los siglos pasados,
los Listrios y los Ligurios,
pueblos del antiguo Lassio.

Sabes, pues, que desde entonces
entiendo, aunque nunca parlo,
los monótonos dialectos
de los animales varios:
y que este conocimiento
nos suele dar buenos ratos,
como pienso lo tendrás
oyendo el siguiente caso:

Dos Zopilotes estaban
en el vecino tejado,
uno de ellos con golilla
de un gran pergamino blanco.

Y yo desde mi ventana
sus guzguaces escuchando,
oí que al otro le decía
el que estaba engolillado:

"Nunca podrás olvidarte
de aquella trampa del gancho
y la cuerda; pues en ella
íbamos a caer entrambos.

"Yo sólo quedé cautivo
en poder de los muchachos,
temiéndome las resultas
de sus juegos sanguinarios.
Pero, por fortuna mía
después de haberme observado,
poniéndome en cruz las alas
y mirándome despacio,
con alegría festiva
este cuello me encajaron,
y me echaron a volar
entre vítores y aplausos.

Sabrás, pues, que desde entonces
se me ha infundido en los cascos
la presunción de que soy
el Zopilote más sabio:
que a todos hago ventaja
en la vista y en olfato,
y que mi pluma elegante
puede encumbrarme muy alto.

Mi figura circunspecta
y mi genio reservado
y melancólico, forman
mi carácter literario.
Con aire meditabundo,
siempre con el pico bajo
pausadamente camino
moviéndome paso a paso.

Y mis propios compañeros
en los cursos que me hallo,
como me miran vestido
de este honorífico ornato,
al punto me hacen lugar
por respeto y por espanto,
y me observan de hito en hito
llenos de envidia o de pasmo.

Yo los miro sobre el hombro
como a unos pobres bobancios,
que ignorantes se alucinan
de cualesquiera espantajo.
Y he creído que esta guarnacha
tiene algún secreto encanto
que me ha inspirado los humos
de que más que todos valgo.

Hasta este punto llegaba,
y un litigante pesado
por instruirme en sus asuntos
de los míos me distrajo.
Pero tú, como discreto,
con numen suplementario,
lo que de mi cuento falta
sabrás llevarlo hasta el cabo.
Mas guárdate, dulce amigo,
por tu vida, de contarlo
ante los que usan golilla,
por más que te tiente el diablo.

FÁBULA XXI
LA MARIPOSA Y LA ABEJA.

La Mariposa brillante,
matizada de colores
visita y liba las flores
con vuelo y gusto inconstante.

A un fresco alelí se inclina,
apenas le gusta, inquieta,
pasa luego a una violeta,
después a una clavellina.

Sin tocar a la verbena
sobre un tomillo aletea
percibe su aura, sabea
y descansa en la azucena.

De allí con rápido vuelo
en otro cuadro distinto,
da círculos a un jacinto
y se remonta hasta el cielo.

Vuelve con el mismo afán
sobre un clavel encarnado
y en cuanto lo hubo gustado
se traslada a un tulipán.

Atraída de su belleza
en una temprana rosa
por un momento reposa
y el dorado cáliz besa.

Ya gira sobre un jazmín,
ya sobre el lirio, de modo
que corre el ámbito todo
del espacioso jardín.

Sobre un alto girasol,
por último toma asiento
y en continuo movimiento
brillan sus alas al sol.

Haciendo de bachillera
le dirige la palabra
a cierta Abeja, que labra
dulce miel y blanca cera.

Y le dice: vaya, hermana,
¡qué carácter tan paciente!
te tuve por diligente
pero eres grande haragana.

De una en una he repasado
las flores; tú, en una sola,
en una simple amapola
media mañana has gastado.

Nuestra frágil vida, imita
a la flor que se apetece:
aquella en su flor perece,
y ésta en botón se marchita.

No malogres de esa suerte
un tiempo tan mal seguro;
goza del deleite puro
antes que pruebes la muerte''.

La Abeja entonces contesta
(sin divertir su atención
de su actual ocupación)
con la siguiente respuesta:

"Tú, en las flores sólo miras
aquel jugo delicado,
a tu gusto acomodado,
único objeto a que aspiras.

"Yo trabajo con constancia
en la flor que me acomoda,
hasta que le extraigo toda
la preciosa útil substancia.

"No consulto a mi provecho
sino al de la sociedad
y pública utilidad
en el fruto que cosecho.

"Sigue tu genio ligero
en pos de lo deleitable
porque lo útil y lo estable
pide un afán tesonero".

De este modo, amigo, piensa
una Abeja, y tú pensaras
como ella, si censuraras
los escritos de la prensa.

Si unas con otras cotejas
las obras de los autores,
verás que liban las flores
más Mariposas que Abejas.

FÁBULA XXII.
EL MULO, EL POTRILLO Y LA PICAZA.

Por el prado retozaba
cierto Potro vivaracho,
donde también descansaba
un anciano, pobre Macho.

Llamábale con ahinco
roznando el Mulo infelice;
el Potro llega en un brinco,
a quien de este modo dice:

—Yo no se qué tienes, hijo,
que no es fácil te reserve
mis secretos, ¡bien se dijo:
la sangre sin fuego hierve.

Sabrás que bajo este traje,
en que poco o nada valgo,
desciendo de alto linaje
y soy no menos que hidalgo.

"De una misma parentela
somos, pues la madre mía
era hermana de tu abuela,
de consiguiente, mi tía".

"Tu padre, hijo de la tal,
viene a ser mi primo hermano,
aunque en línea transversal
el parentesco es cercano".

"Y tú por este respecto,
o por la parte de padre,
eres un sobrino nieto
de la difunta mi madre".

"¡Oh! qué bien ella decía,
que por el tronco materno
era cierta mi hidalguía
y de origen casi eterno!

Aquí con aire sencillo,
sin intención chiflatera,
le preguntaba el Potrillo:
¿Y tu padre qué tal era?

Entonces se oyó el zuzurro
de una habladora Picaza
que responde: "Un pobre Burro
de baja y humilde raza".

Reserva, amigo estudioso,
este cuento si se puede;
no piense algún malicioso
que lo inventamos adrede.

Para que temprano o tarde
se aplique en una ocurrencia
al bastardo que hace alarde
de su ilustre descendencia.

FÁBULA XXIII.
EL VENADO, LA SERPIENTE Y LA PALOMA.

Por una vereda estrecha
un Ciervo se dirigía
a una siembra de sandía,
que se hallaba ya en cosecha.

Aunque este bruto es hermoso
por su figura elegante,
hace muy mal caminante
por lo cobarde y medroso.

Del más leve movimiento
entre las hojas, recela:
de un pajarillo que vuela,
del ruido que causa el viento.

Pausadamente camina
a cada paso orejea,
todo cuanto le rodea
con atención examina.

Parando pues, de este modo,
y andando por intervalos,
llegó a una puente de palos
puesta por el mucho lodo.

Tímido aquí se retrae
y circularmente mira,
una oreja atrás retira,
y otra por delante atrae.

Elevada la cabeza
hiere con la mano el suelo,
para el rabo pequeñuelo
que sacude con viveza.

A todas partes se vuelve,
y no viendo otros senderos,
continuar por los maderos
su caminata resuelve.

Pero al dar el primer paso
silbó una astuta Serpiente,
diciéndole: —"Hola, detente,
y evitarás un fracaso!

"Yo vi al hombre fraudulento
que estaba con mil fatigas
acomodando esas vigas,
aunque ignoro con qué intento.

"Con todo no dificulto,
siendo del hombre tal obra
(en quien la malicia sobra)
que ha de haber engaño oculto.

Si te pareciera vano
mi recelo, yo te juro
que no pondrás pie seguro
donde el hombre ha puesto mano"

No sabe entonces, suspenso
qué hacerse el pobre animal,
porque el dicho lodazal
en longitud era inmenso.

Por el tiro más estrecho
de latitud, es muy largo
para el salto, sin embargo
brinca y se atolla hasta el pecho.

Su corpulencia le vale,
y con diligencia mucha,
contra el lodo espeso lucha
y a la orilla opuesta sale.

Al fin ya de la jornada,
enlodado, sucio y puerco,
se vio delante del cerco
de aquella fruta vedada.

Iba a entrar sin embarazo
por un portillo, y observa
que oculto bajo la yerba
estaba por dentro un lazo.

Suspéndese vacilante,
y entre las ramas se asoma
una sencilla Paloma
diciendo: —"Pase adelante".

"No ponga reparo, amigo,
nada hay aquí que le asombre:
yo miro salir al hombre
y entrar por ese postigo",

"Siempre él tan sabio y experto,
libre va, que se expusiera
a ningún riesgo, aunque fuera
remoto y el más incierto".-

He aquí, que nuestro Venado
se anima, y al punto que entra,
sin saber cómo, se encuentra
por el pescuezo lazado.

Brinca con esfuerzo y salta,
tira, jala y se despecha;
el lazo más se le estrecha,
y el aliento ya le falta.

Con voz ronca y oprimida
dijo, por última vez,
"La imprudencia y sencillez
son peligros de la vida".

Tierna juventud humana,
de este siglo diez y nueve,
al Evangelio se debe
la máxima soberana:
simplicidad imprudente
es paloma peligrosa,
y prudencia maliciosa
es mortífera serpiente.

Llegó al colmo de la ciencia
quien unir a un tiempo sabe
de este reptil y aquella ave
la sencillez y prudencia.

FÁBULA XXIV.
LOS SANATES Y EL BURRO

Si aquel ciprés recuerdas
en donde los sanates
dicen mil disparates
como personas cuerdas,

En ese mismo, ayer,
el congreso ya junto,
propusieron por punto
que se iba a resolver:

¿Cuál familia o cuál rama
de las aves cantoras
por sus voces sonoras
tenga más nombre y fama?

Quien, al mirlo celebra
por el estilo piano:
quien, al censonte indiano
porque la voz requiebra.

Uno alaba al canario,
otro al dulce jilguero;
aquel al vocinglero
pito, en su tono vario.

Este, al realejo tierno,
otro, al chiltote grave;
y a la calandria suave
daban elogio eterno.

Entre tanto alboroto,
cierto sánate pudo
chiflar con grito agudo
publicando su voto.

"Tú, delicias del hombre,
tú, divino cantor,
tú sólo, ruiseñor,
eres de MUCHO NOMBRE".

Entendiendo, aquí mal
la frase del idioma,
el MUCHO NOMBRE toma
por muchos en plural.

Y dijo, desde abajo
el indiscreto Burro:
"si a nombres va, discurro
que a todos aventajo.

"Si a decirlos yo atino
mis nombres propios cuento
así: burro, jumento,
borrico, asno, pollino".

Aquí la junta toda
se vuelve trisca y bulla,
dándole al asno pulla,
cada vocal le apoda.

Pero aquel clarinero
que a los demás preside
silencio a todos pide
y dice chufletero:

"Muchos nombres no bastan
a dar a nadie gloría,
cuando hay bestias de noria
que a docenas los gastan.

"El nombre único y solo
dará honores al sabio
que merezca en el labio
sonar del mismo Apolo".

Temo mandarte copia
del cuento, amigo fiel,
no vaya a caer en él
con discreción impropia,

Don Rodrigo de Luna,
Alvarado, Guzmán,
Vargas, Rivas, Luzán,
Vega y Núñez de Osuna.


FÁBULA XXV.
LOS ANIMALES CONGREGADOS EN CORTES.

Ya sabes que, por genio o por capricho,
vivo en este retiro, Delio amado,
al trato de las gentes entredicho
en mi sola existencia confinado;
aprendiendo del tiempo las verdades
qué me enseña el presente, del pasado.

Interrumpe tal vez mis soledades
uno u otro jurídico negocio
que me hace conocer las sociedades.
Cuando esto no sucede, gasto el ocio
en repasar atento los avisos
de Horacio Flaco, mi perpetuo socio.

Evacuados ayer los más precisos
asuntos que ocurrieron en el día,
me puse a leer gacetas y concisos.
Repleta me quedó la fantasía
de cortes, juntas y demás sucesos,
que llenan hoy de honor la monarquía.

Revueltos mil fantasmas en los sesos
con la cabeza me acosté tamaña,
y padecí del sueño los accesos.
Dormido me ocurrió la idea extraña
de que te voy a hacer puntual diseño,
porque puede apropiarse a nuestra España
en el difícil, cuanto heroico empeño
que tiene contra el déspota absoluto.
Atiende pues, amigo: va de sueño:
En la trampa sutil del hombre astuto
incauto cayó al fin el fuerte León
del imperio animal monarca bruto.

Llevado de su noble condición
no teme los engaños, ni recela
de quien tiene por dote la razón.
Noticia semejante al punto vuela,
discurre por aquel y este hemisferio
y a todos horroriza la cautela.

Las bravas fieras de su grande imperio
se enfurecen, alarman y disponen
a redimir al Rey del cautiverio.

Entre otros medios muchos se proponen
celebrar una junta o gran congreso
de cuantas clases la nación componen.
Líbrase circular, mandato expreso
que a todos los cuadrúpedos emplaza
en beneficio del ilustre preso.

El reino todo se levanta en masa,
y de ariscos y fieros animales
un individuo va de cada raza.

Aun las especies entre sí rivales
se dan y estrechan la amistosa mano
con otras señas de cariño iguales.

El audaz, sangriento Tigre hircano
con sus bigotes y manchada piel,
se mira popular y cortesano.

Sus garras disimula el Oso cruel
y en el público teatro se presenta
como patriota, ciudadano fiel.

La Pantera feroz, siempre sedienta
de sangre de los hombres, allí toma
asiento y a los suyos representa.

El Leopardo acudió también; se asoma
erizando la crin o la melena,
y el ligero Cervan de nariz roma.
No dejó de asistir la cruda Hiena,
desamparando su nevado monte.

En las cortes también tu voz resuena,
i oh membrudo y sagaz Rinoceronte!
El Búfalo, Hipopótamo y el Huro,
El Reno, la Girafa y el Bisonte,
todos asisten al común apuro.

Allá se mira la pintada Cebra,
también la Danta de pellejo duro:
el Unicornio acá, de quien celebra
la fama el cuerno, que aplicado sana
la mortal picadura de culebra.

De nuestra ínclita parte americana
allí miro al Cebú, oigo al Coyote
aullar en la junta soberana.

El Huanaco, el Espín, el Ocelote,
el Babirusa, el Llama y el Zorrillo,
el tardo Armado, el Corzo y el Pizote:
el bravo Jabalí de cruel colmillo
el gordo Tepescuinte, grato al gusto,
el Onagro también y el Huroncillo.

Todos a consultar el común susto
se congregaban de ambos continentes
y forman el congreso más augusto.

Por las otras especies obedientes
al duro yugo del dominio humano,
acordaron poner votos suplentes.

Como por el Caballo lusitano
la Oveja confinada en vil encierro,
la Cabra y el doméstico Marrano;
y así de los demás; menos el Perro
que por su natural inclinación
hacia los hombres, se le imputa el yerro
de la más alta pérfida traición:
y en cuantas tiene, más de treinta castas,
proscripto lo declara la nación.

De los desiertos y regiones vastas
del orbe, vienen en unión social
cuantos usan colmillos, uñas y astas.

Esta ha sido la junta más cabal
que se ha visto de brutos congregados,
desde la del diluvio universal.

Reconocidos los poderes dados,
se declara su fuerza por bastante:
y de acuerdo común, los diputados
eligieron, ninguno discrepante,
por medio de sufragios singulares,
por cabeza del Cuerpo, al Elefante.

Dando los pasos, pues, preliminares,
el sabio presidente abrió el congreso,
entre vivas y aplausos populares.

En un discurso que estudió para eso,
ponderaba la grave, atroz injuria
hecha al Monarca, que lloraban preso.

Exagera también la humana furia
que a todos predomina y avasalla
llenándolos de males y penuria.

"Todo el reino animal cautivo se halla;
(dice aquel orador) de todo el globo
se hace dueño absoluto este canalla:
sus satélites son: la muerte, el robo,
no respeta la hacienda ni la vida
del humilde Cordero o fiero Lobo.

Contra el hombre, tirano bruticida,
este grave Congreso se ha instalado:
recuperad la libertad perdida,

La libertad de nuestro Rey amado,
que en las redes cayó de oculto lazo:
la libertad del Reino y del Estado. ."

"Libertad!, grita el Tigre, en todo caso
para que por las plazas y las calles
me pueda yo pasear sin embarazo".

Libertad absoluta sin detalles,
al mismo tiempo reclamaba el Oso
para rugir por montes y por valles.

Repite libertad el cauteloso
Jakal, poniendo su mirar felino
en el Conejo débil y medroso.

Tengamos libertad, dice el dañino
Lobo para dejar la obscura gruta,
y salir a las claras al camino.

Demanda libertad la Zorra astuta,
y que mueran el hombre y el Mastín
para que pueda ser más absoluta.

Nuestro Gato montes y el Tlacuazín
son de la libertad declamadores:
y todos piden libertad al fin.

El Mono entonces dijo así: "Señores,
la amable libertad es el objeto
de las públicas ansias y clamores;
que la conseguiremos me prometo,
si descubre la luz de esta asamblea
el medio de salir de tanto aprieto.

El común enemigo se pasea
por nuestras posesiones muy altivo,
mientras la junta libertad vocea.

¿Pero qué libertad? Según percibo,
no es la que más conviene a la nación,
ni la que necesita el rey cautivo.

Particulares libertades son
las que oigo reclamar a cada uno
conforme a su específica intención:
libertad para hablar sin freno alguno,
libertad para hacer cuanto se quiera,
se pretende en un tiempo inoportuno.

"No se consigue el fin de esa manera:
el reino seguirá tiranizado
y el príncipe en poder de aquella fiera.
La salud del monarca y del estado
es el único objeto, el punto fijo,
a que debe atender nuestro cuidado,
y no refiero, por no ser prolijo,
otras muchas razones en abono".

Aquí la maliciosa Zorra dijo:
Oigan al charlatán, miren al Mono
como quiere con gestos y parola
imponernos la ley y dar el tono.

Pensará que sólo él ha dado en bola
y que sabe pensar como la gente,
sin mirar por detrás su larga cola.

¿Cómo tuvo valor el insolente
de acusar al magnífico concurso,
no menos que de necio, impertinente?

Que no sabe elegir aquel recurso
que a la necesidad actual conviene,
careciendo de todo buen discurso?

Nada ignoro: ya sé de donde viene
esa mordacidad: todo es resabio
del humano comercio que mantiene,
Discurrir como el hombre, con agravio
de nuestra Majestad (injuria atroz!)
es por más parecérsele en lo sabio,
así como en la cara tan feroz
y merecer con él alto renombre...."

El señor Presidente alzó la voz,
diciendo así: "NADIE SE ASOMBRE,
SI COMO UN ANIMAL EL HOMBRE OPINA
QUE HAYA BRUTO QUE PIENSE COMO EL HOMBRE.

Aquí, amigo, la fábula termina,
porque quiso un ridículo fracaso
interrumpirnos la sesión fierina.

Sabrás que en otro tiempo vi. de paso
leyendo antigüedades en Heinecio
cierta doctrina conveniente al caso....
Así dormido me esforcé bastante
y con voz tartamuda dije recio:
"Ha hablado en su lugar el Elefante,
eso mismo dio causa a cierta ley,
en el juicio de un sabio protestante''.

Al escuchar mi acento aquella grey
me reconoce, grita y se agabilla,
diciendo: "El opresor de nuestro Rey",

Me cerca la brutal fiera cuadrilla,
me embiste con gran furia y con denuedo.

A mí me despertó la pesadilla,
y al escribírtela ahora tengo miedo,
me parece que todo es realidad.

Y continuar la epístola no puedo,
considérame solo, a la verdad,
entre aquella furiosa multitud,
que a título de pública salud
me acusaban de lesa-majestad.

FÁBULA XXVI.
EL PAVO REAL, EL GUARDA Y EL LORO

Un soberbio Pavo Real,
de pluma tersa y dorada,
con brillantez adornada
se paseaba en un corral.

El petulante animal
con aire de señorío
miraba el rico atavío
de su pluma: pero mudo,
aun en su elogio no pudo
decir: "este pico es mío".

Mientras tanto tomó asiento,
allí cerca, un pobre Guarda,
de estos de la pluma parda
que no tienen lucimiento:

Pero con melifluo acento
abre la dulce garganta,
y de tal manera canta,
con voz delicada y suave,
que aun el Pavón que no sabe
admiró dulzura tanta.

Necio entonces y orgulloso,
al mismo tiempo que rico,
quiere imitarle, abre el pico,
y da un graznido espantoso.

Mi Loro que es malicioso,
con una falsa risilla
dijo: "Bravo, qué bien brilla
con el resplandor del oro!
Mas no tiene lo canoro
de esa discreta avecilla".

Dime, musa, si has sabido
los misterios de los hados,
¿por qué están enemistados
lo rico con lo entendido?
Bajo un humilde vestido
vive el sabio en menosprecio,
mientras el soberbio necio,
lleno de oro y de arrogancia,
en medio de la ignorancia
merece el común aprecio.

FÁBULA XXVII.
LOS ANIMALES EN CORTES

De muchos animales quejas
sin fin y largos memoriales
llegan al León, pidiéndole que forme
leyes nuevas y el Código reforme.

El León, entonces, de justicia lleno,
a Cortes les convoca en sitio ameno
donde tres diputados
por cada especie llegarán nombrados.
Apenas publicado fue este bando,
cuando fueron llegando
el Toro ardiente, el Jaco belicoso
el fiero Tigre, la Pantera, el Oso,
la Liebre, el Ciervo, el Gamo, el Perdiguero,
la Oveja y el Carnero,
el Marrano, el Coyote,
y después el Pollino a medio trote.

En fin, sin excepción, de varios modos,
se vieron juntos todos
uniéndose por su orden al efecto,
desde el noble Elefante al vil insecto.
¡Con qué elocuencia grave, con qué seso
desplegó sus talentos el congreso!
Del valor militar habló el Caballo,
de vigilancia el Gallo;
alaba el Perro su lealtad constante
la castidad ensalza el Elefante,
y aun el Asno, atenido a su experiencia,
encomia la virtud de la paciencia.
Contra el ocio perora
la Hormiga afanadora;
censura el mustio Gato
el paseo libre y el mundano trato
y hasta un Lobo político, aunque Lobo,
dijo mil maravillas contra el robo;
el Venado, el Conejo bullicioso,
la Ardilla, el Ratónenlo quisquilloso,
en la junta despliegan con destreza
su natural viveza,
brillando aun más con su maligno tono
el Zorro astuto y el picante Mono.

Después de mil debates
en que se hablaron muchos disparates
se trató de plantar el ejercicio
de la virtud y sofocar el vicio.

Discurriéndose medios muy diversos
para que los infames y perversos
al punto desterrados
fueran de las campiñas y poblados:
Y aunque a cada proyecto
se le encontraba siempre algún defecto,
el Gallo en fin propuso con instancia,
que la preponderancia
de algunos animales se quitara
y la ley de igualdad se decretara.

La propuesta causó grande susurro
y aun se llegó a sonreir el mismo Burro;
mas como un extranjero
pasa en cualquiera parte por primero,
distintos oradores
agotando de su arte los primores
sostuviéronle al Gallo de tal modo
que inclinado quedó el congreso todo.

Por interés los unos,
por zánganos los otros, y por tunos,
de la igualdad sancionan el decreto,
y luego al Rey lo llevan con respeto.

Firmó S. M. y en la asamblea
resuenan los aplausos de la idea,
llamándola un portento
y apostrofando al Gallo por su invento.

Salíanse ya, cuando un Ratón casero
vio junto a sí con ademán severo
al Gato su enemigo,
y poniendo al congreso por testigo,

"Ved, señor, dijo:
vuestro decreto es vano aunque prolijo,
pues mi Señor el Gato aún uñas tiene
y predominio sobre mí mantiene''.
"Amigo, exclamó el León, mis animales
se han declarado iguales;
mas no es fácil quitarles con presteza
lo que al nacer les dio naturaleza
con decretos eternos:
por hoy mantenga el Toro sus dos cuernos,
el Mulo las pezuñas,
el Tigre y Gato sus filosas uñas.
Guarde el Lobo sus dientes
y cada uno sus armas diferentes
hasta que sea pensado
el negocio, y mi reino nivelado...."

Nunca se llegó a ver por experiencia,
pero salió por fruto esta sentencia:
"Ningún Legislador, aunque profundo,
podrá igualar el mundo".

FÁBULA XXVIII.
EL DOGO FALDERO Y EL MASTÍN.

Tuvieron no sé qué riña
y sobre no sé qué cuento,
un arrogante Mastín
con un Doguillo faldero.

Este, aunque diminutivo
de las castas de los perros,
de su astucia y elocuencia
vivía muy satisfecho.

Contaba con cierta audacia
y con cierto atrevimiento
de carácter, en ladrar
y gruñir en todo tiempo.

Y siendo tan degradado
en su talla, y en sus miembros,
se imaginaba un Goliat
en la materia de pleitos.

Ya había el animalito
dado en concursos muy serios,
pruebas de ser bullicioso
y ladradorcillo necio.

Pero en esta vez estaba
sostenido con empeño
por el favor de sus amos
y esto lo tenía engreído,
porque es constante que algunos
le halagaban con esmero,
le daban en sus estrados
y en sus sofaes asiento.

A veces se le admitía
en los corros más secretos,
y entonces se le batía
el chocolate estupendo.

Todo, bien .se deja ver,
por interés .manifiesto
de que sirviera- el Doguillo
con su insaciable gargüero.

Con las alas de los amos
creció su orgullo y empeño
y en ciertas desavenencias
se decidió a echar el resto.

Para salir con su idea
fraguó ciertos embelecos
con que obligar al Mastín
a venir a cierto pleito.

Debía este decidirse
por trámites de derecho
y por fórmulas forenses
en que el Mastín era lego.

En esta satisfacción
y con grande atrevimiento
el doguillo le retó
señalando Juez y tiempo.

El flemático Mastín,
que de lejos vio el enredo,
sin inmutarse admitió
el desafío propuesto.

Preséntase al tribunal
donde el Dogo leguleyo
hizo el exordio estudiado
que convenía a su intento.

Allí usó de sus ardides
y trampas, a todo riesgo,
seguro de conseguir
el triunfo del vencimiento.

Era empeñado el combate;
y en sacar al Mastín reo
se cruzaban intereses
de odio y venganzas a un tiempo.

Mas el Mastín socarrón
que había entendido el juego,
con oportuna ocurrencia,
pone el Doguillo en aprieto.

Luego le obliga a que jure
y con bizarro denuedo
sobre este golpe le oprime
con otro, no menos diestro.

Por fin y postre declara
el locuaz Perro faldero,
que ya nada pretendía
y se apartaba del pleito.

Salió con rabo entre piernas,
maldiciendo sus proyectos
con mil votos y mil vidas
a estilo de carretero.

Si este el éxito final
ha de ser de los enredos,
y si en vez de triunfo sacan
público deslucimiento;
¿quién los meterá a los dogos
en estos graves empeños
con los valientes Mastines
que les llevan pelo y cuerpo?

FÁBULA XXIX
LAS GOLONDRINAS Y LOS BARQUEROS

Unas Golondrinas,
desde Guatemala,
quisieron hacerse
un viaje a la Habana.

Y dando principio
a su caminata,
volaron diez días
haciendo mil pausas.

Llegan a Trujillo
y estando en la playa,
en vez de tenerse
resuelven la marcha.

Una de prudencia
entre ellas estaba,
y las dijo: "amigas
mirad tantas aguas".

No nos expongamos
a morir ahogadas,
si a medio camino
las fuerzas nos faltan.

Mejor es pedir
en aquella barca
un lugar pequeño
que talvez no falta.

Apenas había
dicho estas palabras,
cuando respondieron
con gran petulancia:

"Barca no queremos,
pues con nuestras alas
tenemos de sobra
para ir hasta España".

Los Barqueros todos
oyendo esto estaban
y también se reían
de tal petulancia.

Pasada la noche,
a la madrugada,
alzaron el vuelo
con gran algazara.

También los Barqueros
hicieron su marcha
con la ligereza
que andan los piratas.

Y apenas dos leguas
llevaban andadas,
cuando ven llegar
las aves cansadas.

Con súplicas mil,
todas desmayadas,
amparo pedían
a los de la Barca.

Mas ellos entonces,
riendo a carcajadas,
sólo les decían:
¿Pues no tenéis alas?

Al fin perecieron
nuestras camaradas,
y así los Barqueros
tomaron venganza.

Esta fabulilla,
se llama la Capa,
vístala el lector
si acaso le entalla.

FÁBULA POLÍTICA.
LAS HORMIGAS Y LA LOMBRIZ

1
No canto hazañas del famoso Alcides
ya celebradas por cantor divino:
no refiero sangrientas, crudas lides
que engrandecieron el poder latino:

Ya es fuerza, musa, que lo heroico olvides
y te acomodes con mi actual destino:
llévate al monte del castalio coro
mi lira de marfil con cuerdas de oro.

Déjame solo mi bandurria humilde
de cuatro cuerdas, pero bien templadas,
en que canté las gracias de Matilde,
hace cumplidas ya quince olimpiadas.
En ella, sin que falte en una tilde,
cantaré maravillas ignoradas,
porque siendo comunes y triviales
no reparan en ellas los mortales.

Yo vi un reptil horrendo,, una Serpiente,
con tardo progresivo movimiento
vibrando al Sol su piel resplandeciente,
tersa y sin rugas de color sangriento.
Vi también un ejército valiente
que marachaba con orden y ardimiento,
y que al terrible monstruo se acercaba
y con dobles falanges lo rodeaba.

Aunque esta hidra es disforme en su grandeza
pues en su cinta caben acostados
sin que toquen los pies con la cabeza,
novecientos, o acaso mil soldados,
la acometen no obstante con braveza,
y con filas y círculos doblados
en su grande extensión la circunvalan,
al mismo tiempo que su altura escalan.

Contra la tersa piel del monstruo fiero
afianzaron las picas y cuchillas,
sube por ellas el marcial guerrero
y fija su cuartel en las costillas
del horrible enemigo, que ligero
sobre los escuadrones y cuadrillas
en arco eleva el cuerpo portentoso,
y en salvo deja el campo numeroso.

Sacude contra el suelo ambos costados
y el grave golpe que la tierra hiere
resuena por los montes y collados
que retiemblan, y el eco lo refiere.
Pero de los que están acuartelados
ni uno solo su puesto dejar quiere;
que en los robustos y espaciosos lomos
se fortifican cual si fueran plomos.

Se revuelca, con varias contorsiones,
y del cuerpo flexible forma anillos,
que sirven de otros tantos escalones
por donde los soldados y caudillos
suben en desfilados escuadrones
y asaltan estos móviles castillos,
de manera que, en menos de un minuto
de las tropas se cubre todo el bruto.

Ya no se ve la piel sangrienta y fea
ni la figura de la fiera enorme,
por todas partes su extensión negrea
(porque este es el color del uniforme
del ejército fuerte que pelea).
Aquel monstruo feroz y tan disforme,
herido por mil partes, cede y gime
bajo el inmenso pesó que lo oprime.

Los débiles impulsos convulsivos
indican los defectos de su aliento,
con esto los guerreros más activos
aumentan el valor y atrevimiento.
Espíritus vitales fugitivos
desamparan su tardo movimiento;
y se derrumba inerte en su defensa
flojo el sistema de su mole inmensa.

Descienden del cadáver, victoriosas
las formidables huestes aguerridas,
y con gran diligencia presurosas
de sus yertos costados bien asidas;
multiplicando filas numerosas
y de un impulso solo conducidas,
arrastran lentamente y sin estruendo
de la espantosa sierpe el cuerpo horrendo.

El ejército, así bravo y experto,
marcha, no sin sudores y fatigas,
llevando en triunfo su pesado muerto
que servirá de pasto a sus barrigas.

Así vence, cuando obra de concierto,
cualquiera sociedad, aun la de hormigas:
que conduciendo su Lombriz por presa
la meten en su cueva, o fortaleza,

Y bajo la presente alegoría
un hecho se contiene verdadero,
que la experiencia enseña cada día:
En guerras que sostiene un hormiguero,
ataca con denuedo y bizarría
a otro insecto cualquiera, grande y fiero;
y la social unión con que procede
la victoria y el triunfo le concede.

¿Qué sujeto más débil que una hormiga?
y su ánimo y su fuerza es invisible
cuando obra acompañado en fuerte liga
con su libre república temible.
Esfuerzo ni potencia habrá enemiga
contra el brazo y el pecho indivisible:
para ser vencedores, ciudadanos,
unid los corazones y las manos.

EL COYOTE Y LA OVEJA.

2
Dizque un hambriento Coyote
se estuvo una noche entera
dando vueltas al redil
de una manada de Ovejas,
sin que pudiera pillar
ni hacer presa de una de ellas:
Viendo inútil su trabajo,
sus vueltas y diligencias
lo que no pudo por mal
pretende lograr a buenas.

Con halagüeñas palabras,
escondiendo su fiereza,
llégase astuto a la cerca,
y llamando a la más tierna
entabla conversación,
diciéndola: "dulce prenda,
si vieras cuanto yo siento
y cuanto es grande mi pena
el veros tan abatida
a tí, y a tus compañeras,
sin libertad ni placeres,
siempre encerradas y presas,
sujetas sólo al capricho
del pastor que las gobierna,
sin que puedan disfrutar
su derecho, con franqueza
para saltar por los montes
y pasearse por las breñas. ..

No lo creyeras, mi bien;
mas te digo con llaneza
que no se encuentra otra dicha
que se le asemeje a esta.
Mira, toma mi consejo,
que es de mi amor una prenda:
mañana por la mañana
luego que os abran la puerta
y al prado el Zagal os lleve,
atrásate con reserva,
escápate de su vista
corriendo al bosque ligera;
que yo allí te aguardaré,
con mis brazos en tu espera
y con esto lograrás
salir una vez de penas".

Engañada la infeliz
creyó a la inhumana fiera.
Luego que al campo salió,
de su rebaño se aleja
hasta llegar donde estaba
el infame que aconseja.

Y entonces, ¿qué sucedió?
lo que era muy natural:
que al instante se la almuerza
y da fin a su maldad.

"Consejeros de esta especie
hay muchos que con pretexto,
de libertad y de dicha,
encubren un fin perverso".
3

ESOPO Y EL ESCARABAJO

Antaño cuando Esopo
escribió mil verdades y primores
las pláticas contando y las hazañas
del Oso, el Jabalí, la Zorra, el Topo
y demás alimañas:
dice la historia que estos mis Señores,
con el enojo se pusieron tales
que bufaban los pobres animales.

Serio consejo hicieron
entre reniegos, votos y por vidas
(que tan antiguas son las insolencias)
y atajar sus ofensas decidieron.
Sus altas excelencias
con el empeño estaban aturdidas;
mas a sacarlas de su gran trabajo
se ofreció ufano el sabio Escarabajo,

Juntó los materiales
de que todas sus obras se componen;
cerca de un mes sin pausa acarreando
la grata carga de delicias tales,
las iba preparando:
ya juntos, con esmero se disponen
a borrar con valor y sin zozobras
los fatales escritos con sus obras.

Como estas apestaban,
Esopo las sacó por el olfato;
tapóse la nariz, reparó un poco;
vio las fatigas que. se malgastaban;
rió del empeño loco,
y tal plumada dio, que del rebato
el bichillo infeliz de todos modos,
quedó aplastado y se rieron todos.

El mordaz Renglonero
a quien este jubón ajuste al talle,
enmiéndese si puede
o sufra y calle.

EL CIERVO Y LA OVEJA, SIENDO JUEZ EL LOBO.

Ante el Lobo una queja
el Ciervo presentó contra la Oveja:
pretendía sin forma y sin testigo
que le debía un celemín de trigo.

La Oveja aunque inocente,
viendo en el tribunal tal Presidente
no contradijo el hecho;
y juzgó el Lobo como en un barbecho:
se la mandó pagar,
fijose el plazo
y la pobre salió de este embarazo.

Llegado el día, ejecutola el Ciervo;
pero como iba sola,
le respondió la Oveja: "ve, protervo,
que mi promesa la arrancó tu dolo
y del juez enemigo la presencia;
de que nada te debo, en mi conciencia
voy tranquila y segura:
Sólo hace ley la fuerza mientras dura.

A LA LIBERTAD.

(Canción).

¡Oh Libertad divina, don del cielo!
tu luz bella y fulgente,
cual otro sol ardiente,
ahuyenta la tiniebla, alumbra el suelo.
Tú sola vivificas
las plantas y las flores;
das al prado colores
el fruto dulcificas,
y a tí, naturaleza
debe el ser pura, celestial belleza.

El saber, las riquezas, los honores,
cuando tú estás ausente,
se convierten en fuente
de eterno llanto, amargos sinsabores,
Sin tí el triste cayado
en olvido perece;
sin tí el campo no ofrece
espigas al arado,
y sin tí el bosque ocioso
nace, muere, y no surca el mar ondoso.

Cuando cobarde y torpe te condena
el cetro de Tiberio
duro cautiverio,
la apacible virtud gime en cadena,
la verdad desparece
el patriotismo huye,
la amistad se destruye,
el cielo se oscurece,
el averno se agita,
y la venganza y la traición vomita.

Mas si valiente y sabio te levanta
el genio "peregrino
de Washington divino,
alegre la virtud su triunfo canta,
muestran su bella cara la verdad, la justicia,
y la amistad propicia;
el nublado se aclara,
y en apacible aura
el aliento perdido se restaura.

¡Oh Libertad del cielo descendida
para el bien de la tierra!
en tí sola se encierra
oro, tesoro, paz, bien, gloria y vida.
Nunca cese un momento
de regir tu divino
imperio mi destino:
y en sonoroso acento
pueda la lira mía
cantar tus glorias de la noche al día.

EL LORITO

Como las perdices
son tan desgraciadas,
con aquel piquito
de color de grana,
su pintada pluma,
la mucha elegancia
de su hermoso pecho,
y toda la gracia
de aquellas patitas
tan recoloradas;
un lorito mío
se huyó de la jaula,
y fuese tras ellas
por esas montañas.

Presentose el mozo
con toda la gala
de sus coloridos,
y ellas muy pagadas
de su bizarría,
le acogen y halagan
con grandes caricias
y finezas raras.
Una le pedía,
para hacerse galas,
plumas amarillas;
otra coloradas;
otra quiere verdes;
y él por agradarlas,
fue tan boquirrubio
que en pocas semanas
quedó desplumado,
sin que le dejaran
mas que los cañones,
y aún eso de gracia.

Cuando lo pararon
tan de mala data,
huyéronle todas,
y tornó a la jaula
lleno de ignominia.
Inquiero la causa
de su desventura,
y él que nada calla,
me lo dijo todo;
y al ver su ignorancia,
le dije: "Lorito,
dale al cielo gracias,
porque esas perdices
eran de montaña;
que si has tropezado
con otras que andan
por las poblaciones,
ellas te dejaran
tan descañonado,
que no pelecharas.

LA LOCA Y LA VIEJA

Había una loca
de esas sosegadas,
que pasan por cuerdas
si no se les habla.
Un día en el templo,
que rezando estaba
tan grave y atenta
como una beata,
cierta vieja tonta
en hora menguada,
se hincó junto a ella,
y luego desgarra
con fuerte tosida,
su gran salivada.
—¿Cómo a mi escupirme?
Quién así me trata?—
le dice la loca,
toda amostazada:
turbóse la vieja;
quiso sosegarla
con buenas razones,
que allí fueron vanas;
y de unas en otras,
se armaron entrambas
de picos y manos,
sus únicas armas.
Hubo la de MIENTES.
Lo de NORAMALA,
lo de MAS ES ELLA,
con el de las pascuas.
La cosa iba a punto
de darse guantadas,
cuando un venerable,
ropa negra y larga,
semblante severo
y barriga inflada:
—"Es loca, le dijo
aparte, a la anciana,
déjela en su tema,
no hay que porfiarla".
—"Ya yo le decía,
le repuso ufana,
que sólo una loca
así me tratara".
—"Mejor fuera verlo
en su disonancia,
y evitar el riesgo
de ser arañada",
dijo el de lo negro,
y acabó la frasca.

Así pierde el tiempo
el que lo malgasta
con los testarudos
de razón escasa.

De argüir con los necios
¿qué fruto se saca?
A veces dicterios,
y a veces patadas.

EL POETA Y EL LORO

Un indio obsequioso,
que me visitaba
me trajo un lorito
por cosa muy rara.

El animalito
hablaba con gracia,
y sus coloridos
también se la daban:
Tenía en el cuello
no sé cuántas fajas
rojizas y verdes,
azules y blancas.
Su bruta cabeza
estaba adornada
con un penachito
de plumas muy varias.
Al ver su rareza
le di al indio gracias,
que es lo que percibe
siempre que regala.
En mi gabinete
fijé su morada,
poniéndole al pobre
su querida estaca.
Hace ya algún tiempo
que tengo la maña
de leer en alto
lo que más me agrada.
Con este motivo
el loro escuchaba
cuanto yo decía,
y él lo relataba.
Si hablaba de historia,
también él hablaba:
si versos leía,
versos recitaba:
tratando de leyes,
de leyes trataba,
oyendo sermones,
sermón predicaba;
metiendo así en todo
su tosca cuchara.
También fui notando
que se le quedaban
párrafos enteros
de bastantes llanas.
Viendo que era el eco
de mis voces vagas,
que las corrompía
su mucha ignorancia,
que hablaba de todo,
que nada inventaba,
que era memorista
plagiario de marca;
le dije irritado:
"Cállese el panarra,
que ya me fastidia
lo mucho que charla".
Después sosegado,
miré con cachaza
el célebre caso,
y por humorada
traté de aplicarlo
a lo que ahora pasa.
Y habiendo advertido
que muchos le igualan,
me dije entre dientes
con grande soflama:

¡Cuántos escritores
hay de aquesta laya,
que sólo repiten
lo que muchos hablan,
sufriendo en sus bocas
bastante rebaja
las cosas que fueran
muy bien expresadas!
Y cuántos doctores,
también con sus fajas,
lo son de memoria
como el camarada!

LA VIEJA Y EL BAILARÍN

Deseaba un bailarín
lucir en no sé qué fiesta
con un vestido compuesto
de mil colores y telas.

No tenía facultades
para conseguir la empresa:
mas él se ingenió de modo,
que al fin se salió con ella.

Dedicóse a recoger
los retazos de las piezas
que los sastres conservaban
mal habidos en sus tiendas.

Eran algunos de a vara,
y también de vara y media,
porque el sastre nunca tiene
igualdad en su conciencia.

En la encoge y en la alarga
según corre la tijera;
si le sobra mucho, mucho,
y si poco, se contenta.

Pero nuestro bailarín
buscaba más menudencias;
de suerte que diez pedazos
componían una sesma.

De este modo en un canasto
juntó las brillantes muestras
de la industria y patriotismo
de naciones extranjeras.

Como él sabía coser,
y gastaba mucha flema,
trazó un vestido muy charro
con sólo sobras ajenas.

Salió con él por la pascua,
y me pareció que era
un tablerito de damas
el pantalón y chaqueta.

Le lucía grandemente
pues toda la turba necia
se lo quedaba mirando,
casi con la boca abierta.

Pero los más advertidos
motejaban su extrañeza,
y los tunos descargaban
sobre él infinitas piedras.

Mas viendo que le zumbaban
algunas por las orejas,
se refugió en mi zaguán
lleno de miedo y vergüenza.

Valiose de la ocasión
mi anciana y señora abuela
para darle unos consejos,
y le habló de esta manera:

"Válgame Dios, hijo mío,
qué de puntadas te cuesta
ese vestido, que al fin
vale muy poca moneda!

Cuánto mejor te estaría
un vestidito de jerga,
que sobre ser más honesto
tan corrido no te viera!

Más sencillo y más barato!
sin duda alguna saliera,
y con ser menos vistoso
no fueran tantas tus penas.

—¿Más barato? no, señora!
menos trabajo, pudiera:
pues todos estos retazos
ni un maravedí me cuestan.

SOLO CON HABER ANDADO
DÍAS, DE TIENDA EN TIENDA,
Y COGIENDO AQUÍ Y ALLÍ,
SALIÓ LA OBRA COMPLETA.

—¿Completa? no digas eso,
replicó la buena vieja,
que no es completo lo que es
hecho de infinitas piezas.

Tú pretendiste lucir
valiéndote de esa treta;
pero ya ves que al que quiere
dar un chasco, le chasquean.

EL POBRE CON SU SAYAL
PUEDE LUCIR DONDE QUIERA;
MAS DESHONRA AL PETIMETRE
LA PANA CUANDO ES AJENA.

—Alto ahí, me dijo entonces,
Oigan qué linda ocurrencia,
lo que con este motivo
se me vino a la mollera:

Ah ¡cuántos autores nuevos
al bailarín se asemejan,
de aquellos que dan a luz
obras de varías materias!

SOLO CON HABER ANDADO
REGISTRANDO BIBLIOTECAS
Y COGIENDO AQUÍ Y ALLÍ,
SACAN SUS OBRAS COMPLEJAS,

Harto mejor les sería
que sus libros compusieran
a lo pobre, porque puede
decirles alguna vieja:

EL AUTOR, AUNQUE MEDIANO,
PUEDE LUCIR DONDE QUIERA:
MAS DESHONRA AL ESCRITOR
LA CIENCIA, CUANDO ES AJENA.

AMISTAD (Epigrama)

Yo tengo, dijo Andrés, unas piaras
de marranos ingratos, cuyas caras
no he podido mirarles en mi vida,
sino al tiempo de darles la comida.
Me tienen afligido,
pues unos diez o doce se han huido
y los oíros notando mi pobreza,
con gruñidos me aturden la cabeza,
y me dan costaladas,
mordidas, reempujones y hocicadas;
de suerte que no quiero ya ni verlos.
—Razón tienes, le dije, vé a venderlos,
o matarlos, y quedas satisfecho,
pues muertos o vendidos dan provecho:
si los vendes, te aumentan el dinero,
y si no, te sazonan el puchero.
—Yo me diera, dijo él, aquesa traza
si fueran los cochinos de otra raza;
pero aquestos merecen mil castigos.
—Pues, ¿qué puercos son esos?. .. .—MIS AMIGOS.

YO ME CONFIESO A LA SANTA INQUISICIÓN.

(Epístola).

Una loca excomunal
se ha puesto muy de mañana,
debajo de mi ventana
con un tema original:
En la cabeza un GUACAL
tiene a modo de morrión,
y ensarta una relación
tan larga como un proceso,
que empieza: YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

Por este accidente ingrato,
al escribir las noticias,
que tanto, amigo, codicias,
me interrumpo cada rato.
Este clamor inmediato
de su molesta canción
me arrebata la atención;
y pierdo el hilo y el seso,
oyendo el: YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

Te escribo así finalmente,
y tu allá como entendido
darás a lo interrumpido,
inteligencia y suplente;
sabrás que ya está en corriente
la nueva Constitución,
y según la observación
que se tiene, buen suceso
promete: YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

Considera ya desiertas
las lóbregas bartolinas,
que a las prisiones dañinas
se cerraron ya las puertas;
mas yo las quisiera abiertas,
pues cerrada una prisión
indica la presunción
de que contiene algún preso
gritando: YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

Ya se oyen los soberanos
derechos de la igualdad,
y de la gran sociedad
todos somos ciudadanos;
excepto los africanos,
cuya servil condición,
ha sido un negro borrón
que apenas lo quita el yeso
más blanco... YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

Hubo juntas parroquiales,
y según los votos varios,
salieron compromisarios
para las electorales.
Merecen estos vocales
toda nuestra aprobación
por ser de la aceptación
y consentimiento expreso
del pueblo.... YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

Puestos ya los electores
en su respectivo asiento
proceden al nombramiento
de alcaldes y regidores.
Ante los espectadores
hicieron la votación,
sin fraude ni colusión,
ni otro legítimo exceso
doloso.... YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

En el tiempo convenido
hubo misa y asistencia
del Cabildo y de la Audiencia,
con. un concurso lucido,
el Señor os ha elegido,
dijo el padre del sermón;
la evangélica lección,
era de aquel texto expreso,
"NESCIO VOS... YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

Por las noticias de Europa,
(amigo, Gaceta canta)
de España la causa santa
navega con viento en popa.
Se creerá que hay una tropa
de gente tan sin razón
que todo lo hace cuestión,
aun lo que se mira impreso
de molde. ... YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

Se dice que un belemita
contra un fraile franciscano,
de quien "lo supo un fulano,
a quien un mengano cita:
que por una carta escrita
de Pekín, se da razón
que al pérfido Napoleón
le torcieron el pescuezo
en París.... YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

Nuestra Coronada Villa
la reconquistó el inglés,
y no se encuentra un francés
en una ni otra Castilla.
Evacuada ya Sevilla,
la Navarra y Aragón
tendrán pronta evacuación;
el mal gálico con eso
purgarán.... YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

Nuestro ilustrado Gobierno
pidió al Claustro que le informe
del método más conforme
de estudio antiguo y moderno.
Al punto se cría un temo
de sabia' diputación,
para que haya una instrucción:
ahora sí que harán progreso
las letras... YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

Guatemala está de moda
que ninguno la comprende,
y aquél que. más lo pretende
es el que lo ignora todo:
por eso yo me acomodo
a la vida del ratón,
que labró su. habitación
en aquel famoso queso
flamenco.... YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

Amigo, se me sofoca
la cabeza con el ruido
monótono y sostenido
de mi penitente loca.
Por lo que. a mi afecto toca,
jamás tendrá variación,
siendo esta la confesión
que en mi juicio y exprofeso
debo hacer: YO ME CONFIESO,
A LA SANTA INQUISICIÓN.

CANTO A LA INDEPENDENCIA DE GUATEMALA.

Quisiera ¡oh Fabio! que mi voz tronara,
y cual rayo veloz y resonante
por el inmenso globo se esparciera,
y el eco en el Olimpo retumbara.
Después que Troya dobla la arrogante
cerviz al yugo de la suerte fiera,
y su gloria primera
en muerte ya trocada,
escucha horrorizada
de rabia y de dolor el triste acento,
Hornero con su dulce melodía
los cielos y la tierra suspendía,
y su sonora voz librando al viento,
cantó de Aquiles la inmarcible gloría,
y eternizó por siglos su memoria.

Si estas hazañas que en horror profundo
sepultaron a Troya: si estas guerras
donde juró su destrucción el hombre,
dolor al sabio, admiración al mundo:
si estas, en fin, que desolaron tierras
han obtenido un ínclito renombre;
hoy Fabio, no te asombre
que mi musa atrevida
aspire enardecida
al subir el Parnaso en la alta cumbre:
que si a mi lira la expresión le falta
para llegar a una región tan alta,
la libertad con su divina lumbre
inspira el fuego y las palabras dicta,
que inmortalicen a mi patria invicta.

De esclavitud tres siglos espantosa
hubieran ya por Kachiquel pasado.
En ellos la justicia no mostrara
nunca su faz divina y luminosa:
lloraba su trabajo malogrado
el labrador, a quien con mano avara
el rico despojara:
gimiera encarcelado
el pobre y desdichado:
falta de apoyo erraba la inocencia;
y por colmo de errores sin ejemplo,
sobre las aras del sagrado templo,
de tus hijos ¡oh Dios de la clemencia!
la sangre con placer se derramaba,
y el sacerdote en ella se bañaba!....

Empero tanto crimen, maldad tanta
su término encontrar al fin debía.
Cercada de una luz fulgente y bella
la libertad asoma: aterra, espanta
al negro despotismo: brilla el día:
con victoriosa planta el indio huella
las prisiones, y sella
su futuro destino......
jAquí, Numen divino,
tu protección y tu favor invoco!
Y vosotras, del Pindó habitadoras,
y de sensibles pechos las señoras,
musas, en mi favor hoy os convoco:
que sin vosotras mi cansado acento
no tiene fuego, ni vigor ni aliento.

Después de tantos años de cadenas,
después que el vario aspecto de la suerte,
despertando los odios engendrados,
viniese a acumular penas a penas,
¿Quién no viera seguir la dura muerte
en pos de los tiranos aterrados?
¿Esclavos humillados
a su vez victoriosos
se portan generosos?
¡Oh Dioses, que habitáis el alto cielo
y fulmináis el rayo vengativo!
descended, y un ejemplo hallaréis vivo
que os enseñe a clementes en el suelo.
Venid, y contemplad cual es la gloria
del que no mancha en sangre la victoria.

Hijos de KACHIQUEL, vosotros vistes
vuestro suelo con lágrimas regado;
mas para eternizar vuestro renombre,
no las lágrimas fueron de los tristes,
no el llanto acusador del desgraciado,
sino el de gratitud, que vuestro nombre
vocifere, y asombre.
Con ejemplo no oído
al déspota vencido,
y al vencedor soberbio e inclemente,
con mano liberal el indo alzaba
a su antiguo tirano: le brindaba
sus frutos y su albergue; y blandamente
le exhortaba a la paz y a la armonía,
y su amistad sincera le ofrecía.

En lugar de la trompa belicosa,
presagio de la guerra y del espanto,
sólo se oyeron himnos de alegría:
en vez de la orfandad calamitosa
que siembra la impía muerte envuelta en llanto.

La amistad, el placer reinarse veía
y de noche y de día
los ecos sonorosos,
y juegos bulliciosos,
y danzas, y festines y paseos,
anunciaban la paz y la concordia;
y a despecho y pesar de la discordia,
colmaban de los buenos los deseos.
La traición, la crueldad y la venganza
espantadas huyeron a su estanza.

Yo, Fabio, a quien la Parca destructora
aún no hubiera robado lo que amaba,
participé del general contento.
Y si mi voz, entonces insonora,
en acorde canto no se alzaba
por la anchurosa habitación del viento,
mi humilde pensamiento
en votos mil pedía
para la patria mía,
libertad, igualdad, paz, gloria y vida.
Los dioses se mostraron indulgentes
a mis sinceras súplicas y ardientes,
y mi voz en el cielo fue entendida.
Lo que yo viera y oyera, caro Fabio,
a tí tan solo contará mi labio.

En el silencio de la noche umbrosa,
cuando ya fatigados los mortales
entregaban al sueño su desvelo,
y de esta vida siempre procelosa
olvidaban los bienes y los males;
yo, importunando con viveza al cielo
en ardoroso anhelo,
mis ruegos continuaba
y mis votos doblaba.

Súbitamente brilla un sacro fuego,
ilumina mi oscura y sola estancia,
y siento una aromática fragancia.
Un genio celestial desciende luego
cercado de una luz tan esplendente,
que todo el cuerpo sus ardores siente.
"Los dioses" dijo: "de piedad movidos,
a predecirte el porvenir me envían.
Cambia ya tus afanes en contento.
El suelo que encerraba divididos
esclavos y tiranos; do se veían
reinar el odio y el furor sangriento,
de hoy más será el asiento
y perpetua morada
de la igualdad sagrada,
de la justicia y libertad. Su nombre
será apoyo del bueno desdichado,
y el terror del tirano y del malvado;
y para que se extienda su renombre,
tú cantarás sus glorías dulcemente,
y de laureles ceñirás tu frente".

Así habló el Genio: y remontando el vuelo
huyó a mi vista cual fugaz pudiera
rápida exhalación que se evapora
hendiendo el aire en la región del cielo.
Desde entonces, tranquilo el rostro, viera
con risa a la ambición afanadora
levantar cada hora
mil torres en el viento,
y con soberbio intento
oponerse a la fuerza del Destino.
Tú la verás, ¡Oh Patria! confundida:
por querer en más precio ser tenida:
y ante las aras de tu altar divino,
doblando el cuello que soberbia alzara,
adorar la Igualdad que despreciara.


NOTAS

I. Algunas fábulas son, al mismo tiempo, sátiras; sobre todo aquellas que aluden a cuestiones judiciales, en las que era docto el fabulista, pues ejercía de procurador y picapleitos con grande y justa fama por su talento y prácticos conocimientos, tanto que generalmente se le llamaba Doctor.
II. La letrilla: 'To me confieso con la Santa Inquisición" parece aludir a la independencia de la Colonia .
III. El Canto a la independencia de Guatemala parece contemporáneo con la invasión francesa en España, el destierro de Fernando VII y la restauración de éste en el trono.
Y es de notar que García Goyena -canta a su patria adoptiva como propia, al decir:-" Inspira el fuego y las palabras dicta que inmortalicen a mi patria invicta. Por esto y otras razones quizá, ha sido este autor considerado guatemalteco.
Para más rápida comprensión, trasladamos a nuestro folklore algunos nombres del guatemalteco, empleados en estas fábulas:
Sánate.—Quiscalo, ave americana, algo parecida a nuestro garrapatero, o al tordo.
Clarinero.—El sánate macho, que es el que canta.
Elote.—Mazorca de maíz tierno.
Tabanco.—Apócope de sotabanco, desván.
Mecate.—Piola, soga, cuerda, generalmente la de cabuya.
Armado. —Armadillo.
Musgaño.—Roedor parecido al ratón.
Sompopos.—Una especie de hormigas.
Zopilote.—Aura, ave de rapiña, como nuestro gallinazo.
Picaza. —Urraca.
Realejo. —Ave.
Chutóte.— id.
Otelote.— Felino semejante al gato montés o nuestro tigrillo.
Coyote.—Lobo de México.
Babirusa.—Cerdo montes, como nuestro puerco saíno.
Pizote. —Tejón.
Tepeizcuinte. —Roedor.

24 de Mayo

Brilla el sol en el Pichincha /donde Sucre y Calderón/vencieron con mucha pericia /al blanco y fiero español...

Antonio José de Sucre

El 3 de Febrero de 1795, en Cumaná, la familia Sucre-Alcalá, es favorecida con el nacimiento de su quinto hijo ....

Encuentro de dos Mundos

"...yo hallé muy muchas islas pobladas con gente sin número; y de ellas todas he tomado posesión por Sus Altezas con pregón y bandera real extendida, y no me fue contradicho." ...